Está de moda hacer presión de espaldas al interés general

La idea del bien común casi no existe en el pensamiento vigente en el país.

09 Marzo 2003
En la sociedad argentina actual, los grupos de interés particular, como los ahorristas, los deudores hipotecarios, la Asociación de Bancos, etcétera, parecen defender de manera exclusiva sus propios intereses sectoriales inmediatos. Para este fin usan todo tipo de instrumentos que aparecen a su alcance, desde las protestas callejeras hasta la práctica del lobby, pasando por los recursos judiciales en todas sus instancias.
Se trata de una sociedad extremadamente contenciosa, donde ninguno de estos grupos parece estar dispuesto a aceptar el más pequeño de los sacrificios particulares en favor del interés colectivo. Esto muestra de manera patética la ausencia casi total de una ética del bien común.
El resultado de este estado de cosas no puede ser otro que la pérdida creciente de la cohesión social que toda nación necesita para evitar su desintegración lisa y llana. En este contexto extremadamente crítico, lo que se necesita es ensamblar los fragmentos de intereses legítimos de cada grupo, en un todo que pueda ser visto por la mayoría de la población como justo y coherente. Y para que aparezca este sistema coherente, resulta imperioso que el Estado recupere ante la sociedad civil la credibilidad ética que necesita para ser considerado como conductor y guardián del bien común.

Discurso con falencias
Es en este marco donde puede afirmarse de manera contundente que el mayor desafío que hoy enfrenta la Argentina como sociedad es de raíz esencialmente económica. El discurso económico corriente, basado en la iniciativa privada, la competencia y el derecho al enriquecimiento personal, puede ser reconocido como el mecanismo de base de una economía dinámica, susceptible de alentar el crecimiento continuo de la riqueza económica. Pero este discurso no engloba la vida social en su totalidad.
Este discurso, en particular, no tiene mucho para decir sobre la recuperación de la confianza pública que parece haber perdido casi totalmente la sociedad argentina, ni sobre la finalidades, las metas y los objetivos básicos que los argentinos queremos compartir, en conjunto, como nación autónoma y libre.
La idea misma del bien común está prácticamente ausente en el pensamiento económico habitual de nuestro país, hasta el punto que muchos economistas consideran que esta noción pertenece al mundo de las entelequias. Esta última es la posición del individualismo rampante, justamente lo contrario de lo que necesita hoy la sociedad argentina para empezar a salir de la grave crisis en la que está sumida.

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