16 Noviembre 2009 Seguir en 
Marihuana. Cocaína. Psicofármacos. Más allá de la droga que escojan, los presos que consumen estupefacientes en el penal de Villa Urquiza buscan escapar, al menos en su mente, del obligado encierro, según le explicó a LA GACETA el especialista Luis Carbonetti, jefe del servicio de prevención y asistencia de adicciones del Hospital Avellaneda. "A nivel biológico, estas sustancias actúan igual en las personas que están privadas de la libertad y en las que no. Pero también hay cuestiones subjetivas, que pueden variar según la historia de vida del individuo", explicó.
Carbonetti es el encargado de asistir a varios de los internos de Villa Urquiza que, por orden de la Justicia, deben recibir asistencia para superar su drogodependencia. "Si hay un interno que cometió un delito, y va a Villa Urquiza teniendo antecedentes de consumo, puede ser enviado al hospital mediante un oficio, y nuestros especialistas se encargan de analizar cada caso particular", explicó.
En ese sentido, se excusó de brindar datos sobre los reos que actualmente son pacientes suyos. "Debo ajustarme al secreto profesional", aclaró.
Estudios
Según un informe realizado por la sala II de la Cámara Penal el año pasado, el 65% de los presos analizados (114 en aquel caso) habían consumido marihuana, cocaína, psicofármacos y hasta morfina.
El análisis fue llevado a cabo luego de que los vocales Emilio Herrera Molina y Alberto Piedrabuena advirtieran que muchos de los reos que entrevistaban evidenciaban signos de haber consumido estupefacientes. Por ello, luego de un acuerdo entre la Secretaría de Adicciones de la Provincia y la Dirección de Institutos Penales, llevaron a cabo el estudio, que fue difundido en octubre por LA GACETA. Desde que se dieron a conocer los preocupantes resultados, afirman fuentes de la penitenciaría, se recrudecieron las requisas y los controles en la cárcel. Sin embargo, la droga sigue entrando al penal, según queda evidenciado por los últimos operativos llevados a cabo dentro de la cárcel.
En el último mes, fueron procesadas por la Justicia Federal 22 reclusos de distintas penitenciarías por tenencia de estupefacientes. Cuando fueron indagados, según fuentes judiciales, ninguno de ellos aportó datos relevantes para la investigación. "Se rigen por el código carcelario", afirman los investigadores. Por ello, aún no se pudo determinar quién introduce las sustancias ilegales a la cárcel.
El último procedimiento del cual se tuvo conocimiento se produjo durante la madrugada del sábado, cuando un reo de 28 años fue interceptado en un pasillo de la unidad 2 por cuatro guardiacárceles. El interno, que llevaba un balde con ropa, debería haber estado en el calabozo a esa hora, y por eso los empleados penitenciarios no dudaron en requisarlo. Dentro del recipiente llevaba ropa; pero, además, 25 gramos de cocaína (equivalente a dos "tizas"), 64 pastillas tranquilizantes y un teléfono celular. El hombre quedó a disposición del juez federal Daniel Bejas.
Según la hipótesis oficial del director de la cárcel, Roberto Guyot, quienes introducen la droga a la cárcel son los familiares de los reclusos durante los días de visita, que concurren los miércoles, los jueves y los domingos. En las últimas semanas, no hubo parientes de presos sorprendidos con droga en su poder.
Carbonetti es el encargado de asistir a varios de los internos de Villa Urquiza que, por orden de la Justicia, deben recibir asistencia para superar su drogodependencia. "Si hay un interno que cometió un delito, y va a Villa Urquiza teniendo antecedentes de consumo, puede ser enviado al hospital mediante un oficio, y nuestros especialistas se encargan de analizar cada caso particular", explicó.
En ese sentido, se excusó de brindar datos sobre los reos que actualmente son pacientes suyos. "Debo ajustarme al secreto profesional", aclaró.
Estudios
Según un informe realizado por la sala II de la Cámara Penal el año pasado, el 65% de los presos analizados (114 en aquel caso) habían consumido marihuana, cocaína, psicofármacos y hasta morfina.
El análisis fue llevado a cabo luego de que los vocales Emilio Herrera Molina y Alberto Piedrabuena advirtieran que muchos de los reos que entrevistaban evidenciaban signos de haber consumido estupefacientes. Por ello, luego de un acuerdo entre la Secretaría de Adicciones de la Provincia y la Dirección de Institutos Penales, llevaron a cabo el estudio, que fue difundido en octubre por LA GACETA. Desde que se dieron a conocer los preocupantes resultados, afirman fuentes de la penitenciaría, se recrudecieron las requisas y los controles en la cárcel. Sin embargo, la droga sigue entrando al penal, según queda evidenciado por los últimos operativos llevados a cabo dentro de la cárcel.
En el último mes, fueron procesadas por la Justicia Federal 22 reclusos de distintas penitenciarías por tenencia de estupefacientes. Cuando fueron indagados, según fuentes judiciales, ninguno de ellos aportó datos relevantes para la investigación. "Se rigen por el código carcelario", afirman los investigadores. Por ello, aún no se pudo determinar quién introduce las sustancias ilegales a la cárcel.
El último procedimiento del cual se tuvo conocimiento se produjo durante la madrugada del sábado, cuando un reo de 28 años fue interceptado en un pasillo de la unidad 2 por cuatro guardiacárceles. El interno, que llevaba un balde con ropa, debería haber estado en el calabozo a esa hora, y por eso los empleados penitenciarios no dudaron en requisarlo. Dentro del recipiente llevaba ropa; pero, además, 25 gramos de cocaína (equivalente a dos "tizas"), 64 pastillas tranquilizantes y un teléfono celular. El hombre quedó a disposición del juez federal Daniel Bejas.
Según la hipótesis oficial del director de la cárcel, Roberto Guyot, quienes introducen la droga a la cárcel son los familiares de los reclusos durante los días de visita, que concurren los miércoles, los jueves y los domingos. En las últimas semanas, no hubo parientes de presos sorprendidos con droga en su poder.







