Entre la riña y el consenso, ¿dónde se ubicará Cristina?

En un desborde emocional, la Presidenta abochornó al Congreso y a la Justicia, mientras que la oposición se sabe vulnerable.

Por Patricia Vega 07 Marzo 2010
BUENOS AIRES.- Como en el fútbol, en materia política el desafío es también jugar en velocidad sin perder precisión. Pero cuando el vértigo se hace ingobernable, aún con la cancha demasiado embarrada, cuando ya hay muchos lesionados por los choques y se está a punto de que el partido termine en un cero a cero infeliz, alguien debe decidir parar la pelota y congelar la situación, en nombre de la supervivencia de todos.
Esto es lo que ha empezado a suceder tímidamente en el subsuelo de la clase dirigente en la Argentina de estos días, que observa a muchos políticos aún metidos en el campo de juego a los codazos limpios, trampa sobre trampa, muy calientes e incapaces de pensar, mientras la tribuna, cada vez más nerviosa por las consecuencias económicas de tantos desatinos (inflación creciente, falta de inversión y desempleo), ha comenzado a silbar.
El problema más difícil de encauzar es que la Presidenta de la Nación, la natural referí de cualquier diferendo, estuvo jugando fuerte para un lado y ha quedado claro que considera a los del otro bando (la oposición, los jueces y los medios) como enemigos antes que como adversarios. Cómo equilibrar las necesidades políticas, con la responsabilidad, la propaganda y hasta con sus ideas de golpe institucional en ciernes, es lo que Cristina Fernández en su rol de número uno de la Argentina, parece que no ha podido conciliar todavía.
Pero el desborde emocional "in crescendo" de la Presidenta ha ido más allá, ya que en menos de una semana abochornó al Congreso y a la Justicia en dos oportunidades, redobló la apuesta al negar públicamente la división de poderes que consagra la Constitución y generó un conflicto inédito, lo que sirvió para darle aire suficiente a los halcones de la otra parte.
En primer término, la Presidenta les anunció a diputados y senadores en sus propias narices un nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia de idéntico tenor a otro previo ya interdicto por la Justicia, que ordenaba pagar la deuda con reservas, después de haberle hecho saber a la Asamblea Legislativa que lo había anulado "habida cuenta de que el Congreso también ha comenzado sus sesiones ordinarias", les dijo. O fue un acto fallido o una burla premeditada.
Ese mismo día, señaló también que se necesitaba una Justicia que sea "independiente del resto de los poderes políticos y, fundamentalmente, de los poderes económicos concentrados". Y para no olvidar a los medios, también disparó: "necesitamos jueces que fallen no de acuerdo con la tapa de Clarín, sino al Código Civil y al Código Penal". Además, tiró al aire una grave acusación sobre que los juzgados tienen "tabulados los precios de excarcelaciones o eximiciones de prisión y, entonces, los criminales que entran por una puerta, salen por la otra". Otro acto fallido hacia posturas autoritarias, demasiado a la derecha de sus habituales expresiones públicas.
La dinámica de la crisis
Hay que tomar nota como un hecho central de la gravedad de la situación que se vive en la Argentina que todo esto ocurrió nada menos que el lunes pasado. Aún no ha transcurrido siquiera una semana, lo que demuestra la dinámica que adquirió la crisis, sobre todo porque el jueves hubo más.
Ese día, la Presidenta redobló la apuesta y se declaró francamente en rebeldía y sin apelar a otros fallidos, resolvió verbalizar públicamente lo que probablemente constituía parte de su pensamiento íntimo, aunque quizás lo había mantenido escondido por ser algo impolítico para su trayectoria y su investidura, cuando dijo que no va a acatar los fallos de la Justicia, al tiempo que se plantó en desconocer el rol del Congreso, sobre todo en relación con el Banco Central.
También usó algunos argumentos más propios de la "derecha neoliberal y amante de los mercados", que siempre ha dicho combatir, cuando marcó que "cada vez que tomamos una decisión, la Bolsa subió, los bonos subieron… y desciende el riesgo-país. Cada vez que el Gobierno actúa, la economía sube; cada vez que actúa la oposición en el Parlamento, con ayuda de algún juez, la economía baja".
Confundir la especulación financiera con la suba y con la baja de la economía, "too much", diría la Presidenta, expresión que muchos podrían repetir, tras haber escuchado a Hebe de Bonafini y a Hugo Moyano promover en la semana el pago de la deuda.
No obstante, y pese a fundamentos tan rígidos, en ese último discurso Cristina tendió algunos puentes interesados para que la oposición le diga cómo se hace para pagar la deuda sin ajustes "y si la que tienen ellos es mejor que la nuestra, juro aquí, delante de todos, que voy a adoptar esa forma, pero quiero que me la expliquen", prometió. Lo hizo blanqueando de paso que la Ley de Presupuesto ha autorizado el endeudamiento, ya que "reconoce que hay una brecha de financiamiento para el Estado Nacional de 55 mil millones de pesos" y que la lógica indica que se tomen las reservas a 0,5% y no dinero prestado a 14% anual o más.
Sin embargo, el tema merece una vuelta de tuerca, porque necesidades de diferentes dependencias, conocidas después de enviar el proyecto del Presupuesto al Congreso, estarían aumentando el agujero a 90 mil millones de pesos, por lo que sería lógico que los números del Estado sean sometidos a una revisión urgente, quizás como el primer paso para encontrar estrategias conjuntas entre oficialismo y oposición. "No nos negamos a nada", dijo el viernes, el ministro del Interior, Florencio Randazzo.
La mojada de oreja de la Presidenta se asienta en la lógica de que, debido a su heterogeneidad de bolsa de gatos, el discurso opositor no es tan sencillo de estructurar, lo que le da ventaja a la hora de disparar argumentos. La oposición se sabe vulnerable, debido a que está unida únicamente por un discurso antikirchnerista, que se terminó de galvanizar debido a las trapisondas y las agresiones del oficialismo.
El problema para Cristina no es solamente que los opositores ya no le creen, sino que algunos oficialistas han empezado a recular. Es más, el vicepresidente provisional del Senado, el senador José Pampuro y la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, le han marcado la cancha públicamente, a través de los medios.
Esa doble función presidencial de ser juez y a la vez parte del núcleo duro del kirchnerismo es lo que parece estar potenciando la escalada de la crisis y lo que dificulta cualquier "salida por arriba", tal la frase que acuñó Leopoldo Marechal y que Pampuro acaba de refrescar para ayudar a que la situación pierda virulencia, mostrándose como una de las palomas más sensibles del FPV.
Pero como el senador, tercero en la línea de sucesión, no sólo se refería a una cuestión física, sino a la necesidad de que sean las cabezas las que ayuden a ponerle paños fríos a la situación, le pidió públicamente al Ejecutivo "que nos instruya para ir destrabando los temas" y "voluntad política" para solucionar los conflictos. Ya se verá si su propuesta es avalada finalmente por la mesa chica K, donde talla Néstor como un superhalcón, y si Pampuro está dispuesto a quedarse de ese lado de la cerca o si se escinde con otros colegas en un bloque que, sin dejar de apoyar los fundamentos de la Casa Rosada, no avale los desaguisados institucionales.
En este aspecto, flaco favor ha hecho al funcionamiento del Congreso la Comisión de Acuerdos que funcionó sólo con presencia opositora, cuando decidió ejecutar a Mercedes Marcó del Pont antes de escucharla, lo que provocó la reacción del oficialismo, más allá de las expresiones de la Presidenta aludiendo a un "acto de venganza de la más baja estofa".
La normativa indica que la titular del Banco Central, nombrada por el Ejecutivo aún está "en comisión, durante el tiempo que insuma el otorgamiento del acuerdo del Senado", tal como lo prevé el artículo séptimo de la Carta Orgánica, aunque alguna mente afiebrada haya pretendido reformar esa redacción con otro DNU para mantenerla en su puesto.
Racionalidad
Por suerte, Marcó del Pont sacó a relucir su propia racionalidad, quizás para frenar esa movida a la que no le interesaba adscribir, cuando dijo que ella dependía de lo que decidiera el plenario del Senado y que si no le daban el plácet se iría, algo que no cayó nada bien en la Casa Rosada, probablemente porque la economista sintió temor y no quiso seguir acompañando una aventura de incierto final legal para ella misma. Una cosa es aceptar un DNU como una ley en expectativa y con ello autorizar la transferencia de fondos al Tesoro y otra es desconocer al Poder del que, sin dudas, depende el BCRA.
Sin embargo, y aunque la gran bronca con la funcionaria no es el pase de las reservas a Hacienda, sino el ardid al que ella y el Directorio se prestaron a ejecutar en la mañana del lunes, aún antes de que el DNU se hubiese publicado en un agregado al Boletín Oficial durante la tarde, no está tan claro que su pliego sea rechazado esta semana, ya que primero la sesión deberá encontrar a 37 senadores dispuestos a sentarse en sus bancas y después a una mayoría persuadida para despedirla. No sería de extrañar que ese tratamiento se retire del temario hasta que se la escuche y en esto también han trabajado Pampuro y el vicepresidente Julio Cobos, en una charla reservada con Gerardo Morales.
En relación al pago con reservas, si hoy se hiciera una compulsa en el Congreso, las mayorías de ambas Cámaras aprobarían una Ley al respecto, algo que el Gobierno podría terminar enviando, si el DNU de la discordia es rechazado en la semana. Inclusive, el radicalismo ya aventura que buena parte de las divisas que se querían usar para pagarle a los privados no se necesitarían realmente, porque una parte serían para pagar bonos al propio sector público, especialmente a la Anses.
En la misma línea, los jueces pidieron bajar el tono y "no ser actores del incendio", mientras que ya se sabe que la Iglesia dará a conocer un duro documento a favor de la responsabilidad de los tres poderes del Estado que, a la vez, buscará acercar a las partes, aunque no desde una mediación formal.
Por eso, esta semana tendrá como condimento saber si priman el diálogo y el consenso y si la dinámica desatada puede ir amenguando o si los devaneos destituyentes del matrimonio Kirchner les van a volver a torcer el brazo a las ganas que tienen las mayorías de reencauzar la situación y, con ello, les van a dar más aire a los halcones del otro lado. Si es así y la cosa vuelve a tomar la velocidad, no va a faltar quien patee la pelota afuera de muy mala manera. (DyN)

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