05 Abril 2010 Seguir en 
Por Jorge Pailhe - Telam
Charly García ofreció en el Luna Park un show vibrante, crudo y por momentos visceral. Así cerró sus presentaciones en coliseo porteño, ante un público devocional que iba de los 15 a los 60 años.
Después de la ya mítica presentación en la lluviosa noche de Vélez del 23 de octubre último -el punto más alto de una gira latinoamericana en la que apareció el "nuevo" García post-desintoxicación- el tecladista se propuso ofrecer estos tres shows en un lugar más reducido, y en el que se pudieron apreciar algunas creaciones visuales que no se pusieron en práctica en Liniers debido a la tormenta.
A lo largo de casi 30 canciones, García ocupó el escenario durante más de dos horas y media. Disfrutó e hizo disfrutar a su público de un repertorio en el que abundaron los temas fuertes, rítimicos, ejecutados a partir de un sonido intencionalmente grave, que en algunos casos no ayudó al lucimiento de su voz -Charly nunca fue un gran cantante pero actualmente está entonando mucho mejor que años atrás- pero que sí contribuyó a crear un clima vibrante.
Este sobreviviente de sus propios excesos que goza del bien ganado privilegio de ser el mejor cantautor de rock nacional de todos los tiempos puede ofrecer un show con no menos de 20 hits, mientras por lo menos un número similar queda afuera del repertorio.
Charly inició estos conciertos en el Luna con "Demoliendo hoteles", y los terminó -más allá de los "bises sobre los bises"- con "No toquen". Es un mensaje claro de ruptura, de búsqueda, mientras en el medio aparecieron algunas viejas canciones que no acostumbraba tocar en vivo, como "Llorando en el espejo", en la que se lució como director de orquesta.
Otras joyas del pasado: "Mister Jones o familia tipo americana", en la que intervino como invitado Juanse, "Canción para mi muerte" en el final, solo al piano y con todo el estadio cantando y "Eiti Leda". En "Inconsciente colectivo" subió al escenario Fabiana Cantilo.
Como siempre, la performance de Charly, que para esta ocasión se dedicó sólo al piano de cola y en ningún momento tocó guitarras o teclados electrónicos, contó con el apoyo sin fisuras de Hilda Lizarazu en voz y coros, Fabián Von Quintiero en teclados, Carlos García López en guitarra y el trío ya histórico que integran los chilenos Antonio Silva (batería), Kiuge Hayashida (guitarra) y Carlos González Vázquez (bajo).
Charly García ofreció en el Luna Park un show vibrante, crudo y por momentos visceral. Así cerró sus presentaciones en coliseo porteño, ante un público devocional que iba de los 15 a los 60 años.
Después de la ya mítica presentación en la lluviosa noche de Vélez del 23 de octubre último -el punto más alto de una gira latinoamericana en la que apareció el "nuevo" García post-desintoxicación- el tecladista se propuso ofrecer estos tres shows en un lugar más reducido, y en el que se pudieron apreciar algunas creaciones visuales que no se pusieron en práctica en Liniers debido a la tormenta.
A lo largo de casi 30 canciones, García ocupó el escenario durante más de dos horas y media. Disfrutó e hizo disfrutar a su público de un repertorio en el que abundaron los temas fuertes, rítimicos, ejecutados a partir de un sonido intencionalmente grave, que en algunos casos no ayudó al lucimiento de su voz -Charly nunca fue un gran cantante pero actualmente está entonando mucho mejor que años atrás- pero que sí contribuyó a crear un clima vibrante.
Este sobreviviente de sus propios excesos que goza del bien ganado privilegio de ser el mejor cantautor de rock nacional de todos los tiempos puede ofrecer un show con no menos de 20 hits, mientras por lo menos un número similar queda afuera del repertorio.
Charly inició estos conciertos en el Luna con "Demoliendo hoteles", y los terminó -más allá de los "bises sobre los bises"- con "No toquen". Es un mensaje claro de ruptura, de búsqueda, mientras en el medio aparecieron algunas viejas canciones que no acostumbraba tocar en vivo, como "Llorando en el espejo", en la que se lució como director de orquesta.
Otras joyas del pasado: "Mister Jones o familia tipo americana", en la que intervino como invitado Juanse, "Canción para mi muerte" en el final, solo al piano y con todo el estadio cantando y "Eiti Leda". En "Inconsciente colectivo" subió al escenario Fabiana Cantilo.
Como siempre, la performance de Charly, que para esta ocasión se dedicó sólo al piano de cola y en ningún momento tocó guitarras o teclados electrónicos, contó con el apoyo sin fisuras de Hilda Lizarazu en voz y coros, Fabián Von Quintiero en teclados, Carlos García López en guitarra y el trío ya histórico que integran los chilenos Antonio Silva (batería), Kiuge Hayashida (guitarra) y Carlos González Vázquez (bajo).







