Una votación contra inundaciones

Algunas ciudades del norte uruguayo están anegadas y hubo demoras para abrir las mesas. En Montevideo reina la tranquilidad. Por Irene Benito.

29 Noviembre 2009
MONTEVIDEO, Uruguay.- Esperaban sol, pero el día se puso brumoso, oscuro y a las 11.30 (las 10.30 de Argentina) finalmente llovió durante la segunda vuelta que definirá la fórmula de gobierno para los próximos cinco años. El fenómeno meteorológico no es una obsesión trivial para un país inundado en el litoral norte por la crecida de los ríos Uruguay y Cuareim.

Las autoridades de la Corte Electoral ?órgano a cargo de la supervisión de las elecciones- había dispuesto un operativo especial para que los 6.000 ciudadanos evacuados puedan votar en el ballottage. Una flota de helicópteros y lanchas e improvisados centros de votación fueron preparados para asistir a la población afectada con el afán de impedir que la catástrofe natural derive en una desgracia cívica.

“El uruguayo vota porque es obligatorio pero, sobre todo, por convicción”, comenta un montevideano mostrando orgulloso los sellos que acumula su credencial. Esta identificación oficial con fines electorales ?no sirve como DNI- registra la zona, número de padrón y datos personales del ciudadano. Y los sellos que prueban que el titular participó de los comicios.

La inasistencia trae aparejada una multa de una “unidad reajustable” de 420 pesos uruguayos (70 pesos argentinos) la primera vez; en el caso de reincidencia, la penalidad se multiplica por tres. La credencial es requerida por las empresas para constatar la condición de “ciudadano” del aspirante a un puesto de trabajo y por las oficinas públicas antes de autorizar diversos trámites (como subsidios).

Ya sea por una cuestión de conciencia o por la efectiva aplicación del castigo para el que no vota, el nivel de abstención es históricamente irrisorio: no supera el 3% de los empadronados. La participación masiva ha transformado el domingo de Montevideo en un día hábil de tránsito febril. El movimiento en las calles comenzó incluso antes de que fuesen abiertas las mesas (a las 8). En el dispensario donde votó José Mujica, candidato presidencial del oficialista Frente Amplio, hubo cola desde las 7.30. El dirigente tuvo que esperar su turno como un ciudadano común, y cumplir el deber electoral en medio de un enjambre de periodistas y simpatizantes del que le costó trabajo salir.

Del clima ?el pronóstico anunciaba precipitaciones moderadas- depende que el ballottage llegue a término sin incidentes (hay 2.563.428 votantes empadronados, según la Corte Electoral). Pese a que Mujica y su contendiente, el ex presidente conservador Luis Lacalle, representan corrientes ideológicas opuestas, en las calles reina un ambiente de paz. La meteorología democrática no peligra en Uruguay. LA GACETA ©

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