Demasiado azar

Las diferencias de opinión entre vecinos asustados y comisarios presionados, y entre estadísticas y hechos de inseguridad, muestran la crisis del modelo policial vigente.

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 07 Febrero 2010
"...cuando remontaban el arma, sentí que me decían: ’no sólo me voy a llevar lo que laburaste, me voy a llevar tu vida’ ". (María Magdalena Medina, víctima de asalto).

La impresionante experiencia que atravesaron María Magdalena Medina y su hijo, dueños del quiosco de sándwiches de milanesa de Ejército del Norte y Santa Fe, dejó con los pelos de punta a los vecinos de Villa Luján. El jueves a la madrugada, al regresar tarde a casa -a una cuadra del quiosco- fueron asaltados por dos (presuntos) motoarrebatadores. Hubo un forcejeo y un disparo y murió uno de los agresores. Ahora la víctima, que nunca antes había sufrido la inseguridad, tiene miedo de reabrir el quiosco. "En el barrio nos sentimos desprotegidos -dice-; esto nos quitó la tranquilidad de salir a caminar por la calle en paz".

Voces contrapuestas

El caso detonó comentarios disímiles entre los responsables de la Policía y los vecinos. Los comisarios, sorprendidos, afirmaron que los robos bajaron un 60% en comparación con el año pasado y los vecinos dieron su opinión inquieta: "en esta zona proliferaron los comercios pero la vigilancia no aumentó" (sentenció Miguel Cáceres); "después de las 10 de la noche esto es tierra de nadie" (Melina Sánchez, de una agencia de quiniela). ¿Quién tendrá la razón? ¿Los vecinos asustados o los policías presionados por dos hechos conmocionantes (el mortal asalto del jueves y el crimen de Silvia de Roselló, de hace dos meses, en barrio Ciudad Parque)?

El comisario Héctor Medina, de la seccional 7a, exhibió sus estadísticas y dijo que disminuyeron los arrebatos (con lo que el caso del jueves sería una singularidad); el comisario Humberto Ruezgas, de la Regional Capital, opinó que los robos en casas se redujeron en un 20% en barrio Norte y barrio El Bosque; y en estos días también se difundió una estadística de la Policía de Yerba Buena: el comisario Carlos Paz de esa ciudad señaló que en este enero casi no hubo "escruches" en las viviendas, con lo que se dio a entender que funcionó lo que ellos llaman el plan de seguridad.

En su contra estuvieron noticias de violentos asaltos como el que sufrieron una empresaria de la Rinconada, y una almacenera de villa 9 de Julio, los robos en las casas del barrio 120 Viviendas (de Yerba Buena) y de Lomas del Mirador (Villa Carmela).

Estos casos podrían entrar en otras estadísticas, las que elabora mensualmente en Buenos Aires el Laboratorio de Investigaciones sobre Crimen, Instituciones y Políticas (Licip), dependiente de la Universidad Torcuato di Tella, que en diciembre destacó que el índice de victimización en Tucumán, Rosario, Córdoba y Mendoza fue del 41,4%, es decir 4,2 puntos porcentuales por arriba del nacional, que fue del 37,2%.

En contra del optimismo policial también estuvo la impresionante pueblada de Ciudad Alberdi en reclamo por la inseguridad, que derivó en el desplazamiento del comisario de la zona y en una fuerte reestructuración de la comisaría. El descontrol sobre lo que ocurría era tan grande que las mismas autoridades reconocieron que los agentes cumplían servicios adicionales, contratados por vecinos, pero no respondían cuando llamaba alguien y pedía ayuda. Tampoco había policías de Patrulla Motorizada (llegaba sólo hasta Aguilares). A partir de la última semana de enero se suspendieron los servicios adicionales en esa ciudad y se ordenó que se hicieran patrullajes.

Fuentes diferentes

Vecinos y policías tienen visiones disímiles, como distintos parecen ser los hechos y las estadísticas. En lo que respecta al Licip, las cifras salen de pequeñas encuestas sobre victimización y entrevistas hechas en hogares de 40 centros urbanos del país, con preguntas del tipo "¿algún miembro de su familia fue víctima de un delito en los últimos 12 meses?"

En lo que respecta a la Policía, las estadísticas salen de las denuncias que han recibido y que, evidentemente, compararon con las del año pasado. ¿Son confiables? Lo son tanto como las denuncias vecinales en contra y ciertos detalles que inquietan acerca de los protocolos que se manejan en este asunto de la seguridad. La misma María Magdalena Medina, al relatar su odisea, contó que en la madrugada del asalto sorprendieron además a un ladrón de estéreos sacando el aparato del taxi de su hermano. A cambio de que devolviera lo robado, la víctima no hizo la denuncia y el policía accedió a dejar ir al ladrón. Lo que se dice un ejemplo de protocolo laboral policial.

Estas visiones distintas y estas estadísticas contrapuestas no dejan respirar. Parecen darle la razón al personaje Chris, de la película "Match point", de Woody Allen, cuando dice que "la gente teme reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte... da miedo pensar que sea tanto sobre lo que no tenemos control". Así lo ve Sofía Racedo, la resignada (pero valiente) almacenera asaltada y golpeada en villa 9 de Julio el lunes pasado: "cuando te toca, te toca. En esta zona ya son varios los negocios que cerraron culpa de los robos, y eso que estamos a tres cuadras de la comisaría".

El válido temor de los vecinos inquietos por la inseguridad se asemeja a esa tensa incertidumbre; pero también se le parecen las corridas de los policías de un lado a otro para tratar de resolver los reclamos vecinales como el de Alberdi, el del caso Roselló en barrio Ciudad Parque (a partir del crimen hay policías recorriendo ese vecindario) que terminan desacreditando todas las afirmaciones sobre planes de seguridad. Esto se parece mucho más a parches puestos para la emergencia, al menos en estos casos surgidos de la misma dura contingencia.

En el modelo policial vigente, parece que no hay otro remedio, porque se aplican las mismas recetas de siempre, tan insistentes como la desesperación que dicta la presión por los resultados: en la búsqueda de "Garrón" Romero, el sospechoso del crimen de Silvia Castillo de Roselló, los policías se la pasan haciendo barridos multitudinarios en "la Bombilla", hasta ahora, sin éxito.

Este modelo surgido de la lógica policial es el que adolece de varias fallas. Una entra dentro de la crítica del juez Raúl Zaffaroni a la falta de estadísticas en los planes de seguridad. Hace pocos meses dijo claramente que la Policía no hace estadísticas y trabaja según su intuición, a ojo (esto es, discrecionalmente), con lo cual se puede poner en duda las cifras de suba o de baja de delitos. ¿Por qué no se cambian estos criterios, si hay en el Estado oficinas que, en teoría, trabajan seriamente en estadísticas, como la Secretaría de Planeamiento?

Otra falla es la de los controles a los mismos policías, como quedó evidenciado en el caso de Alberdi. La cirugía mayor que se hizo en esa ciudad es un poco más amplia que la que se aplicó en el barrio Ciudad Parque, pero no difiere demasiado, excepto que en este caso fue removido el jefe de la comisaría. Hasta que haya un nuevo escándalo o una nueva protesta masiva.

Sobre la red

El modelo implica una forma de trabajo sin certidumbres, que seguirá generando las dudas entre los hechos y las cifras, los vecinos y los policías. Al comienzo de la película "Match point", el personaje de Woody Allen grafica con una comparación tenística la inestabilidad personal ante los desafíos de la vida: "hay momentos en un partido en que la pelota alcanza a pegar en la red... y en una décima de segundo sigue su trayectoria o bien cae hacia atrás. Con un poco de suerte, sigue su trayectoria y ganas, o tal vez no y pierdes".

A menos que las autoridades puedan dar otras seguridades, María Magdalena Medina, como otros vecinos, está aprendiendo a lidiar con esto: "me apuntaron y eso es muy fuerte -dijo-. Pero tengo hijos y no hay derecho a que me destroce trabajando para que me pase esto. Mi vida no era esa cartera que me quitaron. Es mi familia".

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