22 Marzo 2010 Seguir en 
WASHINGTON, Estados Unidos.- La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó anoche una extensa reforma al sistema de salud del país, con lo que dio al presidente Barack Obama una victoria histórica. En una reñida votación por 219-212, los demócratas avalaron el más profundo cambio a las políticas de salud en décadas. Ahora, Obama debe firmar el proyecto y convertirlo en ley.
La reforma extenderá la cobertura sanitaria a 32 millones de personas, ampliará el plan de salud para los pobres, impondrá nuevos impuestos a quienes tienen mayores ingresos y prohibirá prácticas como rechazar la cobertura a personas con condiciones médicas preexistentes.
Su aprobación pone fin a una batalla política con los republicanos y cumple un objetivo que los demócratas no habían logrado alcanzar desde el intento fallido de reforma de Bill Clinton, en 1994. "Esta legislación no solucionará todos los problemas que aquejan a nuestro sistema, pero nos hará avanzar en la dirección correcta", declaró Obama.
Los demócratas de la Cámara se abrazaron y celebraron cuando la reforma alcanzó los 216 votos necesarios y cantaron: "sí, podemos". Los críticos sostenían que la iniciativa -que costará U$S 940.000 millones en 10 años- será una fuerte intervención que elevará los costos en el sector de salud, incrementará el déficit del presupuesto y reducirá las opciones de los pacientes.
Posturas diversas
La legislación requerirá que todos los estadounidenses posean un seguro de salud, pero entrega subsidios para ayudar a trabajadores de bajos ingresos a pagar el suyo, y crea bolsas donde individuos y grupos puedan revisar y comparar planes de seguros. Los intercambios y subsidios no entrarán en vigencia hasta 2014, pero otras reformas -como prohibir que se niegue cobertura a los enfermos- comenzarán desde este año.
Sondeos de opinión mostraron que la ciudadanía tenía posturas diversas: si bien muchas personas se oponían a la ley, algunos de los componentes del proyecto han tenido un fuerte respaldo. En un contexto en el que Estados Unidos lucha por salir de su peor recesión en décadas, hay quienes sostienen que Obama ha vuelto su mirada sobre la sanidad demasiado pronto.
La popularidad del mandatario cayó por debajo del 50 % y muchos demócratas temen sufrir un varapalo en noviembre, cuando se renueven la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Pero con la reforma sanitaria aprobada, lo más probable es que el presidente y su partido se centren ahora en medidas que continúen reavivando la economía y el mercado de trabajo.
Buena parte de la agenda nacional del jefe de Estado -cambio climático, regulación financiera y reforma de la ley de inmigración- ha tenido que ceder su puesto prioritario al sistema de salud, desde el momento en que entró en la Casa Blanca, en enero de 2009. (Reuters-DPA)
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