Una réplica sembró el pánico en Haití

El presidente René Préval admitió en México que la cifra de muertos por el terremoto puede llegar a 300.000. Un sismo de 4,5 grados en la escala de Richter sacudió la tierra en la madrugada de ayer. No se reportaron víctimas

LEJOS DE PUERTO PRINCIPE. En las lomas de los cerros se multiplican las casuchas construidas por los sobrevivientes del terremoto del 12 de enero.
LEJOS DE PUERTO PRINCIPE. En las lomas de los cerros se multiplican las casuchas construidas por los sobrevivientes del terremoto del 12 de enero.
23 Febrero 2010
PUERTO PRINCIPE.- Los haitianos trataban anoche de reponerse del pánico que los sobrecogió a la madrugada, cuando una réplica del sismo que el 12 de enero dejó más de 200.000 muertos volvió a sacudir la capital. El temblor, de 4,5 grados Richter, es el tercero que estremece al país caribeño tras el terremoto de 7 grados Richter que produjo una catástrofe de magnitud inconmensurable.
Horas antes del sismo, que tuvo epicentro a 35 km de Puerto Príncipe y a 10 km de profundidad, el presidente René Préval decía en Cancún, México, durante un encuentro de los Estados caribeños, que aún hay muchos cadáveres sepultados y que podría llegar a 300.000 la cifra de muertes. "Han visto las imágenes, conocen las cifras: más de 200.000 cuerpos recogidos en las calles. Contando los que todavía están bajo los escombros, quizá llegaremos a los 300.000 muertos", dijo a sus colegas.

Brotan asentamientos
Entre tanto, a los pies de rocosos cerros al norte de la capital brotan nuevos asentamientos mientras los sobrevivientes escapan del caos claustrofóbico y repleto de escombros de la golpeada Puerto Príncipe. Guiados por pastores evangélicos, varios miles de víctimas del terremoto, algunos con poco más que la ropa puesta, han levantado viviendas de marcos de madera cubiertos con tela o plástico en parcelas marcadas con machetes en la tierra seca. "No hay nada aquí, es un desierto, pero nos sentimos más seguros", dijo Jean Oswald Estcyr, mientras sus familiares levantaban los soportes de madera que enmarcarán su nuevo hogar. En los cerros se construyen cientos de casuchas similares. Se veían iguales a los campamentos instalados en la capital, sólo que varios kilómetros afuera, en una tierra inhabitada que no queda muy lejos de las fosas comunes que contienen miles de cadáveres.

La capital apesta
Las demoras en la entrega de ayuda humanitaria, especialmente materiales de albergue para protegerse contra las lluvias que se avecinan, han impulsado a muchos sobrevivientes a huir del hedor y miseria de la capital paralizada para buscar lugares donde vivir en llanuras estériles en el norte. "En Puerto Príncipe, un montón de casas están destruidas y hay mucha gente viviendo entre los escombros. Apesta", dijo Britus Jeancean, un albañil de 32 años, explicando por qué él y su familia eligieron mudarse a un terreno baldío y lleno de maleza. Sin embargo, los nuevos asentamientos representan otro dolor de cabeza para la operación de socorro internacional, que lucha por hacer llegar comida, agua y láminas de plástico a más de un millón de personas sin hogar. "Necesitamos carpas, lonas, cisternas de agua, baños. Quisimos vivir mejor y podemos hacerlo, si tenemos ayuda", dijo Jeancean.
La Unión Europea anunció una ayuda de U$S 420 millones. "La crisis no ha pasado", dijo un funcionario en Bruselas. (DPA)

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios