Una dosis de peronismo

Diputados y senadores están enfrascados en una pelea, en favor o en contra del kirchnerismo, que deja atrás la obligación de gobernar, privilegia la sensación de gozar el poder y mira de reojo hacia 2011

Por Juan Manuel Asis 07 Marzo 2010
Un viejo chiste, de moda en 2001 -cuando la gente pedía que se vayan todos y estos se escondían- contaba lo siguiente: dos individuos caminan por la vereda del Congreso; por una de las ventanas abiertas escuchan gritos: corrupto, golpista, mentiroso, arribista, opositor, etc, etc. Uno de los caminantes apunta: "lo mismo de siempre, los diputados y senadores peleando". El amigo lo para en seco y con sorna aclara: "no, no, están tomando asistencia".

En la última semana volvieron los gritos y las peleas políticas en el Congreso y, por ende, las acusaciones cruzadas. Lo curioso es que los mismos conceptos son usados por igual por opositores y oficialistas para desacreditarse: irracionales, desestabilizadores, irresponsables, etc, etc. Tanto se dicen lo mismo que ya no se distingue quiénes son los referentes del partido gobernante y quiénes los de los partidos de la oposición. Por los insultos claro. A este panorama contribuye el nuevo esquema de poder político e institucional en el plano nacional y el estilo confrontativo de la propia presidenta, Cristina Fernández, que desde el lunes al jueves contribuyó como nadie a dividir aguas con sus discursos encendidos e iniciativas adoptadas en el indescifrable límite entre lo legal y lo ilegal. Hasta se metió con la vida privada de una jueza porque su fallo no convino a sus expectativas. No parece buen camino la desacreditación personal de aquellos que tienen misiones institucionales, ya que después sólo queda atacar por el lado de la discriminación. Hay que poner un poco de cordura en medio de este caos de dedos acusadores y gestos burlones; por suerte -como decía ayer un locutor radial- la Argentina es tan rica y fuerte que los políticos no han podido destruirla aún, por más empeño puesto.

En medio de esta confusión general, algunos observan con preocupación que se está jugando con la gobernabilidad del país. Si se mira al kirchnerismo, arremetiendo con decisiones discutibles sin respetar las reglas de juego, y a la oposición, adueñándose del Congreso con la intención de escupirle el asado al oficialismo, parece que a los poderes del Estado los están manejando seres con espíritu de niños encaprichados. Desde ambos bandos, algunos entrados en años reclaman, no sin razón, prudencia y un poco de madurez. Pero, si los que tienen que gobernar siguen a los gritos, es difícil que lleguen a escucharse o a dialogar; menos si el agravio, la descalificación la falta de respeto, la chicana y el fanatismo ideológico marcan las conductas de la dirigencia política.

Desde ambos lados, en suma, lo que sobran son las ganas de demostrar que se es más fuerte y que se le impondrá al otro su voluntad; así el anuncio del nuevo decreto presidencial para insistir con el uso de las reservas para pagar la deuda externa en la apertura misma de sesiones del Congreso fue toda una mojada de oreja. Así también la propuesta opositora de modificar la ley del impuesto al cheque para mejorar los ingresos coparticipables a las provincias fue un tiro por elevación al PEN para acotar el uso discrecional de los recursos. En el fondo, también es una mojada de oreja. Parece que la meta es jugar a quién pega más fuerte. Por ahora, por las sentencias adversas al Gobierno nacional y por la dureza de la oposición en el Congreso, todo parece indicar que a Cristina Fernández los tiros le salen por la culata. Y decimos Cristina por sólo ella salió a dar la cara esta semana, su marido se llamó a silencio, aunque debe haber disfrutado el espectáculo montado por su esposa en la sesión de apertura del Congreso, ya que el kirchnerismo es uno solo. Así también lo entendieron los opositores que no hablaron de él sino de ella y de sus decisiones; lo cual no deja de ser un punto a favor de la Presidenta, que se despegó por unas horas -¿la dejó sola Néstor?- de su marido y mostró que no es una mera dama de compañía, aunque sus formas de decir y hacer molestaran sobremanera.

La Presidenta quedó muy expuesta. Así lo entienden algunos, como una diputada tucumana, kirchnerista de la primera hora, que sostiene que hay que salir a defenderla y no dejarla sola. Esa misma parlamentaria sugirió que la oposición "está viviendo un veranito adolescente irresponsable". Una ingeniosa forma de decir que los adversarios se han apoderado de un juguete que veían -desde hace seis años, la ñata contra el vidrio- como lo disfrutaba Néstor. Esos, en diciembre, rompieron la vidriera y ahora se lo refriegan en la cara a los santacruceños. En ese jueguito se arriesga la gobernabilidad, porque se usa a las instituciones para usufructuar poderes pasajeros.

"Nos están dando una dosis de peronismo", admitió con ironía otro diputado tucumano, justicialista él y del interior, al reflexionar sobre lo que está pasando en el Congreso. Buen forma de decir que los están haciendo entender por las malas. "Y no podemos llorar", acota. Sucede que algunos peronistas observan que es la "hora radical" más que de todo el arco opositor; es decir, los correligionarios son los que ponen la cara y los discursos (Morales, Sanz, Aguad) para justificar las posiciones opositoras, ya que tienen expectativas serias en 2011. No pueden dejar pasar la ocasión de mostrarse como alternativas para las presidenciales, y el Congreso se presenta como el mejor escenario, como un trampolín. Por eso Elisa Carrió no se suma, se diferencia, se pone por encima y hasta endurece los discursos más que el resto: reniega de los prudentes, va a la Justicia, exige que no se aprueben pliegos (Marcó del Pont). Ella también es candidata, y tiene la obligación de diferenciarse, no sólo del estilo de Cristina y de los kirchneristas, sino hasta de los opositores, porque en la carrera presidencial, aunque circunstanciales aliados de ruta, todos son adversarios. Claro que, si todos priorizan el 2011, 2010 puede convertirse en un campo de batalla, con alguno de ellos tirado en el fondo de una trinchera, sin márgenes para la pelea electoral.

El peronismo disidente, en cambio, se mantiene en una segunda línea, por ahora; ellos tienen que ser la alternativa en el PJ al kirchnerismo, así que también les viene bien que otros -los opositores- hagan el desgaste y desgasten al matrimonio presidencial. Su verdadera partida está en la interna del PJ. Es la que deben ganar a Kirchner, y cuanto este más debilitado llegue, mejor. Lo único que tienen que demostrar es que su estilo no será el mismo que el de los pingüinos. Sino, repasemos las declaraciones de los disidentes en las últimas horas: "se necesita prudencia", "hay que dedicarse a gobernar".

¿Nada que decir Tucumán? Sólo un interrogante: ¿cómo se sentirán los parlamentarios nacionales que siendo parte de la minoría en la provincia, bajan del avión en Buenos Aires siendo integrantes del sector opositor que tiene el poder en el Congreso? Lo mismo, pero en sentido inverso, vale para los alperovichistas. Sensaciones de poder, raras y complicadas, en un país de discursos enfrentados.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios