Los cascos dan seguridad y fomentan picardías

Los operativos de control lanzados por el Gobierno provincial cambiaron en gran medida la costumbre de ir con la cabeza desprotegida. Muchos conductores eludieron los puestos policiales, incluso ayudados por vecinos que les advertían sobre la presencia de los agentes. Insultos, secuestros y lamentos.

OPUESTOS. Algunos motociclistas llevan el casco en el brazo, trasladan más de un acompañante o hablan por celular mientras manejaban. Otros salieron a la calle con la protección. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
OPUESTOS. Algunos motociclistas llevan el casco en el brazo, trasladan más de un acompañante o hablan por celular mientras manejaban. Otros salieron a la calle con la protección. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
25 Agosto 2009
Vio el par de conos naranja en la calzada y disminuyó la velocidad. Se sacó el casco del codo y se lo puso en la cabeza, sin abrocharlo. Volvió a acelerar y saludó a los policías cuando pasó frente al puesto de control. No todos se acordaron de que ayer empezaban los operativos sobre el uso obligatorio del casco y fueron sorprendidos por los agentes de la Policía Vial. Algunos lloraban y otros se enojaban. "Voy al médico", "Salí apurado", "No tengo plata para el casco", fueron los pretextos más comunes entre aquellos que sufrieron el secuestro del vehículo.
El impacto de los controles se sintió desde primera hora. La ciudad amaneció distinta. A diferencia de lo usual, la mayor parte de los motociclistas circulaba con casco, y solos o con no más de un acompañante. Tal vez por eso resaltaron aquellos que trasladaban la familia en la moto o que no se habían protegido. El taxista Luis Iñigo expresó su sorpresa por esto. "Nunca vi algo así; creo que es un gran avance para la sociedad. Ojalá se mantenga en el tiempo", reflexionó.
Más concentrado en su charla por celular que en el manejo, y sin casco, un joven fue detenido en el puesto de control. Tampoco tenía carnet y el vehículo no era suyo. "Voy hasta el hospital Avellaneda", argumentó sin hacerse mayores problemas. A su lado, una mujer lloraba. "Estoy embarazada, no me puede pasar esto", repetía. A ambos les secuestraron la moto, pero nada pudieron hacer los agentes con los conductores que esquivaban los puestos. En más de una ocasión, con la ayuda de los vecinos que desde las paradas de ómnibus les advertían que el control estaba en la cuadra siguiente. Hasta doblaron a contramano y en U en la avenida Siria para eludir el operativo.
Cerca del mediodía, la actividad se intensificó en los puestos de control. Es la hora de salida de la escuela y comenzaron a aparecer motos cuyos conductores trasladaban dos y hasta tres niños en el asiento trasero. Los que advertían la presencia policial, se desviaban una cuadra antes. Otros debieron detenerse al escuchar el silbato. Pero, lamentablemente, varios conductores no dudaron en tirarles la moto encima a los policías para eludir la sanción. Cuando le dijeron que le iban a secuestrar la moto, Verónica Velárdez se angustió. "No quise esquivar el control, quiero dar la cara, porque realmente no podemos comprar otro casco", dijo la mujer, que iba con su hijo y el esposo. Este era el único que llevaba la protección. "Vamos al médico, no tengo con quién dejar el niño, y mi marido está sin trabajo", justificó.
 Sobre la ruta 301 la actividad policial se complicó porque los motociclistas pasaban a toda velocidad y pocos se detenían ante la orden de los uniformados, contó el oficial José Ponce.
Cerca del puente Barros (acceso al Aeropuerto), se secuestraron pocas motos, porque los conductores iban con casco, informó el oficial Alvaro Bustos. Pero en el puente Lucas Córdoba (hacia Banda del Río Salí) los motociclistas ingresaban en la capital con los dispositivos en el brazo. "Justo hoy hace mucho calor para usar casco. Lo llevo por si me agarra la cana (sic)", confesó Martín Barale.
La mayoría de los conductores que se puso el casco no estaba de estreno ayer. "Se nota que tienen cascos usados. Es evidente que lo tenían guardado y se vieron obligados a usarlo", dijeron los oficiales en los puestos de controles.
En algunos de los operativos, cuando los agentes pretendían secuestrar los vehículos los conductores llegaron a insultarlos. Los uniformados se comunicaban por teléfono con sus superiores y luego explicaban al motociclista: "no hay opción. Debo secuestrar el rodado. Me lo están exigiendo".
Muchos de los que salieron protegidos reconocieron que lo hicieron por obligación, para no ser sancionados. Los que tuvieron que dejar sus motos en manos de la Policía admitieron que el casco es necesario. Sin embargo, cuando LA GACETA les preguntaba por qué no lo usaban, se limitaban a sonreír como un chico que acaba de hacer una travesura. Sólo que en este caso el juego puede terminar de la peor manera.

Anécdotas de un día agitado

Como vincha.- Algunos motociclistas se colocaban el casco como vincha y, metros antes de llegar al control policial, lo colocaban en su lugar.  Quienes lo llevaban así y eran sorprendidos por la policía, no tenían que dejar la moto. Los agentes les explicaban que tenían que ponerse bien el dispositivo.

Problema cultural.- "Los controles no bastan, esto es un problema cultural", comentó Juan Sotelo, al ver a los motociclistas que doblaban metros antes de los operativos, guiados por ocasionales transeúntes. "Se da cuenta; ni siquiera la gente que no se ve perjudicada por esto respeta la ley", se quejó.

Sin presupuesto.- "No me alcanza ni para la nafta y quieren que compre un casco. Siempre atacan a los que menos tenemos o por qué creen que andamos en moto. Si tuviera plata andaría en auto", remarcó Lisandro, después de ser multado. No llevaba casco ni espejo retrovisor.

Prudente.- "Es penoso que tuviera que salir la Policía para que la gente tomara conciencia. Pero es bueno", dijo Benjamín Cisterna.

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