Negociaciones vs. intransigencia

El debate salarial que lleva adelante la citricultura incluye conversaciones y movilizaciones sindicales. Preocupan las posturas inflexibles. El conflicto de 2005.

Las negociaciones salariales en el sector privado siempre conllevan una buena dosis de tensión, porque de esas discusiones deriva nada menos que la pauta de ingresos que regirá en los sectores de la economía que las llevan a cabo. Pero no sólo están en juego el bienestar de los trabajadores ni el rédito económico que a partir de esta instancia logren las empresas; los negociadores también afrontan una parada difícil, porque su accionar queda expuesto a la vista de quienes les delegaron esas funciones.
Las principales actividades productivas de la provincia afrontan momentos clave en la determinación de los porcentajes de suba salarial para la presente temporada. En el caso del sector azucarero, las conversaciones se iniciarán oficialmente el jueves, en el Ministerio de Trabajo de la Nación, en Buenos Aires. Allí, la dirigencia de Fotia planteará una pretensión de incremento salarial del 35% sobre el básico, mientras que los dueños de los ingenios contraofertarán un valor sensiblemente menor, para intentar luego arribar a un punto intermedio, como suele suceder en esta actividad.
En la citricultura la situación es distinta, porque en este caso las discusiones ya están avanzadas. La Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) reclama un aumento de salarios del 30% para los trabajadores de las quintas cítricas y de los empaques de limón. De entrada, el planteo sobrepasa en más de seis puntos porcentuales los valores que acaba de acordar la Asociación Bancaria a nivel nacional, y pone nerviosos a los empresarios citrícolas, que consideran desmesurado el pedido. Argumentan que el limón es un producto que se comercializa en mercados de alta inestabilidad de precios y con fuertes exigencias fitosanitarias, cuyo cumplimiento estricto demanda recursos extras, todo en un escenario de costos en dólares en permanente alza. Estos puntos no parecen pesar demasiado en las consideraciones de la dirigencia de Uatre, que se aferra con fuerza a una máxima que, libre de todo contexto, suena inexorable: la citricultura vende sus productos al Primer Mundo, pero paga salarios del quinto mundo, según las palabras del titular de esta organización sindical, Jesús Pellasio. Precisamente, la conducción de Uatre protagonizó la semana pasada una movilización que tuvo fuerte repercusión en los medios de comunicación, que tenía por objeto convencer a la Asociación Tucumana del Citrus (ATC) de la firmeza del planteo salarial. Desde la entidad empresaria se dejó en claro que el petitorio que durante la marcha los referentes de Uatre entregaron en la propia sede de la ATC no contenía otra cosa que los puntos que ya venían discutiendo las partes, y opinaron que era un poco apresurado reclamar la intermediación del Gobierno provincial en la negociación. Los citricultores recuerdan que en 2005 el Gobierno tuvo que interceder en las paritarias de la citricultura, pero en aquella oportunidad las instancias ya parecían agotadas y el conflicto entre las partes ya era evidente.
Al Gobierno y a los citricultores les preocupa el nivel de intransigencia que esta vez exhibe la dirigencia sindical en la negociación salarial, que parece haber quedado entrampada en una postura de la que resultará difícil moverse sin quedar expuesta ante sus bases.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios