"Debemos apuntar los cañones sobre el 'paco' "
El ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación visita Tucumán para inaugurar un posgrado en la UNT, y dialogó con LA GACETA. El juez defendió el fallo que declara inconstitucional la detención por consumo privado de marihuana y pidió combatir el tráfico.
17 Octubre 2009 Seguir en 
Sus definiciones respecto de temas vinculados al derecho o a la política, en algunos casos, generarán polémica. Pero no se puede decir que el ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Eugenio Raúl Zaffaroni es impreciso en su discurso o en su posicionamiento. El magistrado visita Tucumán para inaugurar la segunda edición del posgrado de Especialización en Derecho Penal, que reeditarán la Universidad Nacional de Tucumán y la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral. Durante el acto ofreció una conferencia titulada "Estado actual de la dogmática penal"; antes, dialogó con LA GACETA. Las declaraciones de los miembros del máximo tribunal, la lucha contra la droga, la concepción de la violencia en la sociedad fueron algunos de los temas que desarrolló.
-Ultimamente, los integrantes de la Corte sentaron posición sobre temas muy sensibles, como las drogas o el aborto. ¿Es una respuesta a la sociedad?
-La Corte Suprema de Justicia es un organismo que tiene una función política, porque forma parte de un Estado; pero no estamos persiguiendo votos, ni popularidad. En cada cosa que resolvemos, lo hacemos conforme a lo que creemos que es la aplicación correcta de derecho. De ninguna manera la Corte lleva una política de capitalizar opinión pública.
-Suele decir que el debate es fundamental para encarar temas sensibles. Pero cuando se plantea este, a veces deviene pelea. ¿Nos falta madurar como sociedad?
-En el país, todo se inserta en un panorama que tiene cierto grado de perversidad, y del cual no se puede sustraer ningún tema. El presidencialismo argentino y latinoamericano están agotados. Esto tiene una lógica perversa: alguien tiene el poder y alguien quiere sacárselo. Así es muy difícil ponerse de acuerdo y establecer políticas de Estado que tengan continuidad. Pero más que a una característica de persona, lo atribuyo a una crispación que genera esta lógica perversa del sistema de gobierno.
-¿Eso cae sobre la sociedad?
-Sí, sí; por supuesto. Porque esto se maneja a nivel de comunicación pública, y la realidad de la sociedad se construye mediante la comunicación. El ciudadano, el habitante, no tiene contacto con (toda) la realidad, sino uno relativo, con su círculo. El resto uno lo construye por medio de la información; y esta llega por la comunicación.
-¿Qué siente cada vez que, tras un hecho grave de violencia o de inseguridad, el primer lugar donde se apunte sea la Justicia?
-Volvemos a lo mismo. No sé si es la sociedad o la comunicación; creo que es la segunda. Penas graves se imponen todos los días; todos los días me pasan expedientes con perpetua, 20 años, 25 años; son cientos. La inmensa mayoría se va rechazada in límine (en el acto), de modo que la cantidad de penas graves que se impone en el país es alta. Otra cosa es la demagogia vindicativa mediática, una técnica que viene de EEUU para buscar rating. Y la necesidad de prevenir hechos violentos es otro tema, que es el problema de fortalecer los dos grados de prevención. La primaria implica ir a la base del conflicto. La estadística mundial muestra que a medida que aumenta el nivel de vida baja el número de hechos violentos, y viceversa. Y la prevención secundaria, que es el mejoramiento del servicio policial. Crimonológicamente, no hay otra forma de prevención. Es absurdo lo de la agravación de penas, que habrá menos homicidios si le doy cinco años más. Y se evidencia una contradicción: por un lado se piden y se fijan a la ley penas 'draconianas' y, por otro, se compran cámaras, lo que indica que no hay ninguna confianza en las penas 'draconianas'. La frecuencia de hechos violentos no disminuye con la gravedad de las penas.
-¿Y en el caso de los menores?
-En nuestro país, el adolescente mayor de 16 años es penalmente responsable por delitos graves. La incidencia de menores de 16 años en delitos violentos es despreciable en el país. En Buenos Aires, en los últimos cuatro o cinco años, chicos de menos de 16 años, con homicidio, creo que tenemos dos o tres; de modo que eso no es un problema social. En los casos en que lo hay, habrá que disponer la internación, no queda otra; pero son excepcionales. Lo que ocurre con un pibe menor de 16 años es que es muy molesto para la Policía. Es aquel que nunca hace nada grave, pero está todos los días, friega y friega. El juez lo somete a un sistema de prueba. Y el pibe vuelve y se burla de la Policía. Y que organizaciones criminales usen chicos menores de 16 años para cometer delitos es un estereotipo que viene de las favelas de Brasil; pero en nuestro país yo no lo he visto.
-Ricardo Lorenzetti (presidente de la Corte Suprema de la Nación) hizo público un pedido de la Justicia de Salta, sobre la radarización en el norte para evitar los vuelos de drogas. ¿Sería efectivo?
-Sí, claro, porque se ve dónde va el avión y dónde aterriza. Tiene que tener una comunicación con la Policía local, o con un destacamento de la (Policía) Federal. Y le va diciendo cuál es la ubicación del avión y dónde aterriza.
-A la distancia en el tiempo, ¿qué sentimiento le quedó tras el fallo que declaró inconstitucional la detención de consumidores de marihuana en ámbitos privados?
-Ninguno. La mayoría de los jueces lo va a seguir porque son conscientes de que (la detención de estas personas) no sirve para nada, que eso los carga en un trabajo inútil; y no sólo eso, sino que ni siquiera llega a pena. Los casos que teníamos en la Corte eran seis, todos los demás estaban prescriptos. Es, un poco, la política del tero: "miren qué eficaces somos, la cantidad de procedimientos que hacemos", que no sirven. En realidad, hay que combatir frontalmente al tráfico. En este momento debemos apuntar todos los cañones sobre el "paco"; creo que se lo puede erradicar, porque no nos estamos enfrentando contra organizaciones criminales transnacionales, sino que, dado a su baja rentabilidad, es casi actividad de supervivencia que no supera en mucho lo que pueden ser mafias barriales.
-¿Entonces sostiene que hay que combatir a los narcotraficantes?
-Sí, hay que centrar los cañones donde hay que centrarlos. Lo que se ha venido haciendo es una cosa totalmente inútil; la prueba está a la vista, no sirvió para nada.
-El sistema de salud, ¿también tiene que responder?
-En el caso del "paco" es indispensable. No hay una respuesta, ni siquiera a nivel científico. Hay que investigar. Desgraciadamente, el deterioro neuronal que provoca el "paco" es irreversible. Frente a la generalidad de los tóxicos, la reacción de salud tiene que ser, primero, de carácter preventivo, advertir sobre los efectos del uso; luego, una educación sanitaria, alertar sobre las consecuencias del abuso; y brindar asistencia a los tóxicodependientes. El caso del "paco" es más complicado porque no se conoce bien el tratamiento y no hay instituciones especializadas. Es muy grave, porque no es algo que se pueda "usar el sábado", genera una dependencia orgánica casi inmediata, y conduce a la muerte en un período breve.
-Ultimamente, los integrantes de la Corte sentaron posición sobre temas muy sensibles, como las drogas o el aborto. ¿Es una respuesta a la sociedad?
-La Corte Suprema de Justicia es un organismo que tiene una función política, porque forma parte de un Estado; pero no estamos persiguiendo votos, ni popularidad. En cada cosa que resolvemos, lo hacemos conforme a lo que creemos que es la aplicación correcta de derecho. De ninguna manera la Corte lleva una política de capitalizar opinión pública.
-Suele decir que el debate es fundamental para encarar temas sensibles. Pero cuando se plantea este, a veces deviene pelea. ¿Nos falta madurar como sociedad?
-En el país, todo se inserta en un panorama que tiene cierto grado de perversidad, y del cual no se puede sustraer ningún tema. El presidencialismo argentino y latinoamericano están agotados. Esto tiene una lógica perversa: alguien tiene el poder y alguien quiere sacárselo. Así es muy difícil ponerse de acuerdo y establecer políticas de Estado que tengan continuidad. Pero más que a una característica de persona, lo atribuyo a una crispación que genera esta lógica perversa del sistema de gobierno.
-¿Eso cae sobre la sociedad?
-Sí, sí; por supuesto. Porque esto se maneja a nivel de comunicación pública, y la realidad de la sociedad se construye mediante la comunicación. El ciudadano, el habitante, no tiene contacto con (toda) la realidad, sino uno relativo, con su círculo. El resto uno lo construye por medio de la información; y esta llega por la comunicación.
-¿Qué siente cada vez que, tras un hecho grave de violencia o de inseguridad, el primer lugar donde se apunte sea la Justicia?
-Volvemos a lo mismo. No sé si es la sociedad o la comunicación; creo que es la segunda. Penas graves se imponen todos los días; todos los días me pasan expedientes con perpetua, 20 años, 25 años; son cientos. La inmensa mayoría se va rechazada in límine (en el acto), de modo que la cantidad de penas graves que se impone en el país es alta. Otra cosa es la demagogia vindicativa mediática, una técnica que viene de EEUU para buscar rating. Y la necesidad de prevenir hechos violentos es otro tema, que es el problema de fortalecer los dos grados de prevención. La primaria implica ir a la base del conflicto. La estadística mundial muestra que a medida que aumenta el nivel de vida baja el número de hechos violentos, y viceversa. Y la prevención secundaria, que es el mejoramiento del servicio policial. Crimonológicamente, no hay otra forma de prevención. Es absurdo lo de la agravación de penas, que habrá menos homicidios si le doy cinco años más. Y se evidencia una contradicción: por un lado se piden y se fijan a la ley penas 'draconianas' y, por otro, se compran cámaras, lo que indica que no hay ninguna confianza en las penas 'draconianas'. La frecuencia de hechos violentos no disminuye con la gravedad de las penas.
-¿Y en el caso de los menores?
-En nuestro país, el adolescente mayor de 16 años es penalmente responsable por delitos graves. La incidencia de menores de 16 años en delitos violentos es despreciable en el país. En Buenos Aires, en los últimos cuatro o cinco años, chicos de menos de 16 años, con homicidio, creo que tenemos dos o tres; de modo que eso no es un problema social. En los casos en que lo hay, habrá que disponer la internación, no queda otra; pero son excepcionales. Lo que ocurre con un pibe menor de 16 años es que es muy molesto para la Policía. Es aquel que nunca hace nada grave, pero está todos los días, friega y friega. El juez lo somete a un sistema de prueba. Y el pibe vuelve y se burla de la Policía. Y que organizaciones criminales usen chicos menores de 16 años para cometer delitos es un estereotipo que viene de las favelas de Brasil; pero en nuestro país yo no lo he visto.
-Ricardo Lorenzetti (presidente de la Corte Suprema de la Nación) hizo público un pedido de la Justicia de Salta, sobre la radarización en el norte para evitar los vuelos de drogas. ¿Sería efectivo?
-Sí, claro, porque se ve dónde va el avión y dónde aterriza. Tiene que tener una comunicación con la Policía local, o con un destacamento de la (Policía) Federal. Y le va diciendo cuál es la ubicación del avión y dónde aterriza.
-A la distancia en el tiempo, ¿qué sentimiento le quedó tras el fallo que declaró inconstitucional la detención de consumidores de marihuana en ámbitos privados?
-Ninguno. La mayoría de los jueces lo va a seguir porque son conscientes de que (la detención de estas personas) no sirve para nada, que eso los carga en un trabajo inútil; y no sólo eso, sino que ni siquiera llega a pena. Los casos que teníamos en la Corte eran seis, todos los demás estaban prescriptos. Es, un poco, la política del tero: "miren qué eficaces somos, la cantidad de procedimientos que hacemos", que no sirven. En realidad, hay que combatir frontalmente al tráfico. En este momento debemos apuntar todos los cañones sobre el "paco"; creo que se lo puede erradicar, porque no nos estamos enfrentando contra organizaciones criminales transnacionales, sino que, dado a su baja rentabilidad, es casi actividad de supervivencia que no supera en mucho lo que pueden ser mafias barriales.
-¿Entonces sostiene que hay que combatir a los narcotraficantes?
-Sí, hay que centrar los cañones donde hay que centrarlos. Lo que se ha venido haciendo es una cosa totalmente inútil; la prueba está a la vista, no sirvió para nada.
-El sistema de salud, ¿también tiene que responder?
-En el caso del "paco" es indispensable. No hay una respuesta, ni siquiera a nivel científico. Hay que investigar. Desgraciadamente, el deterioro neuronal que provoca el "paco" es irreversible. Frente a la generalidad de los tóxicos, la reacción de salud tiene que ser, primero, de carácter preventivo, advertir sobre los efectos del uso; luego, una educación sanitaria, alertar sobre las consecuencias del abuso; y brindar asistencia a los tóxicodependientes. El caso del "paco" es más complicado porque no se conoce bien el tratamiento y no hay instituciones especializadas. Es muy grave, porque no es algo que se pueda "usar el sábado", genera una dependencia orgánica casi inmediata, y conduce a la muerte en un período breve.







