23 Marzo 2003 Seguir en 
Hoy más que nunca resulta imprescindible vincular las prácticas de recursos humanos con la estrategia empresarial, como una forma más de crear valor para la compañía. Si el más apto capital humano continúa emigrando o baja los brazos por efecto de un entorno desmotivador, será difícil encontrar la salida. En este escenario, puede resultar difícil hallar el camino, pero es aquí donde todos deben jugar un rol activo para favorecer un ambiente propicio que aliente el espíritu emprendedor, para crear un entorno en el que la contribución de las personas sea plenamente aprovechada.
Sobran ejemplos de países que han revertido situaciones de extrema complejidad a partir del fenómeno masivo de la capacidad emprendedora de su gente. Escuchar a la gente que se pretende retener, entender que todos están compitiendo por atención, oportunidades, descubrir qué ponderación dan a lo económico, al status, al reconocimiento, es fundamental, es una responsabilidad gerencial.
Si muchas organizaciones tienen dificultades para aprovechar las ventajas competitivas que da el talento humano disponible en ellas, posiblemente se debe a que existen algunos rasgos del modelo mental con el que se vino administrando los recursos humanos que deben ser revisados en el nuevo contexto. Estos modelos mentales, aún sin ser conscientes, operan fuertemente y a veces incluso en contra de los manuales de política o filosofía empresaria que pueden decir otra cosa. Algunos de ellos son:
Visión estratégica de corto plazo, muy centrada en el mercado de capitales, que vuelve a las decisiones estratégicas muy poco hábiles para administrar intangibles, como ser el conocimiento, la gente, lo cual requiere una lectura a mediano y largo plazo.
Una formación en management más centralizada en finanzas que en el comportamiento organizacional.
Manejo de cambios organizacionales con desatención del lado humano del cambio.
Reconocimiento explícito de los estilos de management centrados en resultados inmediatos, aun a costa de la consolidación de los intangibles que hacen que perdure el negocio.
El hábito de resolver problemas de rentabilidad achicando gastos, sin una lectura sistémica de la situación estratégica del negocio.
Imposición de ritmos laborales que promueven la resolución inmediata de problemas. Esto disminuye las posibilidades de reflexión, condición indispensable para convertir el acontecimiento aislado en experiencia, es decir en conocimiento explícito y compartible.
Adopción de las modas en materia de management sin suficiente mediación crítica, a partir de las particularidades del negocio. Esto lleva a que todos terminen haciendo lo mismo, en una carrera cada vez más frenética para ganar cada vez menos (sofisticados sistemas de competencias, reingeniería, tercerización, etc.)
Mayor confianza en los sistemas clásicos de control externo del comportamiento del personal que en la creación de entornos laborales orientados a crear confianza, identificación con la empresa, lealtad.
Estas son algunas cuestiones sobre las que se debe reflexionar para movilizar a los empleados de todos los niveles en torno de un propósito estratégico, para aprovechar los recursos traspasando las fronteras existentes en el seno de la organización, para encontrar las oportunidades que brindan los espacios vacíos y explotarlas, para reorientar las competencias centrales actuales, para asombrar a los clientes, para explorar nuevos espacios competitivos, para crear nuevas marcas. Para todo esto se necesitan nuevas maneras de concebir la organización.
Por Sofía Aguirre Tuero. Máster en Recursos HumanosUniversidad Pontificia Comillas de Madrid, España.
Sobran ejemplos de países que han revertido situaciones de extrema complejidad a partir del fenómeno masivo de la capacidad emprendedora de su gente. Escuchar a la gente que se pretende retener, entender que todos están compitiendo por atención, oportunidades, descubrir qué ponderación dan a lo económico, al status, al reconocimiento, es fundamental, es una responsabilidad gerencial.
Si muchas organizaciones tienen dificultades para aprovechar las ventajas competitivas que da el talento humano disponible en ellas, posiblemente se debe a que existen algunos rasgos del modelo mental con el que se vino administrando los recursos humanos que deben ser revisados en el nuevo contexto. Estos modelos mentales, aún sin ser conscientes, operan fuertemente y a veces incluso en contra de los manuales de política o filosofía empresaria que pueden decir otra cosa. Algunos de ellos son:
Visión estratégica de corto plazo, muy centrada en el mercado de capitales, que vuelve a las decisiones estratégicas muy poco hábiles para administrar intangibles, como ser el conocimiento, la gente, lo cual requiere una lectura a mediano y largo plazo.
Una formación en management más centralizada en finanzas que en el comportamiento organizacional.
Manejo de cambios organizacionales con desatención del lado humano del cambio.
Reconocimiento explícito de los estilos de management centrados en resultados inmediatos, aun a costa de la consolidación de los intangibles que hacen que perdure el negocio.
El hábito de resolver problemas de rentabilidad achicando gastos, sin una lectura sistémica de la situación estratégica del negocio.
Imposición de ritmos laborales que promueven la resolución inmediata de problemas. Esto disminuye las posibilidades de reflexión, condición indispensable para convertir el acontecimiento aislado en experiencia, es decir en conocimiento explícito y compartible.
Adopción de las modas en materia de management sin suficiente mediación crítica, a partir de las particularidades del negocio. Esto lleva a que todos terminen haciendo lo mismo, en una carrera cada vez más frenética para ganar cada vez menos (sofisticados sistemas de competencias, reingeniería, tercerización, etc.)
Mayor confianza en los sistemas clásicos de control externo del comportamiento del personal que en la creación de entornos laborales orientados a crear confianza, identificación con la empresa, lealtad.
Estas son algunas cuestiones sobre las que se debe reflexionar para movilizar a los empleados de todos los niveles en torno de un propósito estratégico, para aprovechar los recursos traspasando las fronteras existentes en el seno de la organización, para encontrar las oportunidades que brindan los espacios vacíos y explotarlas, para reorientar las competencias centrales actuales, para asombrar a los clientes, para explorar nuevos espacios competitivos, para crear nuevas marcas. Para todo esto se necesitan nuevas maneras de concebir la organización.
Por Sofía Aguirre Tuero. Máster en Recursos HumanosUniversidad Pontificia Comillas de Madrid, España.







