Julio Rodríguez Anido no tiene dudas acerca de cuándo comenzó la caída de la Argentina. Ubica el declive del modelo de país próspero en el golpe de Estado contra Juan Domingo Perón, en 1955, período de decadencia que -afirma- terminó consolidado, irónicamente, por otro presidente justicialista: Carlos Menem, en los 90.
"El derrocamiento de Perón fue un quiebre histórico. Hasta entonces, tenían gran valor las transformaciones educativas y sociales, la producción fabril, la generación de energía y la justicia social. Esos paradigmas se rompieron pese a nuestra resistencia. Si hubieran seguido, hoy tendríamos un sistema agroindustrial como Australia, un desarrollo atómico como Canadá, el nivel automotriz y aeronáutico francés y habríamos logrado la integración social en un proyecto nacional", sostuvo.
El ex candidato a gobernador en 1973 regresó a Tucumán para participar de las jornadas preparatorias al VIII Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos, organizadas por Madres de Plaza de Mayo en el Museo de la UNT, mañana y el sábado. El dirigente justicialista lamentó la existencia de múltiples fracturas colectivas. "Nos llevó a ser una sociedad extremadamente individualista y es muy difícil hablar de proyectos colectivos: lo común oír de luchas internas", le dijo a LA GACETA.
- ¿Cuál es el modelo de desarrollo al que aspira?
- No es sólo crecimiento económico, que alcanza con dos períodos de evolución del PBI. Es mucho más amplio: implica lo político, es decir, la participación de todos en la construcción del país. Acá subsisten las enormes diferencias entre las clases sociales. Unos tienen 100.000 hectáreas de tierra y otros tienen hambre y de sed; urge una reforma agraria.
- ¿Cómo se alcanza esa idea?
- Hay que reconstruir muchas cosas, porque la concepción global de sociedad se esfumó hace 54 años. No se nos permitió avanzar y retrocedimos. Estábamos a la par de Brasil, y ahora hay una enorme distancia, podríamos ser una de sus provincias.
- ¿Cuál es su lectura del Gobierno nacional?
- Tengo algunos amigos que son funcionarios, pero también los tuve en el gobierno de Menem, que fue el peor que hubo. No habrá solución mientras no haya un gran pacto social en la Argentina, amplio y para todos los sectores, para que el país sea lo que realmente puede ser. Hasta tanto, seguiremos dando tumbos, sea quien sea esté en la gestión.
- Parece que ningún sector tiene interés en buscar esos acuerdos...
- Tal vez seamos como una pelota, que rebota cuando toca fondo.
- ¿Qué implica una reforma agraria actualmente?
- No es repartir el suelo: eso fracasó. La agricultura desapareció como tal en los países desarrollados y fue reemplazada por la agroindustria, que comienza con la educación y el crédito, y sigue con semillas de alto rendimiento y maquinaria especializada. Luego, se llega a la tierra y a la siembra. Después está la distribución y la comercialización asegurada en mercados nacionales e internacionales. Todo está protegido por los gobiernos, es falso que no intervengan.
"El derrocamiento de Perón fue un quiebre histórico. Hasta entonces, tenían gran valor las transformaciones educativas y sociales, la producción fabril, la generación de energía y la justicia social. Esos paradigmas se rompieron pese a nuestra resistencia. Si hubieran seguido, hoy tendríamos un sistema agroindustrial como Australia, un desarrollo atómico como Canadá, el nivel automotriz y aeronáutico francés y habríamos logrado la integración social en un proyecto nacional", sostuvo.
El ex candidato a gobernador en 1973 regresó a Tucumán para participar de las jornadas preparatorias al VIII Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos, organizadas por Madres de Plaza de Mayo en el Museo de la UNT, mañana y el sábado. El dirigente justicialista lamentó la existencia de múltiples fracturas colectivas. "Nos llevó a ser una sociedad extremadamente individualista y es muy difícil hablar de proyectos colectivos: lo común oír de luchas internas", le dijo a LA GACETA.
- ¿Cuál es el modelo de desarrollo al que aspira?
- No es sólo crecimiento económico, que alcanza con dos períodos de evolución del PBI. Es mucho más amplio: implica lo político, es decir, la participación de todos en la construcción del país. Acá subsisten las enormes diferencias entre las clases sociales. Unos tienen 100.000 hectáreas de tierra y otros tienen hambre y de sed; urge una reforma agraria.
- ¿Cómo se alcanza esa idea?
- Hay que reconstruir muchas cosas, porque la concepción global de sociedad se esfumó hace 54 años. No se nos permitió avanzar y retrocedimos. Estábamos a la par de Brasil, y ahora hay una enorme distancia, podríamos ser una de sus provincias.
- ¿Cuál es su lectura del Gobierno nacional?
- Tengo algunos amigos que son funcionarios, pero también los tuve en el gobierno de Menem, que fue el peor que hubo. No habrá solución mientras no haya un gran pacto social en la Argentina, amplio y para todos los sectores, para que el país sea lo que realmente puede ser. Hasta tanto, seguiremos dando tumbos, sea quien sea esté en la gestión.
- Parece que ningún sector tiene interés en buscar esos acuerdos...
- Tal vez seamos como una pelota, que rebota cuando toca fondo.
- ¿Qué implica una reforma agraria actualmente?
- No es repartir el suelo: eso fracasó. La agricultura desapareció como tal en los países desarrollados y fue reemplazada por la agroindustria, que comienza con la educación y el crédito, y sigue con semillas de alto rendimiento y maquinaria especializada. Luego, se llega a la tierra y a la siembra. Después está la distribución y la comercialización asegurada en mercados nacionales e internacionales. Todo está protegido por los gobiernos, es falso que no intervengan.







