20 Julio 2009 Seguir en 
Hace cuatro décadas, el hombre ponía por primera vez sus pies en la Luna, marcando un hito en la historia de la humanidad. Una prueba más de la inteligencia y la audacia del ser humano, cuya creatividad e inventiva parecen inagotables. Aquel domingo, la transmisión por televisión tuvo menos público que los funerales de Michael Jackson o de Juan Pablo II, debido a que en 1969 no muchos tenían televisor. Pero miles de millones más siguieron las alternativas por la radio y ese fue el evento con mayor sintonía de la historia.
Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins se convirtieron en los héroes de esa gesta espacial, en particular los dos primeros que caminaron por la superficie selenita. El programa Apolo había comenzado en julio de 1960. El 25 de mayo de 1961, ante el Congreso, el entonces presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, anunció que enviarían un hombre a la Luna en esa década -si aprobaban su pedido de fondos extras-, y apeló a cuestiones como el liderazgo mundial de su país y la "guerra fría", para justificar la empresa. La Unión Soviética llevaba entonces ventaja en la carrera espacial, con sus primeros vuelos tripulados al espacio, razón por la cual dijo ante los congresistas que la batalla se estaba dando en el mundo entre libertad y tiranía. El presidente admitió: "no podemos garantizar que algún día seremos primeros, pero podemos garantizar que cualquier falla en este esfuerzo nos hará los últimos", y agregó: "Nos metemos en el espacio porque lo que sea que la humanidad deba emprender, el hombre libre debe compartirlo enteramente".
En plena Guerra Fría, la Unión Soviética ya había puesto en órbita en 1957 el primer satélite, Sputnik, logro seguido en 1961 por la llegada del primer hombre al espacio, Yuri Gagarin.
Gracias a su prosperidad económica y su capacidad tecnológica, Estados Unidos puso en marcha rápidamente el programa Apolo, con un costo de 25.000 millones de dólares en 1969, lo que en la actualidad equivaldría a 115.000 millones o a multiplicar por seis el presupuesto de la Nasa.
Pero la misión Apolo sufrió reveses. En 1967 un accidente en tierra le costó la vida a tres astronautas. La primera misión importante tuvo lugar en diciembre de 1968 con Apolo 8, con el primer vuelo habitado alrededor de la Luna. Esta misión histórica fue seguida seis meses más tarde por la Apolo 10, segundo vuelo de reconocimiento lunar con otros tres astronautas a bordo. El 20 de julio de 1969, Armstrong, tras pisar la superficie selenita pronunció una frase legendaria: "es un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad".
Sin embargo, cuatro décadas después, hay quienes insisten en que el "salto gigante para la humanidad" tuvo lugar en un estudio de filmación en la cálida Arizona y no en la fría superficie lunar. Aquellos que se inclinan por esta postura insisten en que la Nasa llegó a límites extraordinarios de gasto para montar un alunizaje en un estudio, porque quería distraer a un público cansado del fracaso en la guerra de Vietnam, o porque sentía que debía vencer a la Unión Soviética en la carrera espacial y temía no poseer la tecnología. O quizá fue simplemente porque era más barato y menos riesgoso hacerlo en un estudio que volar a la Luna.
Los proyectos más inmediatos contemplan el regreso a la Luna en 2020 y vuelos tripulados a Marte. Han transcurrido 40 años de esta hazaña espacial. La curiosidad, la ambición y el espíritu aventurero han llevado al hombre a seguir proyectándose hacia la conquista del universo. Sería bueno que también empleara esa creatividad para poner fin a la desigualdad, a la miseria y a la injusticia que oprime a millones de personas en nuestro planeta.
Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins se convirtieron en los héroes de esa gesta espacial, en particular los dos primeros que caminaron por la superficie selenita. El programa Apolo había comenzado en julio de 1960. El 25 de mayo de 1961, ante el Congreso, el entonces presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, anunció que enviarían un hombre a la Luna en esa década -si aprobaban su pedido de fondos extras-, y apeló a cuestiones como el liderazgo mundial de su país y la "guerra fría", para justificar la empresa. La Unión Soviética llevaba entonces ventaja en la carrera espacial, con sus primeros vuelos tripulados al espacio, razón por la cual dijo ante los congresistas que la batalla se estaba dando en el mundo entre libertad y tiranía. El presidente admitió: "no podemos garantizar que algún día seremos primeros, pero podemos garantizar que cualquier falla en este esfuerzo nos hará los últimos", y agregó: "Nos metemos en el espacio porque lo que sea que la humanidad deba emprender, el hombre libre debe compartirlo enteramente".
En plena Guerra Fría, la Unión Soviética ya había puesto en órbita en 1957 el primer satélite, Sputnik, logro seguido en 1961 por la llegada del primer hombre al espacio, Yuri Gagarin.
Gracias a su prosperidad económica y su capacidad tecnológica, Estados Unidos puso en marcha rápidamente el programa Apolo, con un costo de 25.000 millones de dólares en 1969, lo que en la actualidad equivaldría a 115.000 millones o a multiplicar por seis el presupuesto de la Nasa.
Pero la misión Apolo sufrió reveses. En 1967 un accidente en tierra le costó la vida a tres astronautas. La primera misión importante tuvo lugar en diciembre de 1968 con Apolo 8, con el primer vuelo habitado alrededor de la Luna. Esta misión histórica fue seguida seis meses más tarde por la Apolo 10, segundo vuelo de reconocimiento lunar con otros tres astronautas a bordo. El 20 de julio de 1969, Armstrong, tras pisar la superficie selenita pronunció una frase legendaria: "es un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad".
Sin embargo, cuatro décadas después, hay quienes insisten en que el "salto gigante para la humanidad" tuvo lugar en un estudio de filmación en la cálida Arizona y no en la fría superficie lunar. Aquellos que se inclinan por esta postura insisten en que la Nasa llegó a límites extraordinarios de gasto para montar un alunizaje en un estudio, porque quería distraer a un público cansado del fracaso en la guerra de Vietnam, o porque sentía que debía vencer a la Unión Soviética en la carrera espacial y temía no poseer la tecnología. O quizá fue simplemente porque era más barato y menos riesgoso hacerlo en un estudio que volar a la Luna.
Los proyectos más inmediatos contemplan el regreso a la Luna en 2020 y vuelos tripulados a Marte. Han transcurrido 40 años de esta hazaña espacial. La curiosidad, la ambición y el espíritu aventurero han llevado al hombre a seguir proyectándose hacia la conquista del universo. Sería bueno que también empleara esa creatividad para poner fin a la desigualdad, a la miseria y a la injusticia que oprime a millones de personas en nuestro planeta.







