31 Mayo 2010 Seguir en 
No hacía falta conocer la dirección exacta para descubrir dónde se realizaba la final del segundo torneo provincial de tango. Bastaba con seguir a las impecables mujeres que, en una noche fría, se enfundaron en sensuales vestidos cortos. Ya en el interior, entre bailarines de todas las edades, no cabía duda de que la Casa Libanesa era la encargada de cobijar a los amantes del 2x4.
Mientras el público se acomodaba en las mesas que rodeaban la pista y pedían algo fuerte para calentar los ánimos, algunas parejas comenzaban a mover las piernas, en la pista o en los pasillos de la Casa Libanesa. Se vio desde algún adolescente engominado con zapatos recién lustrados hasta señoras con vestidos largos o polainas; quedó demostrado que la pasión por el tango no hace diferencia de edades ni de habilidades.
El certamen empezó con la categoría tango salón para mayores de 50 años. José, Julia, Ramón y Lila fueron los encargados de abrir el fuego. Quizás sus movimientos no fueron tan sofisticados, pero contagiaron ese romanticismo que caracteriza a los aficionados de la música ciudadana.
El torneo continuó con la milonga para menores de 50 años. Siete parejas, divididas en dos grupos, aceitaron el piso y exhibieron un baile más elaborado. Con vestidos más cortos y tacos más altos, las chicas apelaron a la sensualidad. Dejándose llevar por sus compañeros, con pasos ágiles y elegantes ensayaron coreografías veloces y alegres.
"Hay que sentirlo. Es magia lo que pasa en la pista", explicó a LA GACETA Luis Canseco, uno de los jurados, cuando se le preguntó qué ingrediente no puede faltar cuando se baila tango. Y según lo observado, los concursantes se atuvieron a la consigna.
Habilidad y corazón
Siguió el tango de salón. Las siete parejas se mantuvieron fieles al abrazo. Mientras los pies de los concursantes escribían, ágiles y coordinados, los garabatos con forma de 2x4; los gestos se mantenían serios, como queriendo disimular que se necesita del roce de los rostros para mantenerse en movimiento. Fueron muy aplaudidos.
"El tango salón lo bailan chicos de academias. Se respeta la reglamentación, no romper el abrazo. Ellos pueden hacer cualquier figura siempre y cuando se mantengan unidos", apuntó Angel Beltrán, profesor de tango, más adentrada la noche. Beltrán realizó una muestra con Martita Ayub: respetaron la consigna y dieron un excelente ejemplo de seducción y coordinación.
Así fue transcurriendo la noche. Bailes ajustados y expresiones más bien serias en la pista se distendían al finalizar los tangazos con abrazos y aplausos del público y los amigos.
Y llegó el turno del tango de escenario. Sólo una pareja de jóvenes se atrevió a concursar en este complejo baile. Antonieta y Hugo coparon la pista con piruetas y piernas que iban y volvían en idénticas dosis de habilidad y corazón. Ambos se ganaron merecidos y eufóricos aplausos, sólo superados cuando fue el turno de la demostración de los profesores y jurados, Julio Maidan y Claudia Fernández. Ellos apelan a un tango más actuado y sensual para deslumbrar al público. A esa altura el concurso ya había terminado y era hora de disfrutar una larga noche de milonga.
Es que el espíritu tanguero pervivió más allá del torneo. Muestras de baile por parte del jurado, interpretaciones en vivo y el ruido de los zapatos deslizándose por la pista le dieron un toque melancólico y sensual a la jornada, que se prolongó hasta pasadas las 4. Siempre al ritmo de un abrazo que nadie parecía dispuesto a soltar.
Mientras el público se acomodaba en las mesas que rodeaban la pista y pedían algo fuerte para calentar los ánimos, algunas parejas comenzaban a mover las piernas, en la pista o en los pasillos de la Casa Libanesa. Se vio desde algún adolescente engominado con zapatos recién lustrados hasta señoras con vestidos largos o polainas; quedó demostrado que la pasión por el tango no hace diferencia de edades ni de habilidades.
El certamen empezó con la categoría tango salón para mayores de 50 años. José, Julia, Ramón y Lila fueron los encargados de abrir el fuego. Quizás sus movimientos no fueron tan sofisticados, pero contagiaron ese romanticismo que caracteriza a los aficionados de la música ciudadana.
El torneo continuó con la milonga para menores de 50 años. Siete parejas, divididas en dos grupos, aceitaron el piso y exhibieron un baile más elaborado. Con vestidos más cortos y tacos más altos, las chicas apelaron a la sensualidad. Dejándose llevar por sus compañeros, con pasos ágiles y elegantes ensayaron coreografías veloces y alegres.
"Hay que sentirlo. Es magia lo que pasa en la pista", explicó a LA GACETA Luis Canseco, uno de los jurados, cuando se le preguntó qué ingrediente no puede faltar cuando se baila tango. Y según lo observado, los concursantes se atuvieron a la consigna.
Habilidad y corazón
Siguió el tango de salón. Las siete parejas se mantuvieron fieles al abrazo. Mientras los pies de los concursantes escribían, ágiles y coordinados, los garabatos con forma de 2x4; los gestos se mantenían serios, como queriendo disimular que se necesita del roce de los rostros para mantenerse en movimiento. Fueron muy aplaudidos.
"El tango salón lo bailan chicos de academias. Se respeta la reglamentación, no romper el abrazo. Ellos pueden hacer cualquier figura siempre y cuando se mantengan unidos", apuntó Angel Beltrán, profesor de tango, más adentrada la noche. Beltrán realizó una muestra con Martita Ayub: respetaron la consigna y dieron un excelente ejemplo de seducción y coordinación.
Así fue transcurriendo la noche. Bailes ajustados y expresiones más bien serias en la pista se distendían al finalizar los tangazos con abrazos y aplausos del público y los amigos.
Y llegó el turno del tango de escenario. Sólo una pareja de jóvenes se atrevió a concursar en este complejo baile. Antonieta y Hugo coparon la pista con piruetas y piernas que iban y volvían en idénticas dosis de habilidad y corazón. Ambos se ganaron merecidos y eufóricos aplausos, sólo superados cuando fue el turno de la demostración de los profesores y jurados, Julio Maidan y Claudia Fernández. Ellos apelan a un tango más actuado y sensual para deslumbrar al público. A esa altura el concurso ya había terminado y era hora de disfrutar una larga noche de milonga.
Es que el espíritu tanguero pervivió más allá del torneo. Muestras de baile por parte del jurado, interpretaciones en vivo y el ruido de los zapatos deslizándose por la pista le dieron un toque melancólico y sensual a la jornada, que se prolongó hasta pasadas las 4. Siempre al ritmo de un abrazo que nadie parecía dispuesto a soltar.
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