25 Febrero 2010 Seguir en 
LA HABANA.- La muerte del albañil Orlando Zapata Tamayo, un disidente de 42 años que se hallaba en prisión desde 2003, desató una oleada de arrestos de opositores en la isla y, al mismo tiempo, fuertes manifestaciones de repudio en varios países del mundo contra el régimen castrista. Zapata Tamayo figuraba en su lista de presos de conciencia de Amnistía Internacional (AI).
Unos 30 disidentes han sido detenidos o retenidos en sus casas para evitar que asistan al funeral de Zapata Tamayo, que murió el martes luego de 83 días en huelga de hambre y fue sepultado ayer.
Reclamaba sus derechos
Según denunció la Comisión Cubana de Derechos Humanos, una organización no reconocida en Cuba, la represión policial se centró en la ciudad de Holguín, donde recibió sepultura el obrero, uno de los presos de la denominada Primavera Negra de 2003, que se había declarado en huelga de hambre el 3 de diciembre en un penal de Camagüey. Exigía sus derechos como preso. Murió en un hospital de La Habana. Los médicos supuestamente trataron de revertir el cuadro introduciéndole sueros por vía intravenosa. Según fuentes anticastristas, la muerte, que calificaron de homicidio, se hubiese evitado mediante un tratamiento médico apropiado.
En un primer momento, el albañil había sido condenado a tres años de prisión por participar de una huelga de hambre, pero la sentencia se amplió hasta 25 años de cárcel al sumarse cargos en su contra, como desacato, desorden público o resistencia, denunció AI.
Mediante un comunicado en el sitio web oficial, el presidente cubano, Raúl Castro, lamentó la muerte de Zapata Tamayo, que atribuyó a la mala relación de Cuba con Estados Unidos, y negó que en la isla se practique la tortura, como denunciaron fuentes opositoras. "Eso sucede en la base de Guantánamo", dijo Castro, que ayer visitó junto con su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, el puerto de Mariel, 40 kilómetros al oeste de la capital. Lula evitó comentar la muerte del disidente. Se limitó a ver las obras de modernización del puerto, financiadas en parte por Brasil, que también planea otras inversiones en la isla. (DPA)
Unos 30 disidentes han sido detenidos o retenidos en sus casas para evitar que asistan al funeral de Zapata Tamayo, que murió el martes luego de 83 días en huelga de hambre y fue sepultado ayer.
Reclamaba sus derechos
Según denunció la Comisión Cubana de Derechos Humanos, una organización no reconocida en Cuba, la represión policial se centró en la ciudad de Holguín, donde recibió sepultura el obrero, uno de los presos de la denominada Primavera Negra de 2003, que se había declarado en huelga de hambre el 3 de diciembre en un penal de Camagüey. Exigía sus derechos como preso. Murió en un hospital de La Habana. Los médicos supuestamente trataron de revertir el cuadro introduciéndole sueros por vía intravenosa. Según fuentes anticastristas, la muerte, que calificaron de homicidio, se hubiese evitado mediante un tratamiento médico apropiado.
En un primer momento, el albañil había sido condenado a tres años de prisión por participar de una huelga de hambre, pero la sentencia se amplió hasta 25 años de cárcel al sumarse cargos en su contra, como desacato, desorden público o resistencia, denunció AI.
Mediante un comunicado en el sitio web oficial, el presidente cubano, Raúl Castro, lamentó la muerte de Zapata Tamayo, que atribuyó a la mala relación de Cuba con Estados Unidos, y negó que en la isla se practique la tortura, como denunciaron fuentes opositoras. "Eso sucede en la base de Guantánamo", dijo Castro, que ayer visitó junto con su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, el puerto de Mariel, 40 kilómetros al oeste de la capital. Lula evitó comentar la muerte del disidente. Se limitó a ver las obras de modernización del puerto, financiadas en parte por Brasil, que también planea otras inversiones en la isla. (DPA)
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