Destinos comunes

La celebración del Bicentenario de 1810 está teñida por el sectarismo del kirchnerismo. El ex presidente bendecirá a Alperovich, como lo hizo en 2007, cuando inauguró 22 kilómetros de la aún inconclusa traza de la 38

Por Abrehu Carlos 23 Mayo 2010
El festejo del Bicentenario de la Revolución de Mayo nació herido por una politización sectaria. La exclusión de los ex presidentes que gobernaron la Argentina después de Raúl Alfonsín de los principales actos celebratorios -entre ellos la cena de gala del martes en la Casa Rosada-, trasunta la intención de negar un pedazo de la historia argentina con sus claroscuros. Sólo vale lo que se hizo desde 2003 en adelante, cuando arribó Néstor Kirchner al comando del aparato estatal.

Es la tendencia a identificar la reconstrucción del país con la dirigencia inquilina de la Casa Rosada. De ese modo, se quiebra la idea de continuidad institucional, independientemente de las simpatías y antipatías que hubiere con las administraciones electas por el voto popular. La trama excede el tránsito de un partido a otro. Barack Obama, en Estados Unidos, no trepida en posar junto con sus antecesores George y George W Bush (republicanos), James Carter y Bill Clinton (demócratas). Es la contracara de la Argentina de hoy.

La lógica del poder está regida por las fobias, como lo acredita la eliminación del vicepresidente Julio César Cleto Cobos de cualquier agenda referida al Bicentenario. El voto adverso a la Resolución 125 y el posicionamiento posterior de Cobos ahondaron las brechas políticas. La amplitud institucional, sin embargo, debió prevalecer sobre cualquier concepto. La carencia de esta premisa en la práctica política deteriora la calidad republicana de la nación.

Sin sorpresas

El faltazo de la Presidenta al desfile militar de ayer causó extrañeza, debido a su condición de comandante de las Fuerzas Armadas en un nuevo ciclo democrático. En rigor, el episodio revestía otra significación por la jerarquía histórica del Bicentenario.

La negativa de Cristina Fernández a concurrir a la reapertura del teatro Colón, confirma la intolerancia oficial frente a la crítica de quienes disienten con el poder.

A Mauricio Macri, el desaire lo puso en el centro del ring. Quedó en el papel de víctima de la intransigencia kirchnerista. Pero también descubre su fragilidad política y su limitada destreza para enfrentar un problema de escuchas ilegales gestado en las entrañas de la administración de la Ciudad de Buenos Aires. El escándalo empañó lo que pintaba como un acontecimiento excepcional en la vida cultural.

Al entorno de Macri no le sorprendió en absoluto lo que le está pasando a su conductor. Pablo Walter, organizador de la campaña presidencial del PRO para el Noroeste, ya les adelantó a los potenciales socios del jefe de Gobierno porteño, que los Kirchner lo quieren desgastar sin reparar en medios, entre ellos los judiciales. Lo ven como una opción de la centroderecha para 2011.

Coincidencias de larga data

Kirchner, gestor del estilo beligerante en la política, llegará el jueves a Tucumán, casi tres años después de su última visita. Ahora viene para afianzar el armado pejotista que sustente su proyecto electoral para 2011. El 7 de agosto de 2007 aterrizó en Famaillá para predicar las bondades de la reelección de José Alperovich. Entonces inauguró 22 kilómetros de la nueva traza de la ruta 38 entre esa ciudad y Monteros. Extraño destino de esa vía de 95 kilómetros, que tardará siete años en estar concluida -empezó a construirse en 2004-. La morosidad con que se ejecuta el proyecto, contrasta con la celeridad de concreción que caracteriza a los emprendimientos viales de Santa Cruz.

Kirchner reconocerá públicamente la lealtad de Alperovich al proyecto iniciado el 25 de Mayo de 2003. La senadora Beatriz Rojkés jugó un papel clave en la recuperación de un espacio en la Comisión Bicameral de control de los decretos de necesidad y urgencia, reforzando la estrategia oficialista. Kirchner le levantará la mano como en 2007, pero mirando hacia 2011.

En Casa de Gobierno pretenden desvincular el gesto de Kirchner de una hipotética proclamación anticipada de Alperovich como número dos de la fórmula presidencial. El jefe del PJ viene de avalar al chaqueño Jorge Capitanich en su territorio, donde también reunió a la conducción oficial. No obstante, el columnista Roberto García, en la edición de ayer de Perfil, insiste en que Alperovich secundará a Kirchner el año próximo. A Daniel Scioli le asigna la misión de retener la gobernación de Buenos Aires ante la ofensiva de Francisco De Narváez.

Otros escenarios

La re-reelección es la variable que teóricamente más controla la Casa de Gobierno. En las esferas oficiales dan por descontado que no habrá impedimentos constitucionales para el tercer período de Alperovich. Descreen de las malas noticias. Están a la espera de movimientos en la judicatura a causa del convenio que garantiza el 82% móvil del haber jubilatorio.

Las cavilaciones se focalizan en los probables retiros de los jueces de la Corte, Alberto Brito y Antonio Gandur (próximo a cumplir 76 años), quienes dejarían vacantes para colocar nuevas figuras. De suceder esto se alteraría el equilibrio interno de la Corte, perspectiva que suscita emociones y actitudes encontradas adentro y afuera del tribunal cimero. Las suposiciones más arriesgadas conjeturan que habrá una invasión de jueces cercanos al Gobierno. Por ahora, todo es teoría.

Del lado político no se visualiza la emergencia de una oposición organizada y consistente contra el plan continuista del alperovichismo. Las dos vertientes del peronismo disidente aún permanecen en estado embrionario y rivalizan subterráneamente entre sí. La maquinaria pejotista sigue de cerca su evolución.

Debates preelectorales

La UCR no termina de arrancar en Tucumán y de sus contradicciones políticas saca provecho Fuerza Republicana, de la mano de Ricardo Bussi. Alperovich, contento. El senador José Cano les previno a sus compañeros de partido que no oficiará de locomotora para la elección de algunos legisladores, concejales y comisionados comunales.

Se discute en el radicalismo sobre si debe mantener o no una política aliancista. Pareciera predominante la idea de reforzar el Acuerdo Cívico, que aglutinó a una franja multipartidaria de la oposición en los comicios de 2009. Los resultados de entonces les dan la razón a quienes abogan por una confluencia de simpatías y cuadros políticos para enfrentar a un oficialismo que no da tregua.

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