01 Septiembre 2009 Seguir en 
TEL AVIV.- Los dos conciertos que Madonna ofrece esta semana en Tel Aviv ocupan en los medios un espacio secundario frente a las persecuciones de los paparazzi, los encuentros con políticos y su incursión en la mística judía. "¿Es que la 'material girl' se convirtió en una 'political girl'?", se pregunta el "Jerusalem Post". El motivo es que Madonna será recibida por la dirigente opositora Tzipi Livni -una apasionada intérprete de bongó- para cenar, y el viernes también por el primer ministro, Benjamin Netanyahu. Las visitas de Madonna a Israel son siempre especiales, ya que la artista de 51 años llega en su doble personalidad pública y privada. Por una parte es la famosa cantante, pero a nivel personal acude bajo el nombre hebreo de Esther (la que brilla). Desde 1996 Madonna es seguidora de la cábala, la tradición mística del judaísmo. La cantante actuó en Israel por primera vez en 1993, y regresó en 2004 y 2007 pero como parte de una peregrinación personal. Ahora la "reina del pop" presentará hoy y mañana su gira "Sticky and Sweet" en el Parque Hayarkon de Tel Aviv. De forma paralela, cumplirá un amplio programa privado, que incluye ir a la ciudad de Safed, un centro milenario de la cábala y, junto con Jerusalén, Hebrón y Tiberíades, una de las cuatro ciudades santas del judaísmo. Dos amigos de Madonna y seguidores de la cábala, Demi Moore y Ashton Kutcher, se han unido al viaje. El programa de visitas de Madonna se guarda tan en secreto como el paradero del Santo Grial, para evitar el acoso de los paparazzi. Y así comienza el juego de las confusiones: Madonna se desplaza en un convoy con cuatro vehículos idénticos que se dividen en cuatro direcciones diferentes para crear el mayor caos posible a los fotógrafos. También aprovecha el efecto sorpresa, y por ejemplo visitó el Muro de los Lamentos a las 22.30, muy lejos del horario habitual de los turistas. Llegó vestida de negro y estuvo cinco minutos rezando en silencio (foto), según el diario "Yediot Ajronot" (DPA).







