16 Octubre 2009 Seguir en 
ISLAMABAD.- Unas 50 personas murieron ayer en una serie de ataques contra la policía y funcionarios en Pakistán, horas antes que el presidente estadounidense, Barack Obama, promulgó una ley de ayuda al país asiático por U$S 7.500 millones. Los atentados perpetrados en Lahore -la capital cultural del país-, Kohat y Peshawar, en una sangrienta escalada de la violencia que comenzó hace 11 días, que causaron más de 150 muertes, pusieron en evidencia el poder de los elementos radicales armados para golpear en el corazón de Pakistán, así como la debilidad de las fuerzas de seguridad, mal equipadas, a pesar de las promesas de una nueva ofensiva contra los talibanes cerca de la frontera con Afganistán.
La guerrilla islámica aliada de Al Qaeda es responsable de una ola sin precedentes de atentados, en su mayoría suicidas, con un balance de más de 2.250 muertos en los últimos dos años en Pakistán. Los ataques son casi cotidianos y se producen en lugares cada vez más alejados de las zonas tribales del noroeste, fronterizas con Afganistán, donde imperan los talibanes.
Preocupado por la situación en la región, Obama promulgó rápidamente la ley que otorga U$S 7.500 millones, destinados a construir escuelas, carreteras e instituciones democráticas en Pakistán, como parte de una estrategia para desacreditar a los extremistas.
El mandatario estadounidense ha dicho que su objetivo militar es Al Qaeda, no el movimiento talibán. Pakistán, país que posee el arma nuclear, es aliado clave en la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo. El Gobierno pakistaní se enfrenta a una nueva guerra, tras el incremento de los ataques en el corazón político del Punjab, lejos del centro guerrillero de la región tribal del noroeste. Antes de que los insurgentes fuesen dominados, la policía advirtió del riesgo de más ataques en Lahore, la capital cultural del país, donde se han registrado varias ofensivas insurgentes desde marzo. (AFP-NA-Reuters)
La guerrilla islámica aliada de Al Qaeda es responsable de una ola sin precedentes de atentados, en su mayoría suicidas, con un balance de más de 2.250 muertos en los últimos dos años en Pakistán. Los ataques son casi cotidianos y se producen en lugares cada vez más alejados de las zonas tribales del noroeste, fronterizas con Afganistán, donde imperan los talibanes.
Preocupado por la situación en la región, Obama promulgó rápidamente la ley que otorga U$S 7.500 millones, destinados a construir escuelas, carreteras e instituciones democráticas en Pakistán, como parte de una estrategia para desacreditar a los extremistas.
El mandatario estadounidense ha dicho que su objetivo militar es Al Qaeda, no el movimiento talibán. Pakistán, país que posee el arma nuclear, es aliado clave en la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo. El Gobierno pakistaní se enfrenta a una nueva guerra, tras el incremento de los ataques en el corazón político del Punjab, lejos del centro guerrillero de la región tribal del noroeste. Antes de que los insurgentes fuesen dominados, la policía advirtió del riesgo de más ataques en Lahore, la capital cultural del país, donde se han registrado varias ofensivas insurgentes desde marzo. (AFP-NA-Reuters)







