20 Marzo 2010 Seguir en 
En otros tiempos, los abuelos solían repetir: "querer es poder". Pero pocas veces se tomaba conciencia de la profundidad de ese pensamiento que nos enseña que si el hombre se lo propone puede transformarse a sí mismo y a su realidad circundante. Algunas religiones orientales sostienen que los seres humanos tenemos la capacidad de trasmutar el dolor en sabiduría y la angustia en esperanza, mientras que en el siglo XX, el filósofo francés Jean-Paul Sartre afirmó que el hombre es lo que hace y es el único responsable de construir su destino.
Sin embargo, más que al esfuerzo personal por crecer humana y profesionalmente, una buena parte de nuestra sociedad suele apostar a golpes de suerte, a juegos de azar para cambiar su destino -por lo menos económico- o suele echarle la culpa a los otros de sus infortunios.
Hace unos días, publicamos una entrevista a un baterista tucumano de 55 años que sufrió la amputación de ambas piernas. No obstante, este drama no lo derrumbó a Luis Dorieux, integrante de la banda Los Peces Gordos, quien con la ayuda de amigos, se las ha ingeniado para seguir tocando. El músico contó que en 2003 le diagnosticaron diabetes. Cinco años después sufrió la amputación de la pierna izquierda. Se le ocurrió entonces adaptar los platillos montados sobre un trípode para poder seguir tocando. En 2004, comenzó con los ensayos para el retorno de Los Peces Gordos, luego de seis temporadas de ausencia. Pero al mes de haber empezado y luego de varias intervenciones quirúrgicas en la pierna derecha, los médicos debieron cortársela. Recordó que mientras lo operaban pensaba cómo haría para volver seguir haciendo música. Uno de sus hijos que se desempeña como baterista del grupo Piña Colada, lo ayudó en el proceso de retorno. "Tuve que aprender a tocar de nuevo porque es otro método, otra forma, y con otros elementos", dijo. Como Dorieux carece de recursos económicos para comprarse piernas ortopédicas, adaptó la mitad de un caño de plástico a su pierna derecha. Así puede pegarle a la maceta (pieza que se utiliza para golpear el bombo) y con un bombo eléctrico completó el nuevo equipo. Con la colaboración de uno de sus alumnos, mejoró su sistema con la codera de protección (es más liviana) que usan los pilotos de motocross.
Ciertamente, el músico pudo superar la difícil circunstancia de vida con el apoyo de sus hijos, nietos y amigos, pero principalmente con su actitud de no entregarse a la desdicha o a la depresión, sino de luchar hasta vencer la adversidad y concretar su deseo de volver a hacer música.
En lugar de recostarse en la queja, el sufrimiento, de aislarse o abandonarse -sobrados motivos tiene-, el baterista tomó conciencia de que pese a todo, estaba con vida y que esta es un don que debemos honrar. No en vano, suele decirse ante las desgracias: "mientras haya vida, hay esperanza", la esperanza de sobreponerse a los contratiempos para seguir construyendo los sueños personales y colectivos.
Cuántas veces los seres humanos, estando enteros física y mentalmente, no se esfuerzan por llegar a un objetivo o se desalientan ante el primer fracaso, y sin embargo, aquellos que han padecido alguna limitación física no bajan los brazos.
Sería, por otro lado, sumamente positivo si la comunidad ayudara a que este baterista que vive en un barrio de Villa Carmela a adquirir las piernas ortopédicas que van a redundar en una mejor calidad de vida.
" Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" solía afirmar el dramaturgo alemán Bertolt Brecht. Sin duda, Dorieux pertenece a estos últimos.
Sin embargo, más que al esfuerzo personal por crecer humana y profesionalmente, una buena parte de nuestra sociedad suele apostar a golpes de suerte, a juegos de azar para cambiar su destino -por lo menos económico- o suele echarle la culpa a los otros de sus infortunios.
Hace unos días, publicamos una entrevista a un baterista tucumano de 55 años que sufrió la amputación de ambas piernas. No obstante, este drama no lo derrumbó a Luis Dorieux, integrante de la banda Los Peces Gordos, quien con la ayuda de amigos, se las ha ingeniado para seguir tocando. El músico contó que en 2003 le diagnosticaron diabetes. Cinco años después sufrió la amputación de la pierna izquierda. Se le ocurrió entonces adaptar los platillos montados sobre un trípode para poder seguir tocando. En 2004, comenzó con los ensayos para el retorno de Los Peces Gordos, luego de seis temporadas de ausencia. Pero al mes de haber empezado y luego de varias intervenciones quirúrgicas en la pierna derecha, los médicos debieron cortársela. Recordó que mientras lo operaban pensaba cómo haría para volver seguir haciendo música. Uno de sus hijos que se desempeña como baterista del grupo Piña Colada, lo ayudó en el proceso de retorno. "Tuve que aprender a tocar de nuevo porque es otro método, otra forma, y con otros elementos", dijo. Como Dorieux carece de recursos económicos para comprarse piernas ortopédicas, adaptó la mitad de un caño de plástico a su pierna derecha. Así puede pegarle a la maceta (pieza que se utiliza para golpear el bombo) y con un bombo eléctrico completó el nuevo equipo. Con la colaboración de uno de sus alumnos, mejoró su sistema con la codera de protección (es más liviana) que usan los pilotos de motocross.
Ciertamente, el músico pudo superar la difícil circunstancia de vida con el apoyo de sus hijos, nietos y amigos, pero principalmente con su actitud de no entregarse a la desdicha o a la depresión, sino de luchar hasta vencer la adversidad y concretar su deseo de volver a hacer música.
En lugar de recostarse en la queja, el sufrimiento, de aislarse o abandonarse -sobrados motivos tiene-, el baterista tomó conciencia de que pese a todo, estaba con vida y que esta es un don que debemos honrar. No en vano, suele decirse ante las desgracias: "mientras haya vida, hay esperanza", la esperanza de sobreponerse a los contratiempos para seguir construyendo los sueños personales y colectivos.
Cuántas veces los seres humanos, estando enteros física y mentalmente, no se esfuerzan por llegar a un objetivo o se desalientan ante el primer fracaso, y sin embargo, aquellos que han padecido alguna limitación física no bajan los brazos.
Sería, por otro lado, sumamente positivo si la comunidad ayudara a que este baterista que vive en un barrio de Villa Carmela a adquirir las piernas ortopédicas que van a redundar en una mejor calidad de vida.
" Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" solía afirmar el dramaturgo alemán Bertolt Brecht. Sin duda, Dorieux pertenece a estos últimos.







