10 Agosto 2009 Seguir en 
PALMA, España.- "Menos mal que me demoré en ir al baño porque si no, no lo cuento". Gonzalo comía en el restaurante La Rigoletta cuando en los baños del establecimiento, lleno de clientes, explotó la primera de las tres bombas con las que ETA reapareció en Mallorca. "Escuchamos un golpe fuerte y seco. Tembló todo y al principio pensé que era un portazo", dijo. Los terroristas colocaron en un falso techo del baño de mujeres el primero de los explosivos de escaso poder con los que ETA reiteró su presencia en las Islas Baleares.
La organización separatista vasca parece haber elegido este año el archipiélago para su tradicional "campaña de verano", un eufemismo bajo el que muchos meses de julio y agosto perpetraron atentados para aterrorizar a los veraneantes y hacer daño a uno de los sectores económicos más importantes de España.
La explosión y el inmediato ulular de las sirenas de los coches de policía volvieron a interrumpir la calma de los mallorquines y turistas que disfrutaban de la playa y de los que habían acudido a los restaurantes y lugares de ocio de la zona de Portixol, un lugar en el que se abrieron más locales en los últimos años. "Sónó un petardo potente, muy fuerte", explicó Ricardo, cocinero de un restaurante vecino a donde estalló la primera bomba. "La pared de nuestra cocina tembló muchísimo, luego salió un humo muy denso y vimos salir a todos a la calle", agregó.
Las primeras reacciones políticas al atentado llegaron desde el Gobierno vasco y los partidos políticos, que se unieron, una vez más, en una "rotunda condena". "Podrán hacernos daños, pero jamás conseguirán sus objetivos. La violencia está de su lado, pero la fuerza de una sociedad unida contra ellos los va a derrotar sin dudas", afirmó la Secretaria de Política Internacional del gobernante PSOE, Elena Valenciano. (DPA-Télam)
La organización separatista vasca parece haber elegido este año el archipiélago para su tradicional "campaña de verano", un eufemismo bajo el que muchos meses de julio y agosto perpetraron atentados para aterrorizar a los veraneantes y hacer daño a uno de los sectores económicos más importantes de España.
La explosión y el inmediato ulular de las sirenas de los coches de policía volvieron a interrumpir la calma de los mallorquines y turistas que disfrutaban de la playa y de los que habían acudido a los restaurantes y lugares de ocio de la zona de Portixol, un lugar en el que se abrieron más locales en los últimos años. "Sónó un petardo potente, muy fuerte", explicó Ricardo, cocinero de un restaurante vecino a donde estalló la primera bomba. "La pared de nuestra cocina tembló muchísimo, luego salió un humo muy denso y vimos salir a todos a la calle", agregó.
Las primeras reacciones políticas al atentado llegaron desde el Gobierno vasco y los partidos políticos, que se unieron, una vez más, en una "rotunda condena". "Podrán hacernos daños, pero jamás conseguirán sus objetivos. La violencia está de su lado, pero la fuerza de una sociedad unida contra ellos los va a derrotar sin dudas", afirmó la Secretaria de Política Internacional del gobernante PSOE, Elena Valenciano. (DPA-Télam)
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