15 Agosto 2009 Seguir en 
TEGUCIGALPA.- El gobierno de facto hondureño de Roberto Micheletti gestiona casi normalmente los asuntos nacionales a 50 días del golpe de Estado del 28 de junio, pese a la presión de los seguidores del depuesto presidente Manuel Zelaya y de la comunidad internacional.
Micheletti no logró el reconocimiento de ningún país, pero busca restablecer la normalidad interna y conformar sus equipos de gobierno, mientras continúan operando los poderes Judicial y Legislativo, artífices del derrocamiento de Zelaya.
Aunque las escuelas públicas están paralizadas desde el golpe, las oficinas estatales trabajan normalmente, salvo algunas donde los sindicatos declararon paros, desacatados por la mayoría de los trabajadores, como en los 28 hospitales del país que prestan sus servicios en 80%.
También trabajan en forma normal el comercio y las empresas, aunque sufrieron pérdidas superiores a los U$S 100 millones por la crisis política, según dirigentes del sector privado.
"Aquí no hay ningún problema", afirmó Rosa María, mientras atendía frente a una computadora a un abonado de la estatal Empresa Nacional de Energía Eléctrica por un reclamo de excesivo consumo. "No se atienden por solicitudes de nuevos clientes, ni reclamos, ni nuevas instalaciones; pero si hay un caño roto las cuadrillas salen a repararlo", expresó el portavoz del Servicio Autónomo de Acueductos y Alcantarillados, Germán Aragón.
Micheletti respiraría más tranquilo de no ser por las estridentes manifestaciones de los zelayistas, que se apagaron en diferentes zonas del país, pero persisten pujantes en la capital y en San Pedro Sula, la segunda ciudad hondureña.
El presidente de facto descartó la posibilidad de restituir a Zelaya, como lo exige la comunidad internacional, mientras el Tribunal Supremo Electoral (TSE) se apresta a dar el 31 de este mes el banderillazo inicial de la campaña presidencial para las elecciones del 29 de noviembre. (AFP)
Micheletti no logró el reconocimiento de ningún país, pero busca restablecer la normalidad interna y conformar sus equipos de gobierno, mientras continúan operando los poderes Judicial y Legislativo, artífices del derrocamiento de Zelaya.
Aunque las escuelas públicas están paralizadas desde el golpe, las oficinas estatales trabajan normalmente, salvo algunas donde los sindicatos declararon paros, desacatados por la mayoría de los trabajadores, como en los 28 hospitales del país que prestan sus servicios en 80%.
También trabajan en forma normal el comercio y las empresas, aunque sufrieron pérdidas superiores a los U$S 100 millones por la crisis política, según dirigentes del sector privado.
"Aquí no hay ningún problema", afirmó Rosa María, mientras atendía frente a una computadora a un abonado de la estatal Empresa Nacional de Energía Eléctrica por un reclamo de excesivo consumo. "No se atienden por solicitudes de nuevos clientes, ni reclamos, ni nuevas instalaciones; pero si hay un caño roto las cuadrillas salen a repararlo", expresó el portavoz del Servicio Autónomo de Acueductos y Alcantarillados, Germán Aragón.
Micheletti respiraría más tranquilo de no ser por las estridentes manifestaciones de los zelayistas, que se apagaron en diferentes zonas del país, pero persisten pujantes en la capital y en San Pedro Sula, la segunda ciudad hondureña.
El presidente de facto descartó la posibilidad de restituir a Zelaya, como lo exige la comunidad internacional, mientras el Tribunal Supremo Electoral (TSE) se apresta a dar el 31 de este mes el banderillazo inicial de la campaña presidencial para las elecciones del 29 de noviembre. (AFP)







