La exhibición, que estaba prevista para los primeros días de julio, fue postergada a causa de la epidemia de gripe A. "Algunos cuadros están colgados desde el mes pasado, pero ahora volví al ruedo para montar la muestra en el magnífico salón que tiene el Jockey Club", agrega.
La creatividad
Nativo de Buenos Aires, el artista se radicó en Tucumán en la década del 70. Fue en aquellos convulsionados años que cambió la selva de cemento por las apacibles y verdes calles de Yerba Buena, donde reside actualmente y donde tiene su taller. "Día a día se diluyen mis vivencias, pero al mismo tiempo aumenta mi raigambre a esta tierra", dice en diálogo con LA GACETA.
En esta nueva exposición, Fernández muestra cuadros de su última producción y también algunos de etapas anteriores, que tienen algunos puntos en común con estos últimos. "Varios ya fueron expuestos en el Centro Cultural Recoleta, en Buenos Aires; pero quise integrarlos a esta exhibición porque son como la raíz de esta nueva etapa", señala.
Estos cuadros, que tienen diferentes tamaños, muestran la comunión entre la figura femenina (siempre presente en la obra de Fernández) y el caballo. "No puedo decir cómo surgió esta relación. En realidad yo no busco los temas, sino que ellos se imponen por sí solos. Eso decía también Jorge Luis Borges. Y a mí me pasa que, cuando un tema me atrapa, no tengo más remedio que sacármelo de encima, como en un ritual de exorcismo", cuenta.

El mundo clásico
Claro que en esta relación misteriosa de la mujer con el caballo, hay mucha historia. Una historia que Fernández investigó a fondo. "En este camino creativo, he descubierto, por ejemplo, que en la mitología celta existe una diosa que siempre anda a caballo. Y también, la figura de las legendarias guerreras amazonas está como presente en este tema", dice. En el proceso, hasta apareció El Quijote con Rocinante. "No fue algo buscado; un cuadro me fue llevando a otro y eso, a su vez, se relacionó con el universo clásico. En verdad creo que todo lo que hacemos de novedoso se termina relacionando con lo clásico. Siempre hay una vinculación entre el pasado y el presente. Y la pintura es como un sueño colectivo donde esas dos dimensiones del tiempo se dan la mano. Por eso, mirar un cuadro nos sumerge en un mundo mágico y onírico", comenta.
Pero hay algo que a Fernández le interesa sobremanera: los recursos plásticos. "Julio Cortázar decía que no importa tanto la trama o el misterio de un cuento o un relato, sino la manera en la que está contado. Y lo mismo se aplica al mundo de la pintura. Yo trato de explorar mucho los recursos técnicos, siempre estoy investigando y tomando nuevos caminos. Y lo que voy a exponer en ?Piel y mármol? tiene que ver con esos nuevos caminos que estoy recorriendo", finaliza.







