Derrota, crisis y mise en scène
Después de junio, las conductas que antes parecían inimaginables se volvieron casi lógicas. Alperovich debe desempeñar un rol difícil: ser kirchnerista y mostrarse crítico. Por Juan Manuel Asis -Prosecretario de Redacción.
Néstor Kirchner desapareció, Hugo Moyano pidió perdón, Daniel Scioli le dio la razón al campo, los gobernadores levantan la voz y hablan de modificar el esquema de la coparticipación federal y Cristina hasta parece que gobierna. Un mes atrás esto era imposible, inimaginable para los kirchneristas. El nuevo escenario es consecuencia de una simple ecuación con dos variables: derrota (política) y crisis (económico-social). Se entiende que, después de junio, todo discurra de otra forma. Y se supone que es lógico que el santacruceño se haya refugiado en el sur para que el frío apague el calor que le provocó el traspié electoral, y hasta parecería razonable que su esposa de señales de que ha resuelto tomar las riendas de la gestión ; de mostrar que ella no es "la Cámpora".
En 2007, cuando se convirtió en Presidenta de la mano de su marido se fundó la agrupación "La Cámpora", que encabezó hasta hace pocos meses su hijo Máximo. En sí, el nombre era todo un símbolo para remedar un lema setentista, cuando los peronistas gritaban "Cámpora al gobierno, Perón al poder". Hace dos años, se quiso imitar ese pregón con la creación de esta agrupación familiar: "Cristina -la Cámpora- al gobierno, Néstor al poder". El 28 de junio, Kirchner perdió el poder, la gente le dio la espalda a su forma personalista y soberbia de conducir; hecho que lleva a un replanteo de aquel concepto: si el ex presidente perdió el poder, entonces, ¿Cristina tiene que dedicarse a gobernar? Por lo que se observa, la respuesta sería afirmativa. Sin embargo, hay que dudar de la sinceridad de los políticos: ellos hacen lo que las circunstancias los obligan a hacer, y cuando ya no hay más remedio. Son sólo gestos, actitudes en apariencia realistas pero no exentas de oportunismo. Bien se dice que el matrimonio sólo está ganando tiempo, cumpliendo el papel que la hora les exige.
Lo mismo le cabe al resto de los protagonistas de la obra: Moyano actuó su rol a regañadientes, sabedor de que es socio en la derrota y que a los perdedores se le cobran los errores, mucho más en el sindicalismo. Por eso, esta historia de la interna de la CGT no está cerrada si nos atenemos a una máxima que anida en la dirigencia sindical: un gremialista es una persona que dice una cosa pero que hace otra. Si uno pidió que lo disculpen y los otros, los "gordos", dijeron que no se van, es porque detrás del telón está la verdad. Y esta no puede estar muy lejos del manejo de los fondos de las obras sociales. Cristina les pidió "gestos" a los cegetistas y estos acataron la solicitud como buenos actores de reparto, respetando la actuación de apertura que está regalando el kirchnerismo.
Sin "Morenos"
¿Cuánto durará esta película que bien se puede llamar "Me transformé, de repente, en buenito"? Hasta que Kirchner termine de relamerse las heridas y encuentre más "Morenos" para sumarlos a su (¿venganza?) proyecto de reacomodamiento a los codazos en la política nacional. Al margen: hay que convenir que a Moreno no lo corre porque se haya encaprichado y no quiera dar el brazo a torcer a los pedidos de la oposición, sino porque no encuentra un perro tan fiel como para acatar a rajatabla lo que se le ordena. Deben ser pocos los que hoy por hoy quieran ponerse la cucarda de kirchneristas puros. Ni siquiera el "paladar negro" Carlos Kunkel habla por estos días.
Estas acciones son factibles porque al derrotado todos se le animan; lo entienden y lo sufren en carne propia los que pierden y lo aprovechan los que ganan. Si hasta un perdedor como Scioli se le animó al ex presidente y ahora pide de todo y envía mensajes independentistas. Tarde. Más parece un hombre que reacciona desde el dolor por haber sido obligado a tragarse un sapo gigantesco y por perder acciones en su aspiración presidencial, un camino que sólo recorren los que ganan en las urnas. El también, como Kirchner, tiene que empezar a remar desde cero, con la diferencia de que aún tiene margen -sólo por ser un buen tipo- para reencauzar su carrera política. En cambio, el "pingüino" anda cuesta abajo y sólo podrá aguardar la devolución de los favores concedidos en sus buenas épocas, las de ganador, pero no esperar que haya quienes se quieran incinerar políticamente siguiéndolo. Por lo menos, no por ahora, cuando todavía está en la lona, escuchando el conteo de los miles de votos en contra que le dijeron basta, hasta aquí nomás.
Como Scioli, muchos otros gobernadores, propios y extraños, avanzaron sobre la debilidad kirchnerista. Aceptaron el diálogo político, aprovecharon el gesto aperturista de Cristina y, al unísono, plantearon sus dificultades económicas. Ahora osan hablar de coparticipación federal, de reasignación de recursos, de necesidad de dinero. Derrota y crisis, variables de la fórmula que predetermina conductas. La realidad posterior al 28 de junio los sinceró y hasta se aventuraron a pedir. Claro, aún tienen que pasar varios más por la Casa Rosada a exponer sus demandas, y mucho tiempo más tendrá que pasar para que el Gobierno nacional les de una respuesta.
¿Puede decirles que sí a todos? Imposible, lo seguro es que todo sea parte de una mise en scène, propia de la forma de actuar del kirchnerismo. Esta quedó patéticamente reflejada electoralmente el mes pasado, cuando Kirchner, con las candidaturas testimoniales, obligó a los intendentes a ser socios en la derrota, a compartir como cómplices la primera batalla política perdida del oficialismo. Es la muestra de un aspecto de la ecuación, la derrota: donde todos pierden. Análogamente, con el diálogo político aspira a convertir a todos, ganadores y perdedores, en socios de la crisis, una invitación desembozada a ser partícipes de los posibles efectos sociales negativos por venir. Para los Kirchner, si ellos ganan, todos deben obedecer; si ellos pierden, todos tienen que acompañar. Aquí aparece la otra variable de la fórmula: la crisis, donde nadie gana, dirigentes y dirigidos.
Y José Alperovich, ¿qué papel juega en esta película? Su rol está un poco difuso, porque es el jugador triunfante de un equipo cuyo director técnico fue derrotado. Está en condiciones de pelear por la cinta de la capitanía, claro que debe andar con cuidado, porque el club está presidido por la esposa del mandamás del plantel. El gobernador está en un verdadero dilema, político e institucional: sigue en el mismo equipo o cambia de bando. ¿Apuesta a posicionarse en un kirchnerismo derrotado o se cruza de vereda con sus 380.000 votos a cuestas? Con ese caudal electoral, las puertas se le abren en cualquier parte.
El exitoso
Por ahora, sigue con los Kirchner, a los que le aportó un ministro (Juan Manzur). Fue leal y corrió un riesgo, porque el eventual fracaso de Manzur le será achacado directamente; los Kirchner no andan con chiquitas cuando se trata de compartir frustraciones. Sin embargo, Alperovich es la única chapa victoriosa que pueden mostrar los patagónicos. La incorporación del vicegobernador al gabinete nacional fue un mensaje: se premia al ganador. Así, el titular del PE puede usufructuar el momento exitoso y pedir que no merme el dinero nacional para la Provincia. Los Kirchner no pueden desatender a uno que se jugó por ellos. Otros podrían decir que se entrampó por aquellos. Pero si hay ayuda, que no se note. En este aspecto, Alperovich también tiene que jugar un doble papel, o ambiguo si se quiere: por un lado, exteriorizar sin alzar la voz -para que no suene a queja-, que los recursos de la Nación han menguado y, por el otro, sumarse a la ola de demandantes que exigen más fondos a partir del estado de debilidad política de los Kirchner. Tampoco sin levantar la voz. Está en el medio, haciendo equilibrio, aunque, de momento, de espaldas a los que han dado por muertos políticos a los santacruceños.
Mañana, quién sabe.
Lo definitivo es que quien tiene el poder tiene la casilla del medio porque sigue manejando la caja. Y por la billetera se pueden amigar sindicalistas, doblegar gobernadores y someter a intendentes. Por ahora, Alperovich apostó a lo seguro -aunque haya una sentencia judicial pendiente de por medio-: pelear por un tercer período gubernamental consecutivo. Para eso necesita recursos, para reforzar su gestión y seguir convenciendo con obras al electorado de que es la única opción. En ese marco depende de los Kirchner.







