Una gestión sin plus

En 16 días de no estar en la provincia, la ausencia de Alperovich se advierte en la tarea de Gobierno, especialmente en la dinámica que aquel le imprime a la actividad del gabinete. Especulaciones sobre cambios

Por Juan Manuel Asis 14 Marzo 2010
Desde hace 16 días que Tucumán no tiene gobernador en ejercicio, y desde hace ocho meses que no tiene vicegobernador en funciones. Es decir que los dos integrantes del binomio elegido para desempeñarse al frente del Poder Ejecutivo -uno con injerencia en el Legislativo- no están en la provincia por distintas razones. En el caso de la ausencia de Juan Manzur las dificultades de gestión fueron subsanadas constitucionalmente, es decir que el tercero en la línea sucesoria -el presidente subrogante de la Legislatura- se hizo cargo de las responsabilidades del cargo. Si bien no es un puesto decorativo, la existencia de la figura institucional del vice fue objetada políticamente, especialmente cuando la dupla del PE estaba más cerca del divorcio (Ramón Ortega-Julio Díaz Lozano; Antonio Bussi-Raúl Topa o Alperovich-Fernando Juri). O sea, que exista o no el vice no modifica demasiado la realidad, por lo menos en los hechos es así; pero que no esté el titular del PE, eso sí cambia bastante las cosas. En ese marco, una pregunta que madura por sí sola es ¿en que se advierte que José Alperovich no esté en la provincia? Antes de contestar cabe reflexionar sobre una inquietud que surgió en la propia Casa de Gobierno ante la ausencia del uno y del dos: la necesidad de contar con un superministro, jefe de ministros o de un jefe de gabinete. La realidad hizo que, sin quererlo y obligado por las circunstancias, el ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Gassenbauer, se convirtiera en ese personaje, en el nexo entre Alperovich y los ministros. Se dio cuenta del papel que le cupo en este tiempo, más allá que alguien le haya soplado en el oído que esa era la misión a cumplir. Largas fueron las caminatas y las charlas que tuvo con el mandatario en las últimas semanas en Buenos Aires, en las que se definieron algunas acciones del oficialismo ("Nada se hizo sin la venia de José, siempre estuvo al tanto de todo", confesó un colaborador del mandatario). Tácitamente el resto de los miembros del gabinete aceptaron, y hasta le impusieron, ese rol al ex interventor de la Caja Popular de Ahorros.

Obviamente que la provincia no se paralizó por la ausencia de Alperovich, ni mucho menos, pero en el Ejecutivo sí hubo consecuencias. ¿Dónde se notaron? Entre otras, no hubo reuniones de gabinete. Generalmente, este tipo de encuentros se realizaban en el domicilio del mandatario, durante el desayuno y antes de las salidas diarias. Con Regino Amado en ejercicio del PE, estas reuniones no existieron ("Regino acompaña, no conduce", se escuchó por ahí). Y por varias razones. El parlamentario se limita a cumplir con la agenda de visitas y, de vez en cuando, hace subir a algún ministro a su despacho para hacer alguna consulta puntual. Incluso, se admite que si Manzur estuviera reemplazando a Alperovich, el movimiento sería otro. "Se siente la ausencia, él (el jefe de Estado) impone otro ritmo, es hiperactivo", confesó un funcionario del ala norte del primer piso del edificio gubernamental. Ese mismo, señaló que los ministerios están funcionando y marcó como un triunfo -gestado en el esfuerzo de esa primera línea-, por ejemplo, el normal inicio de las clases después de arduas tratativas.

Sin embargo, otro, un poco más distanciado de la órbita próxima a la línea alperovichista de paladares negros, deslizó una visión un poco más crítica. "No se los ve subir y bajar las escalares como antes", dijo, para graficar que cuando Alperovich está en su oficina, las idas y venidas son una figurita repetida. Un sectorialista de la Casa de Gobierno ironizó un poco al respecto: "algunos no suben porque no tienen que demostrar que están haciendo algo, ahora directamente no hacen nada". Y sonrió. "La dinámica es otra", sentenció un ministro del ala oeste, pero sostuvo que se sigue trabajando. Claro a otro ritmo, es que cuando el amo no está..... "Lo esperamos como al Mesías", aseguró una persona que está en el ala opuesta de la sede del Ejecutivo. ¿Por qué? Por la falta de decisiones que se observa, aunque la gestión no se haya detenido. Es que, al no estar quien pone la firma, nadie se anima a avanzar, a agilizar trámites o hacer cualquier gestión sin la venia del mandatario. Todos los ministros están esperando que regrese para recobrar el ritmo perdido, para bailar al son alperovichista, para recuperar la iniciativa por contagio. "Tienen necesidad de consultar", arguye la voz que clama por el regreso del gobernador. Por ahora cada uno se mantiene en su despacho. Es que, si bien Gassenbauer hizo de buen nexo, la presencia cercana es más efectiva para la toma de decisiones. En síntesis; necesitan que les bajen línea. "Con él, la gestión tiene un plus", definió un secretario de Estado, descubriendo que extraña a su conductor.

¿Dónde más se apreció la ausencia del gobernador? En cuestiones hasta domésticas: las segundas líneas no gestionan permisos para viajar como antes; nadie se acerca a preguntar sobre el pago de juicios con Consadep porque saben que al no estar Alperovich no hay quien suscriba los libramientos; los legisladores brillan por su ausencia en la Casa de Gobierno, se firman menos resoluciones por día (Alperovich suscribe hasta 20 diarias, Amado a lo sumo dos, porque no le llegan; su peso específico no es el del mandatario; claro), no hay pedido de designaciones, los expedientes internos son menos, etc. Es decir, la ausencia se percibe. Ahora bien, el protagonismo ganado por Gassenbauer, un amigo de Alperovich, ¿lo convierte en una figura con expectativas políticas para 2011? Es una pregunta sin respuesta segura, aunque sí hay quienes mejoraron sus posiciones. Por ejemplo, el ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, de quien se dice que subió unos peldaños en la afectividad política de Alperovich. ¿Será el futuro dos en la fórmula justicialista de 2011? Ya volverá Alperovich a decir que para ese año falta mucho, que hay que trabajar fuerte y no hablar de política. De seguro que, teniendo tiempo en Buenos Aires, siguió las alternativas de la pelea en el Congreso y los movimientos en el PJ y en el peronismo disidente. Por ahora su alineamiento es a todo o nada con los Kirchner. Así lo puso en evidencia, en los últimos días, su esposa, Beatriz Rojkés, que salió a enfrentar con dureza a la oposición en el Congreso, y hasta firmó una denuncia judicial en contra del vicepresidente, Julio Cobos.

Otra pregunta que cabe, dado el tiempo que Alperovich estuvo en Buenos Aires, alejado del teatro de operaciones; es si reflexionó sobre posibles cambios en el gabinete. Ante indagaciones y sondeos al respecto, una de las frases que se escuchó fue: "a Yedlin no le soltará la mano, está firme y no duda de su honestidad". También caben especulaciones, algunas nacidas a la sombra de la Casa de Gobierno, ligadas a la posible vacante en la Corte Suprema de Justicia, a raíz de un vocal que está en condiciones de jubilarse. ¿Nombres?, ¿interesados? Varios, los de siempre, habrá que ver si Alperovich tuvo tiempo para pensar en esta cuestión.

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