Una lenta agonía

Análisis. Por Emilio J. Cárdenas, ex embajador de Argentina ante la ONU.

20 Agosto 2009
Para los "bolivarianos", la Justicia no debe ser ni independiente, ni mucho menos imparcial. Como en Cuba, debe ser simplemente un brazo o agente del régimen local, que responda mansamente a sus impulsos e instrucciones. Todo lo contrario de lo que suponen las estructuras republicanas y lo que predica la democracia. Pero es así.
Evo Morales ha venido durante años presionando para que los jueces independientes renuncien y ubicar en sus lugares magistrados dóciles a su administración. Algunos jueces optaron por abandonar sus cargos; otros, en cambio, decidieron insistir en la necesidad de contar con jueces independientes, capaces de limitar los abusos del poder y garantizar las libertades individuales de los bolivianos. Con los riesgos que esa conducta valiente les trae aparejados.
No sorprende, por ello, que ahora Morales haya decidido iniciar juicio por prevaricato contra siete de los jueces de la Corte Suprema que, en una causa plagada de confusión, decidieron un conflicto de jurisdicción que se había planteado de modo distinto a lo que pretendía el jefe de Estado. La causa en cuestión corresponde a un presunto intento de magnicidio que se habría estado planificando en Santa Cruz, donde en abril fueron abatidos por las fuerzas de seguridad tres sospechosos. El hecho ocurrió mientras estos dormían en un hotel de esa ciudad. Algunos eran extranjeros, a los que se describió como mercenarios contratados por la oposición, en medio de presunciones absolutamente opacas y circunstancias de hecho poco claras, con vestigios de "gatillo fácil". Los muertos no pueden ciertamente aclarar su situación.
Dos jueces reclamaban para sí competencia para investigar el realmente confuso episodio respecto del cual algunos gobiernos extranjeros han expresado sus reservas y formulado sus protestas: uno, de Santa Cruz, donde sucedieron los hechos; otro, de La Paz, sede del Poder Ejecutivo. Para Morales es posible controlar a los jueces de La Paz: pero no es tan sencillo con los de Santa Cruz. De allí su indignación y su repudiable decisión. Cada vez es más evidente que la república está en una lenta pero constante agonía desde que dio paso al totalitarismo.

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