09 Marzo 2003 Seguir en 
Jerôme Sgard es un economista francés que estudia obsesivamente la situación argentina desde hace dos años. Esta es su visión, desde París.
- ¿Qué opina de la crisis argentina?
- Entre 95 y 2000 hubo dos tesis populares en el Fondo Monetario y en el Tesoro (de los Estados Unidos) y que tenían que ver con dos mecanismos de cambio posible. Los casos de la Argentina o Ecuador o la flotación libre. Escojan uno u otra, parecía ser el consejo. Hoy la gran papa caliente es saber si el fracaso de la convertiblidad fue del gobierno, que no supo imponer las reglas de equilibrio presupuestario (desde 1989 no pudo resolver esto), o si la economía real podía seguir viviendo a pesar de todo. Pero, al final, hubo obligaciones más muy duras debido a la sobrevaluación del cambio. Esto afectó a la economía real, que ya no pudo seguir viviendo con la convertibilidad. La manifestación de la crisis es económica y se la observa en el choque monetario, en la distribución de la riqueza y en el hecho de que la política no evitó la crisis o no supo administrarla bien. No obstante, existen problemas que no vienen necesariamente de los últimos dos años y ni siquiera de la década de 1990.
- Tras la devaluación vino la pesificación...
- Sí, una pesificación asimétrica. Lo positivo resultó ser un éxito en el sentido de que las personas la terminaron aceptando y, con ello, al peso, aunque sin resolver el problema financiero. Yo era mucho más pesimista, más teniendo en cuenta que hasta junio la dolarización (de la economía) parecía un hecho.
- Pero en este nuevo esquema también hay (nuevos) ganadores y perdedores...
- Ciertas empresas, que tuvieron muchos beneficios con este nuevo esquema, como las que sustituyen importaciones, podrían aumentar los salarios y así se produciría una redistribución. Desde el punto de vista liberal, los sectores que ganan deben reinvertir para que la economía crezca. Pero, como ocurrió en la década de 90, eso no se hizo. Y ahora tampoco están reinvirtiendo y esa es una de las trabas para que la economía realmente crezca.
-¿Por qué fueron tan traumáticas las negociaciones con el FMI?
- Desde antes del acuerdo advertimos que no era constructivo cómo se estaba actuando y que había que usar al FMI como un instrumento de la comunidad internacional para no dejar sola a la Argentina. Sin embargo, esta se espabiló sola y se estabilizó a partir de la pesificación del 50% de la economía real, aunque de espaldas a las finanzas. Esto sirve, pero no puede ser un modelo a mediano plazo y hasta podría ser peligroso si no se encuentra una salida. La economía no puede seguir cerrada y si el comercio exterior hoy representa el 12% de la actividad está bien, pero sería mucho más si la economía estuviera abierta desde hace 30 años. Hoy el país sería más rico y más saludable.
- Pero, ¿por qué costó tanto un acuerdo con el FMI?
- Las negociaciones con el FMI estuvieron estancadas durante más de un año porque los políticos parecían más ocupados en otras prioridades. En cierta manera, el FMI no es tan malo como cuando tiene malos negociadores al frente (ríe). Hay que obligarlo, desafiarlo con argumentos inteligentes y con soluciones racionales. Y la prueba es Brasil, que discutió con fuertes argumentos tras tener una relación espantosa por el Plan Real. No se puede estar fuera del FMI y de los mercados internacionales. Pero, para que las relaciones con el FMI funcionen, hay que apoyarse en el G-7 (Grupo de los Países más industrializados).
- ¿Qué opina de quienes en la Argentina hablan de relanzar la demanda y la obra pública?
- En abstracto, estoy de acuerdo con ello, como cuando el New Deal norteamericano, pero los bancos no tienen plata para esto y menos si no existe un marco claro para los próximos cuatro o cinco años. Hay que reestructurar el sistema financiero, porque esto complica no sólo la relación con el FMI y con otros países, sino que hasta podría sufrir la propia agricultura.
- ¿Cuáles son las prioridades?
- Primero hay que solucionar el problema de la deuda, es el corazón de todo. Hay que conseguir el excedente presupuestario primario necesario para empezar a pagar ya no sólo los intereses corrientes. En esto se concentra la relación con el FMI. En el Fondo piensan que si ese superávit no llega al 2% o 3% como mínimo no vale la pena negociar, porque si se volvieron a sentar a charlar es porque piensan que cobrarán algo. Si hay nuevos préstamos, la deuda aumenta y no se resuelve el problema. El próximo gobierno tendrá que tomar una primera gran decisión: ¿cuánto recaudará, cuánto irá para gastos corrientes y cuánto para lo social? A eso hay que sumarle el arbitraje con las diferentes provincias. Urge un gran pacto social para preservar la paz, la educación, restablecer la confianza en los bancos y articular todo este proceso con negociaciones internacionales racionales. Lo primero es un gran consenso sobre ese acuerdo político mayor que es el presupuesto.
- ¿Es optimista?
- No puedo decir que lo sea, pero hace un año reinaba el caos. Ahora, en cambio, en la economía real ya hay elementos para empezar a trabajar sobre la inflación o sobre el comercio exterior. Se puede avanzar, pero para ello urge una restructuración financiera, de la deuda externa y de la pública, y de los bancos y empresas insalvables. Hoy nadie sabe si lo es. El próximo gobierno tendrá problemas bien visibles sobre la mesa. Hay que hacer acuerdos sociales, una suerte de juego cooperativo, con sumas positivas. El sistema político debe empezar a pensar al revés, que un acuerdo bien negociado es benéfico para todos.
FICHA PERSONAL
NOMBRE Y APELLIDO:
Jerôme Sgard.
PROFESION:
Economista, se graduó en la Universidad de Nanterre, Francia.
CARGOS:
Es economista senior del Centro de Estudios de Prospectiva y de Informaciones Internacionales (CEPI), ubicado en París. Este instituto depende del Ministerio de la Investigación de Francia y se especializa en el estudio del comercio internacional y de los problemas relacionados con la economía política clásica.
LIBROS:
Desde hace un par de años estudia la situación argentina (dice que, en todo este período, dedicó las tres cuartas partes de su tiempo a este país). Su visión está sintetizada en el libro "La economía del pánico", que este año ya se podrá leer en nuestro país traducido al castellano. También participó en el libro colectivo "Para comprender la crisis argentina".
- ¿Qué opina de la crisis argentina?
- Entre 95 y 2000 hubo dos tesis populares en el Fondo Monetario y en el Tesoro (de los Estados Unidos) y que tenían que ver con dos mecanismos de cambio posible. Los casos de la Argentina o Ecuador o la flotación libre. Escojan uno u otra, parecía ser el consejo. Hoy la gran papa caliente es saber si el fracaso de la convertiblidad fue del gobierno, que no supo imponer las reglas de equilibrio presupuestario (desde 1989 no pudo resolver esto), o si la economía real podía seguir viviendo a pesar de todo. Pero, al final, hubo obligaciones más muy duras debido a la sobrevaluación del cambio. Esto afectó a la economía real, que ya no pudo seguir viviendo con la convertibilidad. La manifestación de la crisis es económica y se la observa en el choque monetario, en la distribución de la riqueza y en el hecho de que la política no evitó la crisis o no supo administrarla bien. No obstante, existen problemas que no vienen necesariamente de los últimos dos años y ni siquiera de la década de 1990.
- Tras la devaluación vino la pesificación...
- Sí, una pesificación asimétrica. Lo positivo resultó ser un éxito en el sentido de que las personas la terminaron aceptando y, con ello, al peso, aunque sin resolver el problema financiero. Yo era mucho más pesimista, más teniendo en cuenta que hasta junio la dolarización (de la economía) parecía un hecho.
- Pero en este nuevo esquema también hay (nuevos) ganadores y perdedores...
- Ciertas empresas, que tuvieron muchos beneficios con este nuevo esquema, como las que sustituyen importaciones, podrían aumentar los salarios y así se produciría una redistribución. Desde el punto de vista liberal, los sectores que ganan deben reinvertir para que la economía crezca. Pero, como ocurrió en la década de 90, eso no se hizo. Y ahora tampoco están reinvirtiendo y esa es una de las trabas para que la economía realmente crezca.
-¿Por qué fueron tan traumáticas las negociaciones con el FMI?
- Desde antes del acuerdo advertimos que no era constructivo cómo se estaba actuando y que había que usar al FMI como un instrumento de la comunidad internacional para no dejar sola a la Argentina. Sin embargo, esta se espabiló sola y se estabilizó a partir de la pesificación del 50% de la economía real, aunque de espaldas a las finanzas. Esto sirve, pero no puede ser un modelo a mediano plazo y hasta podría ser peligroso si no se encuentra una salida. La economía no puede seguir cerrada y si el comercio exterior hoy representa el 12% de la actividad está bien, pero sería mucho más si la economía estuviera abierta desde hace 30 años. Hoy el país sería más rico y más saludable.
- Pero, ¿por qué costó tanto un acuerdo con el FMI?
- Las negociaciones con el FMI estuvieron estancadas durante más de un año porque los políticos parecían más ocupados en otras prioridades. En cierta manera, el FMI no es tan malo como cuando tiene malos negociadores al frente (ríe). Hay que obligarlo, desafiarlo con argumentos inteligentes y con soluciones racionales. Y la prueba es Brasil, que discutió con fuertes argumentos tras tener una relación espantosa por el Plan Real. No se puede estar fuera del FMI y de los mercados internacionales. Pero, para que las relaciones con el FMI funcionen, hay que apoyarse en el G-7 (Grupo de los Países más industrializados).
- ¿Qué opina de quienes en la Argentina hablan de relanzar la demanda y la obra pública?
- En abstracto, estoy de acuerdo con ello, como cuando el New Deal norteamericano, pero los bancos no tienen plata para esto y menos si no existe un marco claro para los próximos cuatro o cinco años. Hay que reestructurar el sistema financiero, porque esto complica no sólo la relación con el FMI y con otros países, sino que hasta podría sufrir la propia agricultura.
- ¿Cuáles son las prioridades?
- Primero hay que solucionar el problema de la deuda, es el corazón de todo. Hay que conseguir el excedente presupuestario primario necesario para empezar a pagar ya no sólo los intereses corrientes. En esto se concentra la relación con el FMI. En el Fondo piensan que si ese superávit no llega al 2% o 3% como mínimo no vale la pena negociar, porque si se volvieron a sentar a charlar es porque piensan que cobrarán algo. Si hay nuevos préstamos, la deuda aumenta y no se resuelve el problema. El próximo gobierno tendrá que tomar una primera gran decisión: ¿cuánto recaudará, cuánto irá para gastos corrientes y cuánto para lo social? A eso hay que sumarle el arbitraje con las diferentes provincias. Urge un gran pacto social para preservar la paz, la educación, restablecer la confianza en los bancos y articular todo este proceso con negociaciones internacionales racionales. Lo primero es un gran consenso sobre ese acuerdo político mayor que es el presupuesto.
- ¿Es optimista?
- No puedo decir que lo sea, pero hace un año reinaba el caos. Ahora, en cambio, en la economía real ya hay elementos para empezar a trabajar sobre la inflación o sobre el comercio exterior. Se puede avanzar, pero para ello urge una restructuración financiera, de la deuda externa y de la pública, y de los bancos y empresas insalvables. Hoy nadie sabe si lo es. El próximo gobierno tendrá problemas bien visibles sobre la mesa. Hay que hacer acuerdos sociales, una suerte de juego cooperativo, con sumas positivas. El sistema político debe empezar a pensar al revés, que un acuerdo bien negociado es benéfico para todos.
NOMBRE Y APELLIDO:
Jerôme Sgard.
PROFESION:
Economista, se graduó en la Universidad de Nanterre, Francia.
CARGOS:
Es economista senior del Centro de Estudios de Prospectiva y de Informaciones Internacionales (CEPI), ubicado en París. Este instituto depende del Ministerio de la Investigación de Francia y se especializa en el estudio del comercio internacional y de los problemas relacionados con la economía política clásica.
LIBROS:
Desde hace un par de años estudia la situación argentina (dice que, en todo este período, dedicó las tres cuartas partes de su tiempo a este país). Su visión está sintetizada en el libro "La economía del pánico", que este año ya se podrá leer en nuestro país traducido al castellano. También participó en el libro colectivo "Para comprender la crisis argentina".







