Dolores del Valle Sales estaba acostumbrada a la rutina de algunos trabajadores contratados: desde hacía siete años y dos meses, cada vez que el convenio se vencía, rubricaba otro y renovaba su vínculo con el municipio de la capital. Pero el 31 de diciembre de 2008 vio cómo todos sus compañeros reeditaban el acuerdo con la intendencia, mientras ella debía retirar sus cosas y dejar su puesto.
Sales se desempeñaba en la Dirección de Familia y Desarrollo Comunitario. Entre otras tareas, realizaba la limpieza. Según afirmó, varias veces había pedido el cambio de repartición y de funciones; incluso, presentó un certificado que avalaba su traslado. "El estrés que sufría me disparó la presión sanguínea y la ocular", relató. El neurólogo Enrique Celario, a principios de julio de 2008, diagnosticó que, debido al cuadro de parálisis facial periférica que presentaba por entonces, requería "un ambiente laboral tranquilo".
A mediados de noviembre de 2008, la Fiscalía municipal consideró pertinente este pedido. Según un dictamen refrendado por el fiscal, Hernán Colombres -donde se registra, incluso, que una junta médica dio fe de la condición de salud de Sales-, se podía hacer lugar al cambio de tareas. En el texto se mencionaba que los químicos de los productos de limpieza habrían afectado la salud de Sales.
Sin embargo, no hizo falta la sugerencia del fiscal. Poco más de un mes después, Sales quedó fuera del municipio. "Hace un mes y medio, me encadené. El intendente me pidió que depusiera mi actitud, que me iban a solucionar el problema. Tengo a mi cargo a mi hijo y a mi padre, que está enfermo", dijo. Pero la vuelta al trabajo no se dio. Sales apuntó directamente al concejal José Franco (PJ). "Me dijeron que él traba mi regreso. Me tiene bronca porque no quise renovarle el alquiler de mi casa, que él usaba como sede política", expresó. Consultado por LA GACETA, el edil prefirió no hacer declaraciones.
Sales se desempeñaba en la Dirección de Familia y Desarrollo Comunitario. Entre otras tareas, realizaba la limpieza. Según afirmó, varias veces había pedido el cambio de repartición y de funciones; incluso, presentó un certificado que avalaba su traslado. "El estrés que sufría me disparó la presión sanguínea y la ocular", relató. El neurólogo Enrique Celario, a principios de julio de 2008, diagnosticó que, debido al cuadro de parálisis facial periférica que presentaba por entonces, requería "un ambiente laboral tranquilo".
A mediados de noviembre de 2008, la Fiscalía municipal consideró pertinente este pedido. Según un dictamen refrendado por el fiscal, Hernán Colombres -donde se registra, incluso, que una junta médica dio fe de la condición de salud de Sales-, se podía hacer lugar al cambio de tareas. En el texto se mencionaba que los químicos de los productos de limpieza habrían afectado la salud de Sales.
Sin embargo, no hizo falta la sugerencia del fiscal. Poco más de un mes después, Sales quedó fuera del municipio. "Hace un mes y medio, me encadené. El intendente me pidió que depusiera mi actitud, que me iban a solucionar el problema. Tengo a mi cargo a mi hijo y a mi padre, que está enfermo", dijo. Pero la vuelta al trabajo no se dio. Sales apuntó directamente al concejal José Franco (PJ). "Me dijeron que él traba mi regreso. Me tiene bronca porque no quise renovarle el alquiler de mi casa, que él usaba como sede política", expresó. Consultado por LA GACETA, el edil prefirió no hacer declaraciones.







