Yo no vi el gol de Maradona a Inglaterra en México

UNA OBRA DE ARTE. Diego culmina con una definición exquisita la legendaria jugada en el estadio Azteca.
UNA OBRA DE ARTE. Diego culmina con una definición exquisita la legendaria jugada en el estadio Azteca.
28 Mayo 2010
En la década del 80 nos habíamos asociado con Carlos Olivera para armar una cooperativa: el Teatro del Centro. En realidad, era un emprendimiento que llevaba adelante Carlos, con enorme creatividad, y yo lo secundaba con entusiasmo. Trabajábamos en la sala de la Biblioteca Alberdi, y habíamos enhebrado algunos aciertos desde el punto de vista de la convocatoria de público, como "La fiaca" o "Trampa para un hombre solo", con resbalones como "Hay que apagar el fuego". Paralelamente, habíamos acertado con un par de obras para chicos, una de ellas bajo la dirección de Alberto Díaz. En el verano de 1986 decidí pulir un par de ideas que se me habían ocurrido y emprendí la tarea de ensamblarlas en una pieza infantil; la titulé "Puro cuento" y se la di a leer a Olivera, quien inmediatamente me impulsó a dirigirla. Con escasa noción de mis propias limitaciones, le hice caso y me apoyé en el profesionalismo del elenco para lograr el objetivo. Estrenamos en el invierno, muy poco antes del comienzo del... Campeonato Mundial de fútbol de México.

En la tarde del domingo 22 de junio teníamos prevista nuestra habitual función. Sabíamos que a la misma hora el seleccionado argentino iba a enfrentar a Inglaterra por los cuartos de final, pero pensamos (absurdamente) que tal vez habría gente poco interesada en el fútbol y quisimos ofrecerles la posibilidad de llevar a sus chicos a ver nuestra obra. Los actores llegaron puntualmente, abrimos la sala y nos preparamos para realizar la función. Nunca llegó nadie. Ni un espectador.

En todos los televisores del país, Maradona hizo el gol con la mano de Dios y, tres minutos después, dejó en el camino a Beardsley y a Reid, siguió corriendo, eludió a Butcher y a Fenwick, burló al arquero Shilton, mandó la pelota a la red y se convirtió en leyenda. Yo no lo vi.

Después si. Miles de veces. Con la voz de Víctor Hugo, que grita "barrilete cósmico". Primero en las repeticiones por televisión y después, cada vez que se me antojaba, por medio de internet, en YouTube. Pero aquel domingo, bajo una tenue llovizna en la capital tucumana, mientras a Diego, iluminado por el sol vertical de la siesta mexicana, le bastaban cuatro minutos del partido para entrar definitivamente en la historia del fútbol mundial, yo estuve encerrado en un teatro esperando vanamente. Y al final no vi ni los goles ni a los espectadores.

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