Todo se maneja a control remoto

Desde Recoleta, Alperovich digita las decisiones que se toman en Tucumán para que su gestión transite hasta 2011 sin grandes contratiempos financieros.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 18 Marzo 2010
Los ministros deambulan por la Casa de Gobierno. Varios sienten que las riendas están más sueltas que de costumbre. El hombre que los cita -casi cotidianamente- a las 6.30 o 7 a su residencia no está. Los ministros viajan periódicamente a Buenos Aires. Nadie toma decisiones sin consultar al convaleciente José Alperovich.
"Parece un león enjaulado", metaforiza uno de los miembros del gabinete para describir los días de reposo del gobernador en el departamento que posee en el noveno piso de un edificio ubicado en el barrio porteño de Recoleta. Además del problema que lo llevó al quirófano, a Alperovich le atacó el síndrome de la ausencia: no aguanta estar tantos días fuera del escenario político. Tres llamadas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y una cena con el secretario de Obras Públicas, José López, calmaron, en cierta medida, al mandatario. Es inminente su retorno a la Provincia.
En su ausencia, las cosas no cambiaron en Tucumán. La Legislatura ha seguido convalidando el endeudamiento. Más bien, con la sanción de la emisión por U$S 100 millones de la tercera serie de Consadep, el Poder Ejecutivo pretende patear los compromisos con los acreedores por otra década más.
El beneficio será meramente coyuntural: el Gobierno provincial podrá usar el efectivo que -hasta ahora- se destina para el pago de los cupones de los títulos públicos (serie dos) que aún no están en circulación.  Esos bonos también pueden ser una tentación para usarlos con otros fines, como por ejemplo, el financiamiento de obras públicas si alguna vez se cierra definitivamente el grifo financiero federal.
Mientras tanto, el Ejecutivo seguirá preservando el efectivo. Este año, la inversión en maquinarias viales se realizará por la vía del leasing, con una partida que podrá llegar hasta los $ 30 millones. Todo esto fue posible con un click al control remoto que el gobernador digita desde la Capital Federal. Con el mismo aparato cambió de canal y focalizó ayer su atención en el Senado. Los senadores que responden al oficialismo cumplieron a rajatabla la orden: no dar quórum a la sesión en la que se pretendía tratar la coparticipación del impuesto al Cheque.
Básicamente estaba en juego unos $ 8.500 millones que las provincias debían redistribuirse como fondos adicionales para afrontar un tiempo deficitario.
En Tucumán hicieron los cálculos fiscales -también los políticos-. La sanción de esa norma podría haber implicado ingresos anuales extra de unos $ 466 millones, el equivalente a cuatro meses de recaudación de Rentas. El razonamiento político fue otro. La cifra que "se pierde" por la no distribución total del impuesto no llega a compensar los $ 500 millones que la Nación le prestará a Tucumán para pagar este años los vencimientos de la deuda. La discrecionalidad en el envío de recursos federales es más fuerte que la institucionalidad de recibir plata que le corresponde a cada una de las provincias. Sólo que algunos gobernadores se acostumbraron a ceder. A tal punto que ya prácticamente no inquieta que se haya hecho costumbre que el Gobierno nacional transfiera recursos por debajo del piso de garantía de coparticipación equivalente al 34% de la recaudación nacional. Esos son los riesgos de vivir aferrado al control remoto, ese mismo aparato que se usa en la Casa Rosada para poner en caja a las provincias.

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