Pruebas concluyentes

Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción de LA GACETA.

VIEJOS COMPINCHES. Olivera y González en La fiaca (1984).
VIEJOS COMPINCHES. Olivera y González en "La fiaca" (1984).
24 Julio 2009

En 1984, habíamos armado una cooperativa (Teatro del Centro) que dirigía Carlos Olivera. Hacíamos "La fiaca", aquel clásico de Ricardo Talesnik que nos había dado grandes satisfacciones durante la temporada realizada en San Miguel de Tucumán. Alentados por la buena acogida que tenía la pieza, intentamos un fin de semana en Santiago del Estero; eran los primeros días de un junio particularmente frío, al punto que recuerdo los 160 kilómetros hasta la "Madre de Ciudades" emponchados hasta los ojos a bordo de un noble Citroen 3CV.
La gira no anduvo bien. De las tres funciones que hicimos en el teatro 25 de Mayo, sólo en la del sábado pudimos ver una platea apenas nutrida. En la del viernes, tuvimos que competir con un partido televisado por la Copa Libertadores: mientras íbamos al teatro, veíamos los bares llenos de gente, congregada delante de las pantallas de los televisores. En la boletería del teatro, la desolación era total. En la función del domingo, las cosas no mejoraron.
Yo, además de la asistencia de dirección, hacía el personaje de Jáuregui, el experto en relaciones humanas que intenta convencer al protagonista, Vignale, que deponga su actitud de abandonar su empleo porque tiene fiaca. Entraba a escena al promediar la pieza, lo que me permitía atender las cuestiones técnicas y administrativas de la función antes de subir al escenario.
Ese domingo terminamos de hacer la rendición de las entradas vendidas con el telón ya levantado. Cuando entré a los camarines con los papeles en mis manos, Nelson González, que hacía el papel de Peralta, el fiel amigo de Vignale, me pidió que le mostrara el resumen de las cuentas que tenía en mis manos.
En cierto momento de la pieza, Peralta se entusiasma con la decisión de Vignale de no ir a trabajar, y le comenta que en la oficina lo tienen por un héroe. Y le muestra las adhesiones escritas que le mandan los compañeros. Nelson (un bromista incorregible) no tuvo mejor idea que llevar el resumen de la venta de entradas en sus manos y mostrársela a Olivera en plena escena.
"Mirá, mirá lo que es esto", le repetía, mientras Carlos trataba de no mirar el papel. "Leé, fijate bien", repetía Nelson; Olivera debió apelar a todo su profesionalismo para no desconcentrarse ante los paupérrimos números que le mostraba su inefable compañero de escena.

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