LA GACETA / FRANCO VERA
11 Marzo 2010 Seguir en 
"¡Señora, me va a sacar un ojo!". Cuando las nubes cubren el cielo hay que aceitar los reflejos. La lluvia no sólo transforma el aspecto de la gente -abrigo y caras grises-, sino también el de la calle. Mientras que en los días de sol hay que esquivar a otros peatones, en jornadas como la de ayer se agrega un obstáculo: los paraguas que, impunemente, se abren camino entre la multitud.






