07 Julio 2009 Seguir en 
Atahualpa Yupanqui fue uno de los hombres del pensamiento y del arte argentino que dejó una huella profunda en la Argentina del siglo XX. Aunque nació en Campo de la Cruz, partido de Pergamino (Buenos Aires), estuvo afectivamente ligado a Tucumán, donde vivió durante algunos años de su niñez y luego en su juventud.
En una entrevista realizada por LA GACETA en 1983, el autor de la Zamba del Grillo contaba: "Hace diez años que no venía a Tucumán, una generación casi... pero nunca extrañé demasiado porque no tengo mucha nostalgia de Tucumán. Lo tengo tan en mi vida, en mi sangre, en mi corazón, es decir, en mis hermosos recuerdos, que de ninguna manera he sentido tristeza de la ausencia. Cada vez que extraño a Tucumán, tomo la guitarra y me toco una zambita, un aire de vidala antigua y ya está el paisaje conmigo, me lo devuelve el sentimiento, más que la nostalgia, el sentimiento, el cariño... Ahora cómo le pago a Tucumán esa hospitalidad, la amistad, la gente tucumana, como yo no tenía dinero la pagaba con vidalas, con zambas... y le hice unas catorce zambas, tres o cuatro vidalas, canciones sueltas, seis o siete, y versos, muchísimos, poemas que no tienen música, pero ahí andan... Fui a Burruyacu, a Chicligasta, a Atahona, a Siete de Abril, a Garmendia..."
El viernes pasado se inauguró en Acheral la exposición itinerante "Siempre vuelvo a Tucumán", organizada por el Museo de la Fundación Atahualpa y el Ente Tucumán Turismo. En la muestra, que enorgulleció a los pobladores de esa localidad, nombrada por el "trovador de las artes olvidadas en su zamba "Luna tucumana", se exhiben el catre que usó desde niño el poeta y músico, manuscritos originales de algunas de sus composiciones, cartas a su esposa Nenette, vestimentas, muebles de su habitación, discos grabados a lo largo de su carrera artística y libros de su autoría como "El payador perseguido" y "Tierra que anda", entre otros.
Se trata, por cierto, un justo homenaje a quien llevó junto con él a Tucumán por el mundo. Desde hace varios años, para el 31 de enero, aniversario de su nacimiento, o el 23 de mayo, de su muerte, se realiza en Acheral un fogón y una cabalgata a Tafí del Valle. El año pasado, con motivo del centenario de su nacimiento, don Ata fue recordado durante "El Mayo de las Letras" y el 48 Setiembre Musical Tucumano, ocasión en que se proyectó "Zafra", un film estrenado en 1959, y dirigido por Lucas Demare, en el cual Yupanqui actúa con Alfredo Alcón y Graciela Borges.
Todos los homenajes a este pilar de la cultura nacional son bienvenidos, pero mucho más lo sería si se difundiera su obra musical y literaria. Esta última es prácticamente desconocida, no sólo para los tucumanos. Como sucede en otros países como Francia y Japón, sería importante que sus textos se estudiaran en los ciclos primario, secundario y terciario. "Piedra sola", "Cerro Bayo", "Aires indios", "Guitarra", "El canto del viento", "El payador perseguido", "Del algarrobo al cerezo", "La Capataza", sus libros, permanecen prácticamente en el anonimato.
Desde el punto de vista turístico podría reconstruirse el rancho que don Ata tenía en Raco y que se lo construyó Felipe Chocobar, o restaurarse la habitación en la casa de Agapito Mamani, en Amaicha del Valle, donde solía hospedarse cuando emprendía esas "travesías a la soledad", como él solía llamarlas. En Raco, donde yace perdido el monumento en su homenaje, podría erigirse un museo que rescate objetos, cartas, grabaciones, testimonios de su estada en Tucumán.
Pero para que los mismos comprovincianos pudiesen apreciar en toda su dimensión la figura de Atahualpa Yupanqui es necesario que se sumerjan en su obra. Seguramente, aprenderán algo.
En una entrevista realizada por LA GACETA en 1983, el autor de la Zamba del Grillo contaba: "Hace diez años que no venía a Tucumán, una generación casi... pero nunca extrañé demasiado porque no tengo mucha nostalgia de Tucumán. Lo tengo tan en mi vida, en mi sangre, en mi corazón, es decir, en mis hermosos recuerdos, que de ninguna manera he sentido tristeza de la ausencia. Cada vez que extraño a Tucumán, tomo la guitarra y me toco una zambita, un aire de vidala antigua y ya está el paisaje conmigo, me lo devuelve el sentimiento, más que la nostalgia, el sentimiento, el cariño... Ahora cómo le pago a Tucumán esa hospitalidad, la amistad, la gente tucumana, como yo no tenía dinero la pagaba con vidalas, con zambas... y le hice unas catorce zambas, tres o cuatro vidalas, canciones sueltas, seis o siete, y versos, muchísimos, poemas que no tienen música, pero ahí andan... Fui a Burruyacu, a Chicligasta, a Atahona, a Siete de Abril, a Garmendia..."
El viernes pasado se inauguró en Acheral la exposición itinerante "Siempre vuelvo a Tucumán", organizada por el Museo de la Fundación Atahualpa y el Ente Tucumán Turismo. En la muestra, que enorgulleció a los pobladores de esa localidad, nombrada por el "trovador de las artes olvidadas en su zamba "Luna tucumana", se exhiben el catre que usó desde niño el poeta y músico, manuscritos originales de algunas de sus composiciones, cartas a su esposa Nenette, vestimentas, muebles de su habitación, discos grabados a lo largo de su carrera artística y libros de su autoría como "El payador perseguido" y "Tierra que anda", entre otros.
Se trata, por cierto, un justo homenaje a quien llevó junto con él a Tucumán por el mundo. Desde hace varios años, para el 31 de enero, aniversario de su nacimiento, o el 23 de mayo, de su muerte, se realiza en Acheral un fogón y una cabalgata a Tafí del Valle. El año pasado, con motivo del centenario de su nacimiento, don Ata fue recordado durante "El Mayo de las Letras" y el 48 Setiembre Musical Tucumano, ocasión en que se proyectó "Zafra", un film estrenado en 1959, y dirigido por Lucas Demare, en el cual Yupanqui actúa con Alfredo Alcón y Graciela Borges.
Todos los homenajes a este pilar de la cultura nacional son bienvenidos, pero mucho más lo sería si se difundiera su obra musical y literaria. Esta última es prácticamente desconocida, no sólo para los tucumanos. Como sucede en otros países como Francia y Japón, sería importante que sus textos se estudiaran en los ciclos primario, secundario y terciario. "Piedra sola", "Cerro Bayo", "Aires indios", "Guitarra", "El canto del viento", "El payador perseguido", "Del algarrobo al cerezo", "La Capataza", sus libros, permanecen prácticamente en el anonimato.
Desde el punto de vista turístico podría reconstruirse el rancho que don Ata tenía en Raco y que se lo construyó Felipe Chocobar, o restaurarse la habitación en la casa de Agapito Mamani, en Amaicha del Valle, donde solía hospedarse cuando emprendía esas "travesías a la soledad", como él solía llamarlas. En Raco, donde yace perdido el monumento en su homenaje, podría erigirse un museo que rescate objetos, cartas, grabaciones, testimonios de su estada en Tucumán.
Pero para que los mismos comprovincianos pudiesen apreciar en toda su dimensión la figura de Atahualpa Yupanqui es necesario que se sumerjan en su obra. Seguramente, aprenderán algo.







