23 Marzo 2003 Seguir en 
Sacudidos por de la injusta pesificación asimétrica (benefició a algunos y perjudicó a otros) y por la re-dolarización también asimétrica, los empresarios tratan de acomodarse en este nuevo orden.
No hubo una guerra con los patrones tradicionales del combate armado, pero el sector privado está sufriendo desde hace años algo parecido a las terribles secuelas de un conflicto bélico.
Mientras la realidad se ajusta a los efectos post-devaluación, se pone a prueba la capacidad para sobrevivir sin créditos, con un menguado mercado interno, sin crecimiento, con un gobierno de tinte populista y con costos (servicios, salarios) congelados artificialmente.
Los que no sucumbieron en las batallas superaron sufrimientos derivados de las devaluaciones, la crisis de bancos, tasas estratosféricas, brutales achicamientos del mercado doméstico, incautación de ahorros en corrales, inflación y otras calamidades.
En el corto plazo, los combates que deberán superar las empresas empiezan por el canje de $ 169 millones de Bocade por billetes verdaderos, en lo que puede convertirse en una de los escándalos más vistosos del mirandismo, si el mecanismo no es 1 x 1, se aplica sin transparencia y favorece a los acomodados.
Una vez más, se intenta una conversión asimétrica, que puede hacer ganar a los amigos y castigar al grueso de la sociedad.
Los funcionarios se hacen los distraídos y se olvidan que además de los estatales hay miles de trabajadores que perciben sus ingresos en papeles pintados. Las empresas están también empachadas con bonos.Todos fueron estafados por el Estado, que armó un negocio espectacular para las cuevas. Los intermediados se quedan con el 10% de lo que ganan la gente y las compañías. Con la operatoria FET, las despojaron de $ 64 millones, que habían colocado, con toda confianza, en el sistema gubernamental de conversión.
La provincia más cara del país, a causa de los bonos, encara la permuta bonos-pesos con la esperanza de que no habrá trampas, porque de otra forma brotarán furiosas protestas. Nada más injusto que el cambio sea en una ventanilla 1 a 1 y en otra exijan 1 para retirar 0,90, con la actual devaluación (en otras épocas se perdía el 20%). Los empresarios no creen en lo que el gobierno y los candidatos prometen acerca de la desaparición de los Bocade.
Al mismo tiempo, la presión impositiva sube, en una demostración de que el gobierno necesita recursos para gastar más.
La voracidad fiscal acentuará la economía oculta, como pasará con el sistema para recaudar Ingresos Brutos mediante débitos automáticos. Mucho dinero se mueve en un circuito negro para evadir y es posible que ese nivel aumente y que las compañías, espantadas, huyan del sistema financiero, para esquivar el acoso tributario del Estado.
Además, el proceso electoral desató presiones para que suban los sueldos, sobre todo en el sector público. Estos reclamos pueden desarticular el presupuesto mirandista. La inflación destrozó los ingresos y el desempleo obligó a dar ayuda social al 20% de la población activa. Con el plan Jefas y Jefes se reparten cada mes en Tucumán $ 13 millones.El gobierno está también dispuesto a dar subas de salarios a los privados, con lo que apunta a tranquilizar a los que van a votar. Los funcionarios son generosos con las políticas de ingresos, en particular cuando deciden sobre el dinero ajeno, sin analizar que de esta forma perderán más valor los salarios en negro, o dea el 60% de los trabajadores informales tucumanos.
Apuntan a las consecuencias y no a las causas. Sin crecimiento no habrá más trabajo y los salarios permanecerán atascados en la recesión.
No hubo una guerra con los patrones tradicionales del combate armado, pero el sector privado está sufriendo desde hace años algo parecido a las terribles secuelas de un conflicto bélico.
Mientras la realidad se ajusta a los efectos post-devaluación, se pone a prueba la capacidad para sobrevivir sin créditos, con un menguado mercado interno, sin crecimiento, con un gobierno de tinte populista y con costos (servicios, salarios) congelados artificialmente.
Los que no sucumbieron en las batallas superaron sufrimientos derivados de las devaluaciones, la crisis de bancos, tasas estratosféricas, brutales achicamientos del mercado doméstico, incautación de ahorros en corrales, inflación y otras calamidades.
En el corto plazo, los combates que deberán superar las empresas empiezan por el canje de $ 169 millones de Bocade por billetes verdaderos, en lo que puede convertirse en una de los escándalos más vistosos del mirandismo, si el mecanismo no es 1 x 1, se aplica sin transparencia y favorece a los acomodados.
Una vez más, se intenta una conversión asimétrica, que puede hacer ganar a los amigos y castigar al grueso de la sociedad.
Los funcionarios se hacen los distraídos y se olvidan que además de los estatales hay miles de trabajadores que perciben sus ingresos en papeles pintados. Las empresas están también empachadas con bonos.Todos fueron estafados por el Estado, que armó un negocio espectacular para las cuevas. Los intermediados se quedan con el 10% de lo que ganan la gente y las compañías. Con la operatoria FET, las despojaron de $ 64 millones, que habían colocado, con toda confianza, en el sistema gubernamental de conversión.
La provincia más cara del país, a causa de los bonos, encara la permuta bonos-pesos con la esperanza de que no habrá trampas, porque de otra forma brotarán furiosas protestas. Nada más injusto que el cambio sea en una ventanilla 1 a 1 y en otra exijan 1 para retirar 0,90, con la actual devaluación (en otras épocas se perdía el 20%). Los empresarios no creen en lo que el gobierno y los candidatos prometen acerca de la desaparición de los Bocade.
Al mismo tiempo, la presión impositiva sube, en una demostración de que el gobierno necesita recursos para gastar más.
La voracidad fiscal acentuará la economía oculta, como pasará con el sistema para recaudar Ingresos Brutos mediante débitos automáticos. Mucho dinero se mueve en un circuito negro para evadir y es posible que ese nivel aumente y que las compañías, espantadas, huyan del sistema financiero, para esquivar el acoso tributario del Estado.
Además, el proceso electoral desató presiones para que suban los sueldos, sobre todo en el sector público. Estos reclamos pueden desarticular el presupuesto mirandista. La inflación destrozó los ingresos y el desempleo obligó a dar ayuda social al 20% de la población activa. Con el plan Jefas y Jefes se reparten cada mes en Tucumán $ 13 millones.El gobierno está también dispuesto a dar subas de salarios a los privados, con lo que apunta a tranquilizar a los que van a votar. Los funcionarios son generosos con las políticas de ingresos, en particular cuando deciden sobre el dinero ajeno, sin analizar que de esta forma perderán más valor los salarios en negro, o dea el 60% de los trabajadores informales tucumanos.
Apuntan a las consecuencias y no a las causas. Sin crecimiento no habrá más trabajo y los salarios permanecerán atascados en la recesión.







