02 Junio 2010 Seguir en 
Como una marca indeleble en la música argentina, GIT nunca se borró. El trío puede haber estado desarticulado durante muchos años, pero nunca en silencio. En los 80, esa batería que Willy Iturri hacía sonar como si fuera una lata de dulce de batata, pero afinada y con golpes secos, quedó como rasgo distintivo de algo nuevo y diferente. Incomprendidos por muchos, amados por otros; nunca inadvertidos. Es la misma línea que marcaron, con estilos propios, Alfredo Toth y Pablo Guyot, consagrados también como productores a partir de los 90 (Los Piojos, La Zimbabwe, Bersuit, Intoxicados, Karamelo Santo, Ratones Paranoicos y siguen las firmas).
Volvieron los tres como en el 92, y más allá de los gustos (que son sólo eso), la nostalgia está de fiesta. En estos casos, como ocurrió con Los Fabulosos Cadillacs, lo nuevo es un plus renovador que no llega a desequilibrar la marea de recuerdos que provoca el repiquetear del tacho.
Volvieron los tres como en el 92, y más allá de los gustos (que son sólo eso), la nostalgia está de fiesta. En estos casos, como ocurrió con Los Fabulosos Cadillacs, lo nuevo es un plus renovador que no llega a desequilibrar la marea de recuerdos que provoca el repiquetear del tacho.
NOTICIAS RELACIONADAS








