07 Junio 2010 Seguir en 
En el amplio y sabio refranero popular, una expresión frecuente es aquella que dice que una golondrina no hace verano. Ello suele sucede a menudo con muchas propuestas o acciones que son viables, pero necesitan complementarse con otras para ser efectivas. Si ello no ocurre, quedan a medio camino.
El 11 de mayo de 2007, la Provincia lanzó controles sobre los niveles de alcoholemia en los conductores. Las sanciones pecuniarias oscilaban entre los $ 600 y los $ 1.200. En ese momento, se indicó que en Tucumán, el 70 % de los accidentes de tránsito que provocaron víctimas mortales habían sido producidos por conductores alcoholizados. La acertada medida trajo pronto resultados positivos.
Según divulgó el ministro de Seguridad Ciudadana, a lo largo de tres años, se labraron en San Miguel de Tucumán más de 5.000 actas de infracción por conducir alcoholizado. El viernes, se lanzó en Concepción el Programa de Control de Alcoholemia en el Tránsito Vehicular. Esa ciudad se convirtió en la primera del interior en adoptar esta metodología de control.
Las estadísticas de junio pasado indicaban que cada fin de semana, en los controles de alcoholemia, personal de Transporte de la provincia secuestraba alrededor de siete carnets, debido a que los conductores manejaban con más de 0,5 gramo de alcohol en sangre, que es el límite permitido por la ley. Lo que más alarma a las autoridades en ese entonces era que el 75 % de los infractores tenían entre 17 y 21 años; y la mayoría (53%) conducía motocicletas. También llamaba la atención el alto nivel de reincidencia de los menores: el 30 % de los que habían sido sorprendidos manejando alcoholizados ya había perdido su carnet en otra ocasión por el mismo motivo.
Como se sabe, el consumo de bebidas alcohólicas provoca la disminución del campo visual; perturba el sentido del equilibrio; los movimientos se hacen menos precisos; disminuye la resistencia física; aumenta la fatiga; se dificulta la acomodación de la vista a los cambios de luz; se calcula mal la distancia; disminuyen los reflejos y aumenta el tiempo de reacción. El alcohol produce también efectos psicológicos que hacen que, cuando se conduce, no sólo no se sea consciente de la disminución de las facultades sino que se sienta todo lo contrario. Hay sentimiento de invulnerabilidad; se subestima el riesgo; se tienen sentimientos de impaciencia y agresividad, y disminuye la capacidad de atención.
El ministro dijo que el sistema de control sigue siendo resistido por los conductores que se niegan, en muchos casos, a someterse a los controles, y generan incidentes. El funcionario aseveró que tiene muchas dificultades en lograr una mejora en el control de tránsito en los municipios del interior. "Las invitaciones para este programa fueron hechas a todas las municipalidades. Sin embargo, hasta ahora sólo dos tienen la posibilidad de implementarlo: la capital y Concepción. Es decir que hay 17 municipios no están haciendo controles; ni hablar de las comunas rurales", dijo. Señaló también que sería positivo que todos los municipios instrumentaran el control de alcoholemia, que tiene que ver con la seguridad vial.
Han transcurrido tres años de la puesta en marcha de estos controles, y sólo hace pocos días se adhirió Concepción, quedando aún en mora 17 municipios. Esta realidad muestra la pone la ineficacia de un programa que se aplica en un lugar -ahora en dos- de la provincia y en el resto no. ¿Cómo se puede crear conciencia en la ciudadanía entonces sobre la necesidad de proteger la vida propia y la del prójimo? Si bien los municipios son en teoría autónomos, los intendentes deberían tomar conciencia y adherir a este programa que beneficia a toda la ciudadanía. De ese modo, las buenas iniciativas serán totalmente efectivas.
El 11 de mayo de 2007, la Provincia lanzó controles sobre los niveles de alcoholemia en los conductores. Las sanciones pecuniarias oscilaban entre los $ 600 y los $ 1.200. En ese momento, se indicó que en Tucumán, el 70 % de los accidentes de tránsito que provocaron víctimas mortales habían sido producidos por conductores alcoholizados. La acertada medida trajo pronto resultados positivos.
Según divulgó el ministro de Seguridad Ciudadana, a lo largo de tres años, se labraron en San Miguel de Tucumán más de 5.000 actas de infracción por conducir alcoholizado. El viernes, se lanzó en Concepción el Programa de Control de Alcoholemia en el Tránsito Vehicular. Esa ciudad se convirtió en la primera del interior en adoptar esta metodología de control.
Las estadísticas de junio pasado indicaban que cada fin de semana, en los controles de alcoholemia, personal de Transporte de la provincia secuestraba alrededor de siete carnets, debido a que los conductores manejaban con más de 0,5 gramo de alcohol en sangre, que es el límite permitido por la ley. Lo que más alarma a las autoridades en ese entonces era que el 75 % de los infractores tenían entre 17 y 21 años; y la mayoría (53%) conducía motocicletas. También llamaba la atención el alto nivel de reincidencia de los menores: el 30 % de los que habían sido sorprendidos manejando alcoholizados ya había perdido su carnet en otra ocasión por el mismo motivo.
Como se sabe, el consumo de bebidas alcohólicas provoca la disminución del campo visual; perturba el sentido del equilibrio; los movimientos se hacen menos precisos; disminuye la resistencia física; aumenta la fatiga; se dificulta la acomodación de la vista a los cambios de luz; se calcula mal la distancia; disminuyen los reflejos y aumenta el tiempo de reacción. El alcohol produce también efectos psicológicos que hacen que, cuando se conduce, no sólo no se sea consciente de la disminución de las facultades sino que se sienta todo lo contrario. Hay sentimiento de invulnerabilidad; se subestima el riesgo; se tienen sentimientos de impaciencia y agresividad, y disminuye la capacidad de atención.
El ministro dijo que el sistema de control sigue siendo resistido por los conductores que se niegan, en muchos casos, a someterse a los controles, y generan incidentes. El funcionario aseveró que tiene muchas dificultades en lograr una mejora en el control de tránsito en los municipios del interior. "Las invitaciones para este programa fueron hechas a todas las municipalidades. Sin embargo, hasta ahora sólo dos tienen la posibilidad de implementarlo: la capital y Concepción. Es decir que hay 17 municipios no están haciendo controles; ni hablar de las comunas rurales", dijo. Señaló también que sería positivo que todos los municipios instrumentaran el control de alcoholemia, que tiene que ver con la seguridad vial.
Han transcurrido tres años de la puesta en marcha de estos controles, y sólo hace pocos días se adhirió Concepción, quedando aún en mora 17 municipios. Esta realidad muestra la pone la ineficacia de un programa que se aplica en un lugar -ahora en dos- de la provincia y en el resto no. ¿Cómo se puede crear conciencia en la ciudadanía entonces sobre la necesidad de proteger la vida propia y la del prójimo? Si bien los municipios son en teoría autónomos, los intendentes deberían tomar conciencia y adherir a este programa que beneficia a toda la ciudadanía. De ese modo, las buenas iniciativas serán totalmente efectivas.







