Nunca tan propicio el momento para la visita a Tucumán de Fernando Onetto, filósofo experto en Educación y coordinador Nacional de Convivencia Escolar para la Escuela Secundaria. Onetto llegó a la Provincia justo cuando LA GACETA daba cuenta de situaciones de violencia hacia docentes por parte de pandillas del barrio en una escuela de Villa 9 de Julio y de presencia de drogas, que la directora de la escuela se empeñó inicialmente en ocultar, pese a que la información fue ratificada por el Servicio Social Educativo del Ministerio de Educación y por el propio jefe de la comisaría zonal. Vamos por parte: es seguro que ese establecimiento no es el único -en Tucumán ni en el resto del país- que vive situaciones de violencia. También, es seguro que la mayoría de los directores de edad mediana no han sido capacitados(as) para manejar situaciones de alta violencia social que repercuten en el corazón de la institución. Ante ello, muchos (no todos) eligen el peor de los caminos: el de meter la basura debajo de la alfombra. En el caso de la Escuela Blas Parera - tal el nombre- no sólo la directora, sino también los padres de los alumnos quisieron mirar para otro lado; como desligándose de culpas por la vía más corta.
A partir de aquí, el copyright es de Onetto, que en Tucumán se reunió con directoras de escuelas secundarias para hablar, justamente, de lo que pasó en la escuela Blas Parera, y que podría no haber pasado.
"La violencia con armas en la escuela es un tema que la escuela, por sí sola, no puede resolver; claramente, la escuela tiene que ser un lugar sin armas; pero para esto necesitamos el apoyo de instituciones de seguridad, de salud, programas sociales. No puede recaer todo en la escuela, que no fue preparada para esto", afirmó el funcionario.
En la misma ronda surgió una pregunta del millón: cómo lograr la convivencia escolar, en estos tiempos violentos. Onetto vuelve a acercar pistas: 1) recuerda que la escuela debe ser para el chico un espacio "de reconocimiento, un lugar donde el adolescente quiera estar". Ya no la escuela como un depósito compulsivo, como el trámite necesario para seguir sosteniendo la asignación universal por hijo; 2) reconoce el visitante que, cuando se habla de "violencia en la escuela", no se trata de un problema "alumno - docente". "La familia tiene poca participación y debería tener mucha más; la escuela y la familia, en este momento, son dos instituciones en conflicto", advierte el experto, que en su paso por Tucumán transfirió herramientas para una mejor convivencia en la escuela. Entre ellas figuran no ya las clásicas reuniones de padres, sino la posibilidad de "fortalecer la red de familias entre sí para ayudar a sus hijos". Para eso, es necesario reconocer que el problema no sólo son los otros.
A partir de aquí, el copyright es de Onetto, que en Tucumán se reunió con directoras de escuelas secundarias para hablar, justamente, de lo que pasó en la escuela Blas Parera, y que podría no haber pasado.
"La violencia con armas en la escuela es un tema que la escuela, por sí sola, no puede resolver; claramente, la escuela tiene que ser un lugar sin armas; pero para esto necesitamos el apoyo de instituciones de seguridad, de salud, programas sociales. No puede recaer todo en la escuela, que no fue preparada para esto", afirmó el funcionario.
En la misma ronda surgió una pregunta del millón: cómo lograr la convivencia escolar, en estos tiempos violentos. Onetto vuelve a acercar pistas: 1) recuerda que la escuela debe ser para el chico un espacio "de reconocimiento, un lugar donde el adolescente quiera estar". Ya no la escuela como un depósito compulsivo, como el trámite necesario para seguir sosteniendo la asignación universal por hijo; 2) reconoce el visitante que, cuando se habla de "violencia en la escuela", no se trata de un problema "alumno - docente". "La familia tiene poca participación y debería tener mucha más; la escuela y la familia, en este momento, son dos instituciones en conflicto", advierte el experto, que en su paso por Tucumán transfirió herramientas para una mejor convivencia en la escuela. Entre ellas figuran no ya las clásicas reuniones de padres, sino la posibilidad de "fortalecer la red de familias entre sí para ayudar a sus hijos". Para eso, es necesario reconocer que el problema no sólo son los otros.







