05 Junio 2010 Seguir en 
En septiembre pasado llegaron a Tucumán cinco unidades móviles equipadas con radares que detectan las infracciones de tránsito e integraban la "Patrulla Naranja", de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV). Efectuaron controles viales en la autopista Tucumán-Famaillá y en el acceso norte, y comprobaron la vocación transgresora de los tucumanos. Se trataba de una prueba piloto, teniendo en cuenta que nuestra provincia iba a adherirse al plan nacional de radarización para controlar los excesos de velocidad en los sitios más peligrosos.
Hace pocos días los móviles regresaron y se apostaron nuevamente en la autopista Tucumán-Famaillá y en la ruta Nº 9, a la altura de Los Nogales. Los agentes estaban sorprendidos por la inconducta al volante de los comprovincianos. Vieron pasajeros sin cinturón de seguridad, conductores que hablaban por el celular o enviaban mensajes de texto y mates que pasaban de mano en mano. Sólo algunos camiones llevaban las luces de posición encendidas y casi ningún auto lo hacía. Para adelantarse a otro vehículo, fueron muy pocos los casos en que se observó el uso del guiño. Varios infractores superaron el límite de 110 km/h establecido para las autopistas. Como el año pasado, ninguno de ellos fue sancionado, pero en el futuro se labrarán multas.
El procedimiento consiste en que a 300 metros del radar se indica la velocidad máxima permitida, lo mismo a 150 metros. Luego una leyenda dice: "Radar Vigila". El radar es disparado por un agente cuando pasa un auto y la información se transmite al puesto de control ubicado unos kilómetros más adelante. Si hubo exceso de velocidad, un agente detiene al conductor, le enseña en una pantalla la imagen de la infracción y le imprime una multa.
El sistema despertó la reacción de algunos automovilistas. No es la primera vez que en Tucumán se emplean radares para controlar el exceso de velocidad. Como se recordará, estos comenzaron a funcionar en julio de 1998 en la avenida Aconquija, de Yerba Buena. En un principio fueron muy resistidos porque los infractores no estaban acostumbrados a que los multaran. En marzo de 2000, las autoridades de ese municipio indicaron que se en 1998 se habían labrado alrededor de 800 multas diarias, cifra que había descendido a 70 diarias durante el 2000. El sistema se aplicó en varias oportunidades en la avenida Mate de Luna de nuestra ciudad, con resultados dispares, como consecuencia de la inconstancia de los operativos.
En 1999, se produjo una fuerte controversia porque tres municipios habían decidido aplicarlos en la ruta nacional 38, hecho considerado violatorio de la Ley Nacional de Transporte. Se produjeron acciones legales por parte de algunos damnificados, que tardaron muchos años hasta que la Justicia se expidió. En un nuevo arranque de preocupación por el alto índice de infracciones de tránsito, los radares regresaron a la Mate de Luna en enero de 2008, pero el entusiasmo duró poco y desaparecieron silenciosamente.
Para evitar problemas la ANSV legalizó el uso de los radares en controles rutinarios, estableció que estos deben ser homologados por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y provistos por la ANSV para evitar negociados con firmas que se dedican al rubro.
Todo mecanismo que sirva para evitar lesionados y muertes en materia vial es siempre bienvenido. En este caso, si la aplicación del control con radares se desvirtuó como ya sucedió en nuestra provincia y persigue sólo fines recaudatorios por parte de los municipios, posiblemente el final sea el mismo que las experiencias anteriores. Creemos que la sanción sin educación no logrará radicar la transgresión. A mayor educación, menor quebrantamiento de la ley.
Hace pocos días los móviles regresaron y se apostaron nuevamente en la autopista Tucumán-Famaillá y en la ruta Nº 9, a la altura de Los Nogales. Los agentes estaban sorprendidos por la inconducta al volante de los comprovincianos. Vieron pasajeros sin cinturón de seguridad, conductores que hablaban por el celular o enviaban mensajes de texto y mates que pasaban de mano en mano. Sólo algunos camiones llevaban las luces de posición encendidas y casi ningún auto lo hacía. Para adelantarse a otro vehículo, fueron muy pocos los casos en que se observó el uso del guiño. Varios infractores superaron el límite de 110 km/h establecido para las autopistas. Como el año pasado, ninguno de ellos fue sancionado, pero en el futuro se labrarán multas.
El procedimiento consiste en que a 300 metros del radar se indica la velocidad máxima permitida, lo mismo a 150 metros. Luego una leyenda dice: "Radar Vigila". El radar es disparado por un agente cuando pasa un auto y la información se transmite al puesto de control ubicado unos kilómetros más adelante. Si hubo exceso de velocidad, un agente detiene al conductor, le enseña en una pantalla la imagen de la infracción y le imprime una multa.
El sistema despertó la reacción de algunos automovilistas. No es la primera vez que en Tucumán se emplean radares para controlar el exceso de velocidad. Como se recordará, estos comenzaron a funcionar en julio de 1998 en la avenida Aconquija, de Yerba Buena. En un principio fueron muy resistidos porque los infractores no estaban acostumbrados a que los multaran. En marzo de 2000, las autoridades de ese municipio indicaron que se en 1998 se habían labrado alrededor de 800 multas diarias, cifra que había descendido a 70 diarias durante el 2000. El sistema se aplicó en varias oportunidades en la avenida Mate de Luna de nuestra ciudad, con resultados dispares, como consecuencia de la inconstancia de los operativos.
En 1999, se produjo una fuerte controversia porque tres municipios habían decidido aplicarlos en la ruta nacional 38, hecho considerado violatorio de la Ley Nacional de Transporte. Se produjeron acciones legales por parte de algunos damnificados, que tardaron muchos años hasta que la Justicia se expidió. En un nuevo arranque de preocupación por el alto índice de infracciones de tránsito, los radares regresaron a la Mate de Luna en enero de 2008, pero el entusiasmo duró poco y desaparecieron silenciosamente.
Para evitar problemas la ANSV legalizó el uso de los radares en controles rutinarios, estableció que estos deben ser homologados por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y provistos por la ANSV para evitar negociados con firmas que se dedican al rubro.
Todo mecanismo que sirva para evitar lesionados y muertes en materia vial es siempre bienvenido. En este caso, si la aplicación del control con radares se desvirtuó como ya sucedió en nuestra provincia y persigue sólo fines recaudatorios por parte de los municipios, posiblemente el final sea el mismo que las experiencias anteriores. Creemos que la sanción sin educación no logrará radicar la transgresión. A mayor educación, menor quebrantamiento de la ley.







