Un asesino acecha Villa Nougués

Un encuentro esperado, una casa misteriosa y un oscuro crimen. Eso son los ingredientes del thriller "El sexo de las madres", que se está rodando en Tucumán con actores y técnicos de la provincia y también de Buenos Aires. LA GACETA compartió un día de filmación y vivió, junto a los actores y a la directora Alejandra Marino, los bemoles del trabajo. "Elegí este lugar porque quería que el entorno contrastara con el drama de la historia, que la contuviera", señaló Marino. La trama narra la historia de dos madres y los distintos vínculos que se forman entre ellas. "Tucumán tiene un nivel actoral bárbaro", enfatizó la directora.

RODAJE NOCTURNO. El equipo de producción junto a la directora Alejandra Marino (en el centro dando instrucciones) se apresta a filmar una compleja escena a orillas del río. GENTILEZA VILARO NADAL
RODAJE NOCTURNO. El equipo de producción junto a la directora Alejandra Marino (en el centro dando instrucciones) se apresta a filmar una compleja escena a orillas del río. GENTILEZA VILARO NADAL
04 Abril 2010
"¡Mojala sin miedo!", grita Alejandra Marino, la directora de "El sexo de las madres", largometraje de suspenso que se está filmando en Tucumán, el cuarto en cinco años. Mientras tanto, Mariana Rotundo, vestuarista de la producción, toma la manguera y moja a dos de los protagonistas, Roxana Blanco y Tahiel Arévalo, que interpretan a Laura y a Juan. Un minuto después todas las voces que daban indicaciones se convierten en risas espontáneas que se detienen cuando la directora grita "¡acción!" Este tipo de escenas se repite a lo largo de la jornada de grabación en Villa Nougués, escenario de la misteriosa historia.

La casa de Pío Fagalde, construida en 1902, hecha toda de piedras, y más cerca de ser un patrimonio histórico que un set de filmación, fue el lugar elegido por Marino para trasmitir la calma y el suspenso que necesitan la película. También es el lugar donde un numeroso equipo que incluye sonidistas, camarógrafos, asistentes, productores y actores corren de un lado para otro tratando de que todo quede en su lugar en el momento correcto. Así, a los gritos de acción y corte, la realidad del imponente paisaje cambia del caos a la paz, como si los árboles y las piedras también quisieran contribuir al éxito una de las producciones cinematográficas más importantes que se rodaron en Tucumán.

Trabajo en equipo

"El sexo de las madres" es una película escrita y dirigida por Marino, financiada por el INCAA, con elenco y equipo de producción que mezcla profesionales de Buenos Aires con tucumanos. "El equipo se armó en parte por recomendaciones. Aunque se repitió un poco el grupo con el que trabajamos en San Luis. Por otro lado se hizo casting. Nuestra idea es formar más gente e ir reduciendo el personal que se trae de afuera. Crear fuentes laborales. Acá en Tucumán hay gente muy responsable y trabajadora", explica Facundo Galván, jefe de producción.

"Lo más importante de todo esto es que demuestra que no se necesita vivir en Buenos Aires para hacer cine. Yo soy de Córdoba y me tuve que ir a la Capital para ejercer. Acá vos ves a los chicos tucumanos de la producción y algunos ya trabajaron en largometrajes; esto demuestra que también se puede hacer películas en el interior", explica Ezequiel Brodsky, sonidista de la película. El aprovecha el "recreo" de la grabación para comer algo junto a Malcolm Reid, estudiante de cine de la UNT, que está teniendo su primera experiencia en un largometraje y Carlos Vilaró Nadal, también de la escuela de cine, encargado de foto fija y segunda cámara, que ya trabajó en otras producciones.

"Una de las ventajas de trabajar en un lugar como este es que el sonido es más natural. Te ahorrás hacer montaje, que es lo que en general se hace necesario en Buenos Aires", agrega Brodsky; dejando de lado los ladridos de los perros de la casa, que parecen ser los únicos que no terminan de entender que se está filmando una película.

El actor Juan Carlos Di Lullo, que ya trabajó en otro filme que se rodó en Tucuman, "Paraíso, paraíso", también se encuentra contento con el equipo. "Es sorprendente el nivel. Hay un gran equipo técnico. Después hay que ver cómo sale, claro. Son muchas cosas, cada uno aporta su parte, hay que ver después el resultado final. Pero por lo que se va viendo es una muy buena producción", menciona, mientras espera que se prepare el set, una tarea que lleva un par de horas.

La mesa está puesta, el veneno, la ensalada y las luces están en su lugar. También todo el equipo, que se esconde entre los muebles de la casa.

"¿Vas a tomar vino o preferís que ponga coca?", pregunta la directora. "Vino", contesta Victoria Carrera, que interpreta a Ana, la otra protagonista del thriller. Todos se acomodan, las 20 personas que dan vueltas por el set se reducen de golpe a tres: Ramiro, Ana y la directora. Silencio, luces, cámara... Acción.

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