29 Noviembre 2009 Seguir en 
MONTEVIDEO (Por Irene Benito).- Con la bandera uruguaya no se juega. La enseña del país oriental ondea siempre, haya o no elecciones. Pero la recurrente presencia de ondulados pabellones con rayas azules y blancas y un enorme sol amarillo en el costado izquierdo acentúa el clima de ballottage. También por esa entrañable bandera han polemizado el Partido Nacional y el Frente Amplio (FA) durante la campaña electoral que concluyó este viernes. El candidato presidencial frenteamplista José Mujica le reprochó a su rival, el ex presidente Luis Lacalle, el empleo partidista de un símbolo que pertenece al conjunto de la sociedad.
Tricolor (roja, azul y blanca) y artiguista, por el contrario, es la enseña de los simpatizantes del FA, coalición política de izquierda fundada en 1971, que llegó al poder por primera vez con el presidente Tabaré Vázquez. La inconfundible seña de identidad política decora termos de mate, protege gargantas cual pañuelos y hasta recubre el cuerpo -a modo de poncho- de decenas de uruguayos entre los miles que ayer abarrotaron los transbordadores que andan y desandan el Río de la Plata. "Mañana vamos a repetir la fiesta inolvidable de 2005", confía en voz alta una montevideana envuelta en la bandera del caudillo Artigas.
La unanimidad de las encuestas de intención de voto -todas anticipan el triunfo del FA- han convertido en mero trámite legal a la segunda vuelta de hoy entre el ex guerrillero tupamaro Mujica y el conservador Lacalle, los dos candidatos más votados el 25 de octubre. Aún así, muchos uruguayos con residencia en el país (conforman la primera comunidad en el extranjero, con casi 300.000 inmigrantes) han atravesado la frontera fluvial con el objetivo de votar.
"La diferencia más grande entre Argentina y Uruguay es la confianza de la gente en el sistema democrático: en Buenos Aires no nos creen cuando les decimos que viajamos para participar de las elecciones", explica pausadamente Carolina Gómez, diseñadora gráfica treintañera. Según su criterio, las elecciones son las únicas vías para conseguir cambios sociales. "Allá las vivimos como días de fiesta", apunta.
Las comparaciones son odiosas. Así justifican la condición del anonimato algunos pasajeros del barco de la compañía Buquebús que ayer por la madrugada zarpó desde el puerto porteño. Una docente coloniense afincada en La Plata echa de menos el compromiso político e ideológico del terruño. Ejemplifica: "cualquier alumno de la escuela secundaria de Uruguay puede decir los nombres de al menos tres ministros. En Argentina, esos chicos son una excepción". Su pareja corrobora esa percepción: "siento que ganaron aquellos a los que les conviene que la población sea políticamente indiferente. ¡Estamos jorobados si perdemos nuestras banderas!".
Otro maestro uruguayo, Alvaro Cabeza de Núñez, de 54 años y casado con una tucumana nacida en Tafí del Valle, dice que el escepticismo argentino se debe al agotamiento de la "reserva cultural". Con estas palabras hace referencia al deterioro persistente de la educación. "Uruguay tiene ventajas en ese sentido: vote a quien vote, la mayoría entiende que este tema es la espina dorsal de la sociedad. La prueba es el 'Plan Ceibal', que distribuyó computadoras personales a todos los alumnos de la primaria pública", define.
Uruguay goza del beneficio de la pequeña escala. "Tres millones y medio de habitantes contra 40", precisa el montevideano Raúl Martínez, portero de un edificio de Buenos Aires. "Las realidades de los dos países son muy distintas por una cuestión de tamaño. Pero, además, la izquierda kirchnerista no tiene una visión del futuro", dice.
La tierra firme inmoviliza el salpicado de banderas de las embarcaciones. Los colores patrios y partidarios interrumpen el verde de los campos de las afueras de la capital uruguaya.
En la ciudad, el espíritu cívico se adueña de las ventanas de los edificios y de las antenas de los autos. Pequeños puestos callejeros venden enseñas desde 50 pesos uruguayos ($ 8,30 argentinos). Las banderas vuelan con especial entusiasmo en Montevideo. Y no es un estribillo comercial.
Datos de los comicios
Votantes.- Son 2.563.397 los electores habilitados para concurrir a las 6.870 mesas de votación.
De una orilla a otra.- Según datos oficiales, de los 300.000 uruguayos residentes en Argentina, unos 40.000 están empadronados para participar de las elecciones de hoy.
Sondeos.- Las últimas estimaciones electorales realizadas en Uruguay le daban una ventaja de entre 6 y 8 puntos a Mujica sobre Lacalle.
Continuidad o cambio.- Hoy los uruguayos determinarán si continúa en el poder el oficialismo de izquierda que representa Mujica, o si se le hace lugar a un dirigente de centroderecha como Lacalle, que está acompañado en su fórmula por Jorge Larrañaga. Al ex líder tupamaro lo acompaña Danilo Astori.
Tricolor (roja, azul y blanca) y artiguista, por el contrario, es la enseña de los simpatizantes del FA, coalición política de izquierda fundada en 1971, que llegó al poder por primera vez con el presidente Tabaré Vázquez. La inconfundible seña de identidad política decora termos de mate, protege gargantas cual pañuelos y hasta recubre el cuerpo -a modo de poncho- de decenas de uruguayos entre los miles que ayer abarrotaron los transbordadores que andan y desandan el Río de la Plata. "Mañana vamos a repetir la fiesta inolvidable de 2005", confía en voz alta una montevideana envuelta en la bandera del caudillo Artigas.
La unanimidad de las encuestas de intención de voto -todas anticipan el triunfo del FA- han convertido en mero trámite legal a la segunda vuelta de hoy entre el ex guerrillero tupamaro Mujica y el conservador Lacalle, los dos candidatos más votados el 25 de octubre. Aún así, muchos uruguayos con residencia en el país (conforman la primera comunidad en el extranjero, con casi 300.000 inmigrantes) han atravesado la frontera fluvial con el objetivo de votar.
"La diferencia más grande entre Argentina y Uruguay es la confianza de la gente en el sistema democrático: en Buenos Aires no nos creen cuando les decimos que viajamos para participar de las elecciones", explica pausadamente Carolina Gómez, diseñadora gráfica treintañera. Según su criterio, las elecciones son las únicas vías para conseguir cambios sociales. "Allá las vivimos como días de fiesta", apunta.
Las comparaciones son odiosas. Así justifican la condición del anonimato algunos pasajeros del barco de la compañía Buquebús que ayer por la madrugada zarpó desde el puerto porteño. Una docente coloniense afincada en La Plata echa de menos el compromiso político e ideológico del terruño. Ejemplifica: "cualquier alumno de la escuela secundaria de Uruguay puede decir los nombres de al menos tres ministros. En Argentina, esos chicos son una excepción". Su pareja corrobora esa percepción: "siento que ganaron aquellos a los que les conviene que la población sea políticamente indiferente. ¡Estamos jorobados si perdemos nuestras banderas!".
Otro maestro uruguayo, Alvaro Cabeza de Núñez, de 54 años y casado con una tucumana nacida en Tafí del Valle, dice que el escepticismo argentino se debe al agotamiento de la "reserva cultural". Con estas palabras hace referencia al deterioro persistente de la educación. "Uruguay tiene ventajas en ese sentido: vote a quien vote, la mayoría entiende que este tema es la espina dorsal de la sociedad. La prueba es el 'Plan Ceibal', que distribuyó computadoras personales a todos los alumnos de la primaria pública", define.
Uruguay goza del beneficio de la pequeña escala. "Tres millones y medio de habitantes contra 40", precisa el montevideano Raúl Martínez, portero de un edificio de Buenos Aires. "Las realidades de los dos países son muy distintas por una cuestión de tamaño. Pero, además, la izquierda kirchnerista no tiene una visión del futuro", dice.
La tierra firme inmoviliza el salpicado de banderas de las embarcaciones. Los colores patrios y partidarios interrumpen el verde de los campos de las afueras de la capital uruguaya.
En la ciudad, el espíritu cívico se adueña de las ventanas de los edificios y de las antenas de los autos. Pequeños puestos callejeros venden enseñas desde 50 pesos uruguayos ($ 8,30 argentinos). Las banderas vuelan con especial entusiasmo en Montevideo. Y no es un estribillo comercial.
Datos de los comicios
Votantes.- Son 2.563.397 los electores habilitados para concurrir a las 6.870 mesas de votación.
De una orilla a otra.- Según datos oficiales, de los 300.000 uruguayos residentes en Argentina, unos 40.000 están empadronados para participar de las elecciones de hoy.
Sondeos.- Las últimas estimaciones electorales realizadas en Uruguay le daban una ventaja de entre 6 y 8 puntos a Mujica sobre Lacalle.
Continuidad o cambio.- Hoy los uruguayos determinarán si continúa en el poder el oficialismo de izquierda que representa Mujica, o si se le hace lugar a un dirigente de centroderecha como Lacalle, que está acompañado en su fórmula por Jorge Larrañaga. Al ex líder tupamaro lo acompaña Danilo Astori.







