Regresaban a sus hogares luego de trabajar toda la noche y murieron al chocar contra una rastra
Dos muchachos circulaban en una moto por la ruta 9; no vieron que un camión había ingresado desde un camino lateral y se estrellaron. Detrás de la moto, una Renault Trafic también colisionó contra el carro y sus ocupantes resultaron lesionados. Zafra trágica.
29 Agosto 2009 Seguir en 
No tuvieron tiempo de nada. Sobre el pavimento no quedaron vestigios de frenada. El golpe fue seco. Mortal. Cuando el camionero se bajó para ver lo que había sucedido encontró dos cuerpos debajo del acoplado. La muerte había sido instantánea.
La tragedia ocurrió ayer a las 6.20, en el kilómetro 1.270 de la ruta 9, en la zona de El Cebilar.
Alejandro Lezcano, de 21 años, domiciliado en Colombres, Cruz Alta, había estado cargando caña en un camión Mercedes Benz 1114 rojo, patente UQG-995 en una finca de la zona. Cuando los dos acoplados estuvieron llenos, el joven salió por un camino vecinal hacia el este, dirigiéndose hacia la ruta 9. Según dijo él, cuando llegó al borde de la carretera miró hacia ambos lados y luego avanzó para doblar hacia el norte. El camión y el primer acoplado ya habían quedado en el carril correspondiente, pero el segundo carro cruzaba la ruta cuando ocurrió el choque.
Contra el piso
De norte a sur, Diego Ariel Roldán, de 24 años, domiciliado en El Cortaderal, a cinco kilómetros de El Cebilar, manejaba una moto Honda CG 125. Con él iba su amigo Cristian Rodolfo Lizondo, de 23 años, quien también vivía en El Cortaderal. Según algunos vecinos, ambos habían estado trabajando y regresaban a sus hogares. En el lugar del accidente se encontró un solo casco, que presumiblemente llevaba puesto el conductor. "Igual no le sirvió de nada", resumió uno de los policías mientras miraba la trágica escena. El impacto fue tremendo. El conductor chocó violentamente con el pecho contra el carro y cayó pesadamente hacia atrás, arrastrando a su amigo. El golpe contra el pavimento fue impresionante. Ambos quedaron bajo el acoplado y la moto, destrozada, pasó al otro lado. Lezcano escuchó el impacto y no había terminado de bajarse cuando se produjo otro choque. Dos hombres que iban en una Renault Trafic blanca, patente DKJ-607, se incrustaron contra el acoplado. El vehículo era conducido por Oscar Argentino Moyano, de 50 años, domiciliado en Monteagudo al 1.500, a quien acompañaba Luis Ernesto Soria, de 40 años, que vive en Ranchillos. A diferencia de Roldán, Moyano había visto el camión y alcanzó a frenar. El vehículo se arrastró 10 metros y chocó, pero a mucha menor velocidad a la que traía. Los ocupantes descendieron por sus propios medios, más asustados que golpeados. "Nos podríamos haber matado nosotros también", reflexionó Soria. Cuando los médicos llegaron tuvieron que atender a Lezcano que, presa de una crisis de nervios, no podía ni hablar.
LA GACETA consultó el Director de Transporte, Roberto Viaña, a raíz de la seguidilla de muertes vinculadas con rastras cañeras. El funcionario admitió que la situación no es buena. "Estamos mal. La verdad es que hacemos controles, pero los accidentes siguen ocurriendo", dijo. "Aquí hay diferentes factores. Pero el más grave es el de la velocidad. Cuando uno va muy rápido y se encuentra con una rastra no puede frenar, agregó el funcionario. Viaña llamó a la reflexión. "Nosotros debemos hacer los controles, pero también le tenemos que pedir a la gente que levante el pie del acelerador", afirmó. Viaña indicó que la Ley estipula que la restricción horaria de circulación rige únicamente para los tractores que tiran carros. (Pueden circular de 18 a 23). En cambio los camiones pueden hacerlo en cualquier momento.
En los últimos cuatro meses fallecieron 15 personas en choques en los que hubo rastras cañeras involucradas.
La tragedia ocurrió ayer a las 6.20, en el kilómetro 1.270 de la ruta 9, en la zona de El Cebilar.
Alejandro Lezcano, de 21 años, domiciliado en Colombres, Cruz Alta, había estado cargando caña en un camión Mercedes Benz 1114 rojo, patente UQG-995 en una finca de la zona. Cuando los dos acoplados estuvieron llenos, el joven salió por un camino vecinal hacia el este, dirigiéndose hacia la ruta 9. Según dijo él, cuando llegó al borde de la carretera miró hacia ambos lados y luego avanzó para doblar hacia el norte. El camión y el primer acoplado ya habían quedado en el carril correspondiente, pero el segundo carro cruzaba la ruta cuando ocurrió el choque.
Contra el piso
De norte a sur, Diego Ariel Roldán, de 24 años, domiciliado en El Cortaderal, a cinco kilómetros de El Cebilar, manejaba una moto Honda CG 125. Con él iba su amigo Cristian Rodolfo Lizondo, de 23 años, quien también vivía en El Cortaderal. Según algunos vecinos, ambos habían estado trabajando y regresaban a sus hogares. En el lugar del accidente se encontró un solo casco, que presumiblemente llevaba puesto el conductor. "Igual no le sirvió de nada", resumió uno de los policías mientras miraba la trágica escena. El impacto fue tremendo. El conductor chocó violentamente con el pecho contra el carro y cayó pesadamente hacia atrás, arrastrando a su amigo. El golpe contra el pavimento fue impresionante. Ambos quedaron bajo el acoplado y la moto, destrozada, pasó al otro lado. Lezcano escuchó el impacto y no había terminado de bajarse cuando se produjo otro choque. Dos hombres que iban en una Renault Trafic blanca, patente DKJ-607, se incrustaron contra el acoplado. El vehículo era conducido por Oscar Argentino Moyano, de 50 años, domiciliado en Monteagudo al 1.500, a quien acompañaba Luis Ernesto Soria, de 40 años, que vive en Ranchillos. A diferencia de Roldán, Moyano había visto el camión y alcanzó a frenar. El vehículo se arrastró 10 metros y chocó, pero a mucha menor velocidad a la que traía. Los ocupantes descendieron por sus propios medios, más asustados que golpeados. "Nos podríamos haber matado nosotros también", reflexionó Soria. Cuando los médicos llegaron tuvieron que atender a Lezcano que, presa de una crisis de nervios, no podía ni hablar.
LA GACETA consultó el Director de Transporte, Roberto Viaña, a raíz de la seguidilla de muertes vinculadas con rastras cañeras. El funcionario admitió que la situación no es buena. "Estamos mal. La verdad es que hacemos controles, pero los accidentes siguen ocurriendo", dijo. "Aquí hay diferentes factores. Pero el más grave es el de la velocidad. Cuando uno va muy rápido y se encuentra con una rastra no puede frenar, agregó el funcionario. Viaña llamó a la reflexión. "Nosotros debemos hacer los controles, pero también le tenemos que pedir a la gente que levante el pie del acelerador", afirmó. Viaña indicó que la Ley estipula que la restricción horaria de circulación rige únicamente para los tractores que tiran carros. (Pueden circular de 18 a 23). En cambio los camiones pueden hacerlo en cualquier momento.
En los últimos cuatro meses fallecieron 15 personas en choques en los que hubo rastras cañeras involucradas.









