Expectativas que siguen en baja

La economía se resiente por el avance de la gripe A, pero también sufre por el ruido que quedó tras las elecciones. Por Fernando García Soto -Redacción LA GACETA.

06 Julio 2009

La inusual psicosis que se apoderó de la población con la Gripe A vino a trastocar los planes de la clase empresaria, que en el último año se tuvo que reacostumbrar -a la fuerza- a vivir en un escenario en el que predomina la imprevisión. Más allá de las consecuencias reales y directas que pudiera tener la enfermedad en la población, hoy preocupa la posibilidad de que todo se desmorone como castillo naipes y que la economía ingrese en una vorágine con efectos insondables. Las empresas tucumanas ya sienten los efectos de la nueva crisis, y recargan en las espaldas del Estado provincial parte de la tarea para que se intenten minimizar los dramas que generará la epidemia en la economía local.
Hoy parece lejano el lustro (2003-2008) en que la economía se expandía al 8% anual. Más cercana está la crisis que originó la inflación entre fines de 2007 y principios de 2008, el conflicto agropecuario del año pasado (que horadó los cimientos del kirchnerismo), la crisis internacional y el posterior estancamiento de la economía nacional, y, para rematar, la fortuita aparición del dengue y de la Gripe A.
Desde hace meses que los empresarios esperaban que pasaran las elecciones legislativas nacionales del 28 de junio, para que se cumplieran (o no) los pronósticos agoreros de catástrofes si perdía el oficialismo, o para que el dólar se fuera por las nubes, o para que comenzara a blanquearse un poco la economía, escondida tras los poco creíbles datos del Indec. La compulsa electoral pasó y el Apocalipsis no llegó, y mientras Néstor y Cristina Kirchner soportan los embates de quienes aprovechan su derrota comicial para hacer leña del árbol caído, los empresarios deben hacer frente a una nueva etapa oscura, cuyos principales efectos parece que serán una fuerte baja en el ya alicaído consumo. O sea, las expectativas del sector privado de que ahora el país pudiera comenzar a transitar nuevamente una senda de tránsito normal parecen haber quedado atrás, pese a que se observa cierto esfuerzo de algunos bancos para tratar de reacomodar hacia la baja sus tasas de créditos.
Para empezar, la Unión Industrial Argentina (UIA), alertó sobre el impacto que estima que tendrá en la producción manufacturera nacional la caída de la demanda y la inasistencia obligada de personal a las fábricas a causa de la paranoia que provoca la gripe. Esta coyuntura agravaría los problemas ya existentes: la consultora Orlando Ferreres y Asociados señaló que la actividad manufacturera se retrajo en mayo por octavo mes consecutivo, al caer 8,6% interanual comparada con igual mes de 2008. Un estudio que elaboró la Universidad de San Andrés establece que si la crisis llevara a producir un 25% menos, como se especula, las pérdidas económicas en el país rondarían entre los $ 40.000 y los $ 48.000 millones. Una parte de esas pérdidas se empezarían a recuperar en agosto, cuando se supone que la crisis sanitaria comenzará a disminuir, pero sólo se podría reponer una parte y el PBI de este año quedará seriamente comprometido, sobre todo porque ya venia en caída por la crisis mundial.
El contexto es altamente desfavorable para el empresariado que apostaba a mejorar los magros resultados de los meses anteriores, y las perspectivas son aún peores. La incertidumbre tocó las puertas de la Federación Económica de Tucumán (FET), cuyas autoridades tomaron nota de que la paranoia que genera la Influenza A en la provincia podría derivar en un desplome de los niveles de actividad en las empresas. Por lo tanto, reclamó que el Gobierno provincial contemple la posibilidad de reducir la presión impositiva al sector privado, para poder paliar la crisis económica que se avecina. Sucede que la central empresaria contiene en su seno a buena parte del sector comercial y a las empresas que dependen de los recursos que genera el turismo, actividades que, se presume, sentirán en carne propia la decisión de buena parte de la población de quedarse en casa para prevenir posibles contagios de gripe. Las autoridades de la FET dejaron en claro, sin embargo, que es el propio Estado provincial el que debe determinar si será necesario que los comercios cierren sus puertas como forma de prevenir la propagación de la enfermedad. "No es una decisión que debamos tomar nosotros; le compete al Estado", recalcaron. Sin computar lo dañoso que resulta la enfermedad para la economía en general, la temporada ya es definitivamente mala para el comercio tucumano. Este sector fue víctima de la falta de crédito y de un "veranito" fuera de época que provocó las delicias de la gente en general, pero que atentó contra las ventas del período invernal, las más jugosas del año, después de las de Navidad. Algunos todavía apuestan a la llegada del verdadero frío para tratar de cubrir aunque sea los costos.
Seguramente, la incertidumbre continuará si sigue alto el ruido político que arrojó la derrota electoral del kirchnerismo y si las medidas gubernamentales para frenar el avance de la Gripe A no comienzan a mostrar resultados.


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