El reality show de "Il Cavaliere"

Por Guillermo Monti - Prosecretario de Redacción.

31 Julio 2009

Las andanzas de Berlusconi merecen -y tendrán, seguramente- una película. Mastroianni hubiera sido un extraordinario Berlusconi, pero está muerto, y uno teme que el personaje caiga en manos de algún fantoche tipo Roberto Begnini. La ecuación perfecta en nuestros tiempos sería filmar a Berlusconi y emitir en tiempo real sus partuzas vía YouTube. Porque, ¿quién mejor que Il Cavaliere para hacer de sí mismo y demostrarnos que los límites entre lo público y lo privado se licuaron en el caldo de cultivo de los medios?
¿No es a fin de cuentas Berlusconi un poco de todo eso: jefe de Estado, magnate de la TV, bon vivant, actor porno en ciernes y, definitivamente, rey del reality show al que estamos irremediablemente conectados?
Sarkozy se porta bien porque tiene cerca a Carla Bruni, pero uno sospecha que el personaje se sale de la vaina cuando se filtran ciertos consejitos que su entrañable colega italiano les regala a las chicas por teléfono. Y mientras tanto, Obama queda preso en la polémica de un "altercado racial" y propone zanjar el asunto tomando una cervecita en los jardines de la Casa Blanca.
De todo nos enteramos por estos lares, y con lujo de detalles, porque el arte de gobernar la polis devino en un juego mediático en el que se entremezclan y difuminan los derechos y obligaciones del príncipe y de quienes conformamos eso que algunos dan en llamar opinión pública. Y así.
Michael Caton Jones llevó al cine el caso Profumo (la peli se llama "Escándalo"). En plena Guerra Fría, salió a la luz que el ministro de Defensa británico, John Profumo, compartía prostitutas con el agregado naval soviético (¿hace falta decir que era un espía?). Como fichas de dominó, el gobierno conservador de Harold MacMillan terminó cayendo. A la luz del presente, parece un episodio menor, casi naif. Tanto como los míticos entreveros de JKF con Marilyn Monroe.

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