Una olla a presión a fuego lento

Alperovich supo frenar el conflicto a tiempo. Ya había comenzado a perjudicar su imagen y la de la provincia. El radical Cano afronta uno de sus grandes desafíos. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.

Federico Diego van Mameren
Por Federico Diego van Mameren 29 Noviembre 2009
En Tucumán cuando cualquier tema ofende a algún ciudadano en el acto surge la reacción: "vamos a la plaza esta noche". Y, el inesperado brote de participación empieza a transmitirse en cuanto foro se encuentra en Internet o a través de los celulares. El razonamiento y el esclarecimiento de los hechos convocantes van más lento que los 200 kilobits por segundo con los que se transmiten los datos por la banda ancha.
Cuando el problema atraviesa las fibras y no refleja ni una fiebre de participación ni un enojo pasajero, los tucumanos se ponen la camiseta de ciudadanos y no suelta la causa, como una fiera con una presa en la boca.
El gobernador José Alperovich debiera aprender de su propia experiencia. En los primeros años de gestión las protestas fueron por sus negocios con Cristóbal López. El amigo del diputado electo Néstor Kirchner forzó todo lo que pudo hasta poner su casino. Los ciudadanos también porfiaron y convencieron al gobernador de que estaba haciendo una macana.
La otra gran movida de la sociedad ocurrió cuando el mandatario tucumano decidió desprenderse de edificios públicos del patrimonio provincial. Las marchas obligaron a suspender vacaciones a más de uno. Alperovich reflexionó, pidió disculpas y dio marcha atrás.
En el último semestre Tucumán se convirtió en la sombra de lo que había sido en materia de salud. Los profesionales del sector, con el apoyo ciudadano, fueron tomando las calles para torcerle el brazo al gobernador. Había dicho no hace mucho que "el único responsable del conflicto" era él. Y, él supo salir del laberinto. Había decidido aguantar hasta marzo. Ese mes era la última fecha que se había puesto el mandatario que no podía encontrarle la vuelta a una negociación difícil que sorprendió a su administración durmiendo la siesta. Nadie se imaginó que iba a estallar el conflicto y mucho menos que duraría tanto.
El gobernador debe haber comprendido que la protesta lo perjudicaba. Sumaba adeptos de la siempre indomable clase media, además afeaba la imagen de Tucumán y, por último, hizo mella en la popularidad del gobernador. Si tenemos en cuenta que Alperovich está en una carrera nacional, los tres puntos descriptos pesan más.

Ministro deshilachado
Este conflicto que pasó fue como la 125 con el gobierno nacional. El titular del Ejecutivo demoró en darse cuenta, pero cuando lo hizo, halló la solución. En cambio, es tan obsecuente el grupo que suele rodearlo que más de una vez lo confundieron. Los "sijosesistas", no duermen la siesta, sino la mona.
El martes por la mañana, en la casa del gobernador uno de los legisladores que se llegó hasta allí proponía dureza y seguir atacando a los médicos. A 50 cuadras los profesionales debatían en asamblea. Aún no llegaba la respuesta de los autoconvocados y ya proponían agresividad. Felizmente, esta vez Alperovich no los escuchó.
El ministro Pablo Yedlin debe ser quién más aprendió y el que más deshilachado quedó luego de estos meses. Pero no es el único: los directores de hospitales tienen tantos magullones que les va a costar restablecer su autoridad y por último ATSA, que quedó como si se le hubiera muerto el paciente.

Debajo de la crisis

La queja salarial sacó a luz más de una deficiencia en el área que presumía de ser la vedette de la gestión. En La Cocha se produjo el destape y se conocieron equivocaciones a la hora de mejorar al hospital.
Pero más grave aún es el padecimiento de los proveedores del nosocomio que funciona en Ranchillos. Más de uno colecciona papelitos con la firma de José Pereira y de Sergio Jiménez. No se trata de ídolos que les dan su autógrafo, sino del gerente y del responsable operativo del Banco del Tucumán que les rubrica el aviso de rechazo de cheque por no tener fondos suficientes disponibles en la cuenta.
No sólo los proveedores padecen en esa localidad sino también algunos empleados contratados que se sienten más maltratados que algunos trabajadores de la Escuela 221 de la localidad de Cruz de Arriba de Burruyacu.

Tour Juramento
Esta semana que ya se despidió el presidente del Ente de Turismo, Bernardo Racedo Aragón, se perdió en la discusión por la ruta que deben tomar las empanadas. El camino elegido no les gustó a los mellizos Orellana que dominan aquel municipio. Pero Racedo Aragón debería promover algún convenio con Buenos Aires e imponer el Tour Juramento. La jura de tres senadores (los peronistas Beatriz Rojkés y Sergio Mansilla y el radical José Cano) dejó sin autoridades a la provincia entre el jueves y el viernes. Hasta la primera clase de los aviones fue ocupada por "bettistas", "mansillistas" o "canistas" que no querían perderse la posibilidad de que los vean aplaudir a sus referentes.
Alperovich está acostumbrado a estos episodios, pero el mayor sacudón fue en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Para Juan Cerisola fueron dos días de paz ya que muchos de sus opositores se fueron a verlo a jurar a Cano.
La tranquilidad es una sensación que escasea en la UNT. Cerisola y su lugarteniente Florencio Aceñolaza, sentados sobre nitroglicerina cargan sus arcabuces contra la vicerrectora Luisa Rossi de Hernández y su batallón de ex funcionarios encabezados por Hugo Saab.
La fiebre del oro se les ha subido a la cabeza a los contendientes. A tal punto que sólo parecen poner atención a la pelea, a la discusión, a la paja en el ojo ajeno. Así le van quitando brillo y prestigio a la UNT. Se van durmiendo en cajones proyectos y sueños. Hasta el busto de Juan B. Terán se debe poner rojo de vergüenza por esta reyerta.
En cada minuto se cuentan cuántos decanos o cuántos votos están en juego a la hora de tomar una decisión. Las elecciones universitarias prometen escándalos antes que oxígeno democrático.
El juego tramposo no es sólo patrimonio de algunos pícaros de la UNT. En la Corte Suprema de Justicia descubrieron que los abogados practican algunas triquiñuelas para demorar algunas causas al no darse por notificado en sus casilleros de notificación. Las fallas del último tiempo donde hay letrados que dicen no tener el número que tienen o que ponen mal sus datos en los escritos y de esa manera ganan tiempos procesales es investigada por la Justicia con el fin de deslindar reponsabilidades de algunos empleados.

Dos caminos, dos José
En Tucumán todos los caminos conducen a José. Sean peronistas o radicales y, ¿por qué no?, independientes. En el oficialismo Alperovich suma a todos, no discrimina a nadie. Trata de sumar hasta el último dirigente aunque en su libreta de calificaciones tenga algunos rojos como el mismísimo y devaluado Fernando Juri.
El otro José juró este jueves a las 10 en el Senado. Pero sabe que carga una responsabilidad única. La oposición tucumana se encarna en él. No debería traicionar su origen de ganador donde las fuerzas extrapartidarias fueron más fieles que muchos correligionarios suyos. No deberá perderse en las internismo ni en peleas estériles. El campo, sectores de clase media a los que Alperovich desilusionó y el rectificado motor radical le advierten que seguramente él será el candidato a gobernador de la oposición.
En Tucumán se ha superado un problema gravísimo, pero la olla a presión se mantiene a fuego lento en el Ejecutivo, en la Universidad, en el peronismo y en el radicalismo. Demasiados desaguisados para una población que sentía que había superado la era del conflicto permanente.

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