11 Marzo 2010 Seguir en 
SANTIAGO DE CHILE.- Sebastián Piñera, un empresario millonario de 60 años, asume hoy la Presidencia de Chile obligado a emprender la reconstrucción de un país devastado hace menos de dos semanas por un terremoto y un tsunami. Paradójicamente, la fuerte inversión que demandará la reconstrucción empujará fuertemente la economía chilena, que puede ser una de las que liderará el crecimiento en Latinoamérica este año.
A las 12 hora local, Piñera recibirá el mando del Ejecutivo de manos de Michelle Bachelet en una austera ceremonia en la sede del Congreso en Valparaíso, 120 km al oeste de Santiago, y su primera actividad oficial será viajar a la población costera de Constitución, la más afectada por la catástrofe.
Proyecciones
Se prevé que la actividad económica se resentirá hasta abril, pero que aumentará luego un 4,5%, reveló la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central, efectuada después del sismo. Se trata de una de las cifras de crecimiento más altas proyectadas para la región, que este año tendrá en Brasil, Perú, Uruguay y Panamá otros de sus principales motores. En promedio, el subcontinente crecerá un 4,1% este año, estima la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). La confianza de las autoridades y del mercado radica en la posición financiera de Chile. El fisco posee ahorros por U$S15.000 millones, remanentes de los recursos ahorrados por las exportaciones de cobre, y una posición acreedora neta, de hecho. Por ello, nadie duda que el nuevo gobierno podrá financiar un fuerte programa de recuperación sin tener que acudir al endeudamiento externo.
Dos décadas después
El de Piñera será el primer gobierno de derecha desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Los últimos 20 años gobernó la Concertación, una coalición de cuatro partidos de centro-izquierda. Bachelet deja el poder con un 84% de popularidad gracias a los grandes proyectos sociales que instauró en el país y a un carisma que ha hecho que se le perdonen sus errores, incluyendo la reacción tardía frente al sismo. Piñera mantendrá esos programas, junto con un gabinete en el que predominan empresarios, incluso en la cancillería. Pero cualquier polémica por este hecho quedó en un segundo plano ante la formidable labor de reconstrucción que afronta el nuevo gobierno. (DPA-AFP-NA)
A las 12 hora local, Piñera recibirá el mando del Ejecutivo de manos de Michelle Bachelet en una austera ceremonia en la sede del Congreso en Valparaíso, 120 km al oeste de Santiago, y su primera actividad oficial será viajar a la población costera de Constitución, la más afectada por la catástrofe.
Proyecciones
Se prevé que la actividad económica se resentirá hasta abril, pero que aumentará luego un 4,5%, reveló la Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central, efectuada después del sismo. Se trata de una de las cifras de crecimiento más altas proyectadas para la región, que este año tendrá en Brasil, Perú, Uruguay y Panamá otros de sus principales motores. En promedio, el subcontinente crecerá un 4,1% este año, estima la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). La confianza de las autoridades y del mercado radica en la posición financiera de Chile. El fisco posee ahorros por U$S15.000 millones, remanentes de los recursos ahorrados por las exportaciones de cobre, y una posición acreedora neta, de hecho. Por ello, nadie duda que el nuevo gobierno podrá financiar un fuerte programa de recuperación sin tener que acudir al endeudamiento externo.
Dos décadas después
El de Piñera será el primer gobierno de derecha desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Los últimos 20 años gobernó la Concertación, una coalición de cuatro partidos de centro-izquierda. Bachelet deja el poder con un 84% de popularidad gracias a los grandes proyectos sociales que instauró en el país y a un carisma que ha hecho que se le perdonen sus errores, incluyendo la reacción tardía frente al sismo. Piñera mantendrá esos programas, junto con un gabinete en el que predominan empresarios, incluso en la cancillería. Pero cualquier polémica por este hecho quedó en un segundo plano ante la formidable labor de reconstrucción que afronta el nuevo gobierno. (DPA-AFP-NA)
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