Algo se desmorona. Casi a la misma hora en que la presidenta, Cristina Kirchner, huía a recluirse en El Calafate, dos diputados oficialistas tucumanos embarcaban en silencio un vuelo a Tucumán. Uno de ellos compró la revista Gente, la hojeó y cerró los ojos. La otra, sentada tres filas atrás, sólo transmitió hermetismo. Apenas aterrizó el avión, cada uno se fue raudamente por su lado. Casi no tuvieron diálogo. Germán Alfaro y Susana Díaz tienen algo en común con la Presidenta: esta semana más corta tuvo un abrupto final, el de la soledad que marca toda derrota.
El gobernador, José Alperovich, también sufre por la incertidumbre y por el vacío que desencadena una caída. Desde su lecho de enfermo, ya no se muestra como aquel hombre que hasta desafió poner las dos manos en el fuego por el cada vez más debilitado ministro de Salud, Pablo Yedlin. El mandatario, su funcionario y la Presidenta también tienen algo en común: su destino ya no está en sus manos. Lo rifaron: la jefa de Estado, a la oposición; Alperovich, al kirchnerismo; y Yedlin, al ministro de Salud de la Nación, el vicegobernador Juan Manzur.
¿Hay alguien más?
Ni siquiera a un arrabalero como Alfio "Coco" Basile le sirvió el silencio stampa. Porque cuando el poder sucumbe, hasta el de vozarrón más árido termina por apichonarse. No por casualidad el ex técnico de Boca se quedó sin habla durante varios meses.
Horas antes de que empezara la semana que hizo temblar al oficialismo, Yedlin pudo sentir la voz grave de un Alperovich aún omnipresente. El mini-Manzur suspiró, y otra vez regaló su futuro. Apenas LA GACETA hizo públicas sus intenciones de pagar $ 800.000 a una fundación inexistente en ese momento, el funcionario de hablar acelerado prometió investigar quiénes y por qué lo hicieron firmar algo que nunca debió haber firmado.
Pero 17 días de hacer mutis no son un buen augurio: ese, precisamente, es el tiempo que se lleva sin conocer los nombres de los presuntos profesionales que tomaron los cursos dictados por la ignota Fundación Salud, pese a que el Tribunal de Cuentas advirtió en su informe que nada en el cuestionado expediente certificaba la veracidad de esa información. ¿O habrá que interpretar esta mudez como un reconocimiento implícito de que no hay nadie más responsable que él en este desvarío administrativo?
Tal vez no pueda, no sepa o no quiera explicar algo que también correspondería a Manzur, quien lo dejó en Casa de Gobierno para que le haga de "campana". No en vano la sede de la fundación tiene un número telefónico a nombre de un funcionario -y hombre de extrema confianza- del vicegobernador en licencia. Sin embargo, Penna sólo se limitó a escribir un escueto e-mail desde la casilla institucional del Ministerio de Salud de la Nación. Y su jefe, el mismo que entabló la relación profesional entre el Gobierno y el odontólogo Héctor Silva Olivares, prefirió dedicar más minutos a acompañar a Alperovich en el posoperatorio que a aclarar una situación, cuanto menos, reñida con la ética pública.
Tardaron en recuperar la voz, pero en el Círculo Odontológico de Tucumán prefirieron hablar con disfonía antes que perder definitivamente el habla. La entidad se despegó de la Fundación Salud y en el Ministerio de Salud que preside Yedlin quedaron indignados por la "actitud desagradecida" del círculo, según la calificaron.
Si de desbarajuste se trata, las palabras de uno de los primeros integrantes de Funsal, el odontólogo Pedro Sisali, son más que elocuentes para aumentar las dudas sobre esa entidad. Dijo, según publicó LA GACETA, que sólo se sumó en un principio para colaborar pero que, al poco tiempo, renunció a la Fundación Salud, lapso durante el que no participó de ninguna asamblea y durante el que nunca conoció una sede formal.
Sin embargo, el tiempo pasa y en los Tribunales nadie pide la palabra. En realidad, apenas un puñado de días menos que Yedlin lleva de silencio la Justicia, porque lo único que hasta el momento se hizo fue cambiar de manos un expediente: de la fiscala María de las Mercedes Carrizo a su par Carlos Sale, quien deberá ahora entender en la única denuncia penal que se presentó en contra de Manzur, de Yedlin, de Penna y de Silva Olivares, por este tema.
Demasiados gritos
El gobernador buscará recuperar fuerzas por una semana más en Buenos Aires. Reflexivo, quienes lo frecuentaron durante su reposo en un departamento de Recoleta cuentan que ve 2011 cada más lejano, pese a que el calendario marca otra realidad.
Alperovich nunca optó por el silencio, pero de tanto reafirmar su pertenencia al kirchnerismo terminó por atar su futuro a un resultado. Tampoco es cuestión de hablar de más. Si no, en caso de que el enflaquecido ex presidente Kirchner le pida que integre una fórmula presidencial, el gobernador preferirá haberse quedado sin habla. Ese es su principal dilema. A tanto llega su hermetismo que ninguna de las cuatro o cinco personas que más horas al día pasan con él saben hacia dónde apunta.
Algunos deslizan que la re-reelección no lo seduce tanto. Pero, en ese caso, la lista de potenciales -según su particular parámetro de valores- tampoco lo ilusiona: la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich, el ministro -siempre bien ubicado- Osvaldo Jaldo y el vicegobernador que no ejerce, Juan Manzur. ¿Y el intendente Domingo Amaya? Al alcalde de la ciudad el rojkesismo aún le pasa las facturas por seguir los consejos del talibán Germán Alfaro: recurrir a más que el silencio durante la elección de aquel 28 de junio de 2009 en la que la primera dama encabezó la lista oficial.
Alperovich debe resolver otra cuestión. ¿Es posible que juegue a dos puntas? Difícil, hasta desde el punto de vista cronológico. Si le piden que integre una fórmula nacional le costará decir que no, aunque hoy por hoy ese sea su mayor deseo. Pero si acepta, las internas que impuso el kirchnerismo para definir las candidaturas se deberían realizar durante agosto. Es decir, muy cerca de las elecciones generales provinciales. ¿Podrá repartirse? Ni siquiera él lo sabe. Por eso opta por el más crudo silencio.
Callados
Cristina, recluida en El Calafate para huir de la derrota; Alperovich, en reposo y con la incertidumbre de no saber qué vendrá; Yedlin, como si no hubiese firmado nada incorrecto; Manzur, más preocupado por 2011 que por la improlijidad de su ahijado político. Peor aún, la Justicia, como si la sociedad no mereciera una respuesta ante tanta mudez.
El silencio es insoportable. Basile no habló a tiempo, y se tuvo que ir callado. Los diputados Alfaro y Díaz comparten vuelos semanales, pero casi no se hablan. Nadie dialoga, nadie explica. Es la realidad; algo se desmorona.
El gobernador, José Alperovich, también sufre por la incertidumbre y por el vacío que desencadena una caída. Desde su lecho de enfermo, ya no se muestra como aquel hombre que hasta desafió poner las dos manos en el fuego por el cada vez más debilitado ministro de Salud, Pablo Yedlin. El mandatario, su funcionario y la Presidenta también tienen algo en común: su destino ya no está en sus manos. Lo rifaron: la jefa de Estado, a la oposición; Alperovich, al kirchnerismo; y Yedlin, al ministro de Salud de la Nación, el vicegobernador Juan Manzur.
¿Hay alguien más?
Ni siquiera a un arrabalero como Alfio "Coco" Basile le sirvió el silencio stampa. Porque cuando el poder sucumbe, hasta el de vozarrón más árido termina por apichonarse. No por casualidad el ex técnico de Boca se quedó sin habla durante varios meses.
Horas antes de que empezara la semana que hizo temblar al oficialismo, Yedlin pudo sentir la voz grave de un Alperovich aún omnipresente. El mini-Manzur suspiró, y otra vez regaló su futuro. Apenas LA GACETA hizo públicas sus intenciones de pagar $ 800.000 a una fundación inexistente en ese momento, el funcionario de hablar acelerado prometió investigar quiénes y por qué lo hicieron firmar algo que nunca debió haber firmado.
Pero 17 días de hacer mutis no son un buen augurio: ese, precisamente, es el tiempo que se lleva sin conocer los nombres de los presuntos profesionales que tomaron los cursos dictados por la ignota Fundación Salud, pese a que el Tribunal de Cuentas advirtió en su informe que nada en el cuestionado expediente certificaba la veracidad de esa información. ¿O habrá que interpretar esta mudez como un reconocimiento implícito de que no hay nadie más responsable que él en este desvarío administrativo?
Tal vez no pueda, no sepa o no quiera explicar algo que también correspondería a Manzur, quien lo dejó en Casa de Gobierno para que le haga de "campana". No en vano la sede de la fundación tiene un número telefónico a nombre de un funcionario -y hombre de extrema confianza- del vicegobernador en licencia. Sin embargo, Penna sólo se limitó a escribir un escueto e-mail desde la casilla institucional del Ministerio de Salud de la Nación. Y su jefe, el mismo que entabló la relación profesional entre el Gobierno y el odontólogo Héctor Silva Olivares, prefirió dedicar más minutos a acompañar a Alperovich en el posoperatorio que a aclarar una situación, cuanto menos, reñida con la ética pública.
Tardaron en recuperar la voz, pero en el Círculo Odontológico de Tucumán prefirieron hablar con disfonía antes que perder definitivamente el habla. La entidad se despegó de la Fundación Salud y en el Ministerio de Salud que preside Yedlin quedaron indignados por la "actitud desagradecida" del círculo, según la calificaron.
Si de desbarajuste se trata, las palabras de uno de los primeros integrantes de Funsal, el odontólogo Pedro Sisali, son más que elocuentes para aumentar las dudas sobre esa entidad. Dijo, según publicó LA GACETA, que sólo se sumó en un principio para colaborar pero que, al poco tiempo, renunció a la Fundación Salud, lapso durante el que no participó de ninguna asamblea y durante el que nunca conoció una sede formal.
Sin embargo, el tiempo pasa y en los Tribunales nadie pide la palabra. En realidad, apenas un puñado de días menos que Yedlin lleva de silencio la Justicia, porque lo único que hasta el momento se hizo fue cambiar de manos un expediente: de la fiscala María de las Mercedes Carrizo a su par Carlos Sale, quien deberá ahora entender en la única denuncia penal que se presentó en contra de Manzur, de Yedlin, de Penna y de Silva Olivares, por este tema.
Demasiados gritos
El gobernador buscará recuperar fuerzas por una semana más en Buenos Aires. Reflexivo, quienes lo frecuentaron durante su reposo en un departamento de Recoleta cuentan que ve 2011 cada más lejano, pese a que el calendario marca otra realidad.
Alperovich nunca optó por el silencio, pero de tanto reafirmar su pertenencia al kirchnerismo terminó por atar su futuro a un resultado. Tampoco es cuestión de hablar de más. Si no, en caso de que el enflaquecido ex presidente Kirchner le pida que integre una fórmula presidencial, el gobernador preferirá haberse quedado sin habla. Ese es su principal dilema. A tanto llega su hermetismo que ninguna de las cuatro o cinco personas que más horas al día pasan con él saben hacia dónde apunta.
Algunos deslizan que la re-reelección no lo seduce tanto. Pero, en ese caso, la lista de potenciales -según su particular parámetro de valores- tampoco lo ilusiona: la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich, el ministro -siempre bien ubicado- Osvaldo Jaldo y el vicegobernador que no ejerce, Juan Manzur. ¿Y el intendente Domingo Amaya? Al alcalde de la ciudad el rojkesismo aún le pasa las facturas por seguir los consejos del talibán Germán Alfaro: recurrir a más que el silencio durante la elección de aquel 28 de junio de 2009 en la que la primera dama encabezó la lista oficial.
Alperovich debe resolver otra cuestión. ¿Es posible que juegue a dos puntas? Difícil, hasta desde el punto de vista cronológico. Si le piden que integre una fórmula nacional le costará decir que no, aunque hoy por hoy ese sea su mayor deseo. Pero si acepta, las internas que impuso el kirchnerismo para definir las candidaturas se deberían realizar durante agosto. Es decir, muy cerca de las elecciones generales provinciales. ¿Podrá repartirse? Ni siquiera él lo sabe. Por eso opta por el más crudo silencio.
Callados
Cristina, recluida en El Calafate para huir de la derrota; Alperovich, en reposo y con la incertidumbre de no saber qué vendrá; Yedlin, como si no hubiese firmado nada incorrecto; Manzur, más preocupado por 2011 que por la improlijidad de su ahijado político. Peor aún, la Justicia, como si la sociedad no mereciera una respuesta ante tanta mudez.
El silencio es insoportable. Basile no habló a tiempo, y se tuvo que ir callado. Los diputados Alfaro y Díaz comparten vuelos semanales, pero casi no se hablan. Nadie dialoga, nadie explica. Es la realidad; algo se desmorona.






