19 Abril 2003 Seguir en 
"A mí casi no me pegaron porque deben haber venido mandados por alguien que me conoce. Pero al chico este le pegaron mucho, se ensañaron con él", dijo Yolanda Tórtola, de 69 años, al contar el ataque que sufrió ayer a la madrugada en su casa de Coronel Zelaya 801, en el barrio Floresta. Los ladrones se llevaron hasta un pajarito que la víctima tenía en una jaula.
La mujer vive con Juan Gaitán, de 53 años, quien fue criado por ella. "Me pegaron con un fierro en la cabeza varias veces, me ataron las manos a la espalda y los pies, me pusieron una toalla en la boca y me patearon en el piso", contó el hombre.
Los delincuentes entraron saltando la tapia que da a la calle Rondeau, subieron a la terraza y bajaron al patio de la vivienda. "Escuché que los perros los atropellaron, pero no sé qué pasó y de repente se callaron. Después cortaron la cadena de la puerta que da al fondo y entraron", dijo la mujer. Una de las puertas de la habitación de Tórtola fue destrozada a patadas.
La venta de un auto
"Me pegaron un solo golpe, con un destornillador en la cabeza, y empezaron a revolver todo mientras yo les decía ?no me pegue, m?ijito, no tengo plata," añadió.
Pero los delincuentes estaban muy bien informados, y sabían que ella había vendido un viejo auto -que tenía en desuso- a $ 600. "Era para pagar la luz y el gas, pero nadie sabía que lo vendí el lunes pasado", explicó. Preguntando por el dinero, que finalmente encontraron, fue que golpearon salvajemente a Gaitán.
Los ladrones se llevaron unos $ 700, algunas joyas, ropa de cuero, un tapado de piel y un horno de microondas. Lo que más le duele es que se hayan llevado el reloj de oro y los anillos de su marido, quien falleció hace seis meses. Cuando detallaba esas cosas, Tórtola rompió en llanto y por un buen rato nadie pudo consolarla.
"Son tan pichis estos choros que se llevaron hasta el cardenal que estaba en la jaula", dijo Tórtola, que tiene un pequeño negocio en el que vende pan para poder subsistir.
Tórtola está segura de que fue una "entregada". "Me conocían, sabían por dónde entrar, dónde estaban las cosas y todo. Después abrieron el portón que está del otro lado de la casa y se fueron caminando, como si nada", dijo.
Dos de los delincuentes, agregó, actuaron a cara descubierta y el tercero usaba una capucha. "Seguro que a ese lo conozco y por eso se tapaba", conjeturó.
Ninguno tenía armas, pero le robaron a la mujer un revólver calibre 38, con el que la amenazaron.
Hay mucho temor en el barrio O?Connor
Los vecinos del barrio O?Connor están buscando la forma de combatir la ola de inseguridad que los azota. Esta semana se reunieron con autoridades policiales, y en varias oportunidades discutieron entre ellos las posibles soluciones a su problema.
Hay quienes proponen contratar vigilancia privada, y quienes piensan en la posibilidad de cerrar el barrio. Esta última alternativa, sin embargo, es muy complicada por cuestiones legales.
Muchos vecinos sufrieron asaltos y robos en sus casas y en las calles, a pesar de que la comisaría 12ª está a una cuadra del barrio.
La intranquilidad se reinstaló cuando, el lunes pasado, una familia fue violentamente asaltada en Colombia al 4.000. Los cuatro habitantes de la vivienda fueron maniatados con precintos como los que usa la Policía Federal en lugar de las tradicionales esposas, lo que hace temer a la Policía tucumana que esté actuando en la provincia gente de otros lugares del país.
La mujer vive con Juan Gaitán, de 53 años, quien fue criado por ella. "Me pegaron con un fierro en la cabeza varias veces, me ataron las manos a la espalda y los pies, me pusieron una toalla en la boca y me patearon en el piso", contó el hombre.
Los delincuentes entraron saltando la tapia que da a la calle Rondeau, subieron a la terraza y bajaron al patio de la vivienda. "Escuché que los perros los atropellaron, pero no sé qué pasó y de repente se callaron. Después cortaron la cadena de la puerta que da al fondo y entraron", dijo la mujer. Una de las puertas de la habitación de Tórtola fue destrozada a patadas.
La venta de un auto
"Me pegaron un solo golpe, con un destornillador en la cabeza, y empezaron a revolver todo mientras yo les decía ?no me pegue, m?ijito, no tengo plata," añadió.
Pero los delincuentes estaban muy bien informados, y sabían que ella había vendido un viejo auto -que tenía en desuso- a $ 600. "Era para pagar la luz y el gas, pero nadie sabía que lo vendí el lunes pasado", explicó. Preguntando por el dinero, que finalmente encontraron, fue que golpearon salvajemente a Gaitán.
Los ladrones se llevaron unos $ 700, algunas joyas, ropa de cuero, un tapado de piel y un horno de microondas. Lo que más le duele es que se hayan llevado el reloj de oro y los anillos de su marido, quien falleció hace seis meses. Cuando detallaba esas cosas, Tórtola rompió en llanto y por un buen rato nadie pudo consolarla.
"Son tan pichis estos choros que se llevaron hasta el cardenal que estaba en la jaula", dijo Tórtola, que tiene un pequeño negocio en el que vende pan para poder subsistir.
Tórtola está segura de que fue una "entregada". "Me conocían, sabían por dónde entrar, dónde estaban las cosas y todo. Después abrieron el portón que está del otro lado de la casa y se fueron caminando, como si nada", dijo.
Dos de los delincuentes, agregó, actuaron a cara descubierta y el tercero usaba una capucha. "Seguro que a ese lo conozco y por eso se tapaba", conjeturó.
Ninguno tenía armas, pero le robaron a la mujer un revólver calibre 38, con el que la amenazaron.
Hay mucho temor en el barrio O?Connor
Los vecinos del barrio O?Connor están buscando la forma de combatir la ola de inseguridad que los azota. Esta semana se reunieron con autoridades policiales, y en varias oportunidades discutieron entre ellos las posibles soluciones a su problema.
Hay quienes proponen contratar vigilancia privada, y quienes piensan en la posibilidad de cerrar el barrio. Esta última alternativa, sin embargo, es muy complicada por cuestiones legales.
Muchos vecinos sufrieron asaltos y robos en sus casas y en las calles, a pesar de que la comisaría 12ª está a una cuadra del barrio.
La intranquilidad se reinstaló cuando, el lunes pasado, una familia fue violentamente asaltada en Colombia al 4.000. Los cuatro habitantes de la vivienda fueron maniatados con precintos como los que usa la Policía Federal en lugar de las tradicionales esposas, lo que hace temer a la Policía tucumana que esté actuando en la provincia gente de otros lugares del país.
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