Abella asegura que él no se fugó, ya que no estaba preso

Por el caso siguen declarando varios testigos. El acusado dijo que los policías no le comunicaron su detención.

EN PROBLEMAS. José Abella se entregó el miércoles en Tribunales.
EN PROBLEMAS. José Abella se entregó el miércoles en Tribunales.
25 Abril 2003
José Martín Abella, el joven de 24 años que está acusado por su presunta participación en el asalto que sufrió su propia tía, el 21 de marzo pasado, en Lules, volvió a declarar ayer en Tribunales. Pero esta vez lo hizo por la fuga que, según la Justicia, protagonizó el sábado pasado, desde la puerta de la comisaría de Famaillá.
Abella, junto a su abogado Washington Navarro Dávila, se presentó ante al secretario de la Fiscalía VI, Carlos López, quien investiga justamente la fuga. El asalto en sí está siendo investigado por la Fiscalía V. Sin embargo, tal cual explicó a LA GACETA el padre de Abella, Dante, no se trató de una fuga, ya que él no estaba detenido. Abella (h) asegura que él se presentó en la comisaría de Lules, donde estaba radicada la denuncia del asalto, al enterarse de que estaban por implicarlo en el hecho.
Dijo que allí fue atendido por los policías, quienes en ningún momento le dijeron que debían arrestarlo.
También explicó que los oficiales le comunicaron que debían llevarlo a Famaillá, pero no le informaron nada más. "Un amigo mío -dijo- me siguió en el auto. Cuando llegamos a Famaillá volví a preguntar si estaba detenido y, como me dijeron que no, me bajé del patrullero, me subí al auto de mi amigo y nos fuimos". El auto era un Chrysler Stratus que aún no fue ubicado.
Abella continuará detenido. Su padre le dijo ayer a LA GACETA que el caso se precipitó a raíz de una diferencia por tierras que él tiene con su cuñada, Betty Soria de Abella, la víctima del atraco. "Está todo armado", reafirmó, y aseguró que su hijo era un chivo expiatorio, al tiempo que afirmó que la Justicia sería la encargada de declarar su inocencia.
Por el caso están detenidos cinco hombres, además de los tres policías que llevaron a Abella de Lules a Famaillá. Si bien la familia asaltada no acusó directamente a Abella, afirmó que los delincuentes conocían perfectamente todos los movimientos de la casa, y que el entregador debía ser alguien cercano.

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