03 Julio 2009 Seguir en 
No en vano se la conoce popularmente como la "Ruta de la muerte". El martes, cerca de medianoche, en alrededor de 20 minutos, en la ruta 38, en las cercanías de Famaillá, se produjeron dos accidentes que dejaron por saldo un muerto y un herido. En ambos casos, las protagonistas fueron rastras cañeras.
La primera tragedia sucedió a las 23.50, a unos 700 metros al sur del acceso principal a Famaillá, donde un Ford Escort se incrustó detrás del último carro cañero de una formación de cuatro volquetes tirados por un tractor. Según se informó, el conductor de 50 años había salido de su casa próxima a la fábrica de Grafa y se dirigía a trabajar a Fronterita. Tras recorrer aproximadamente un kilómetro se encontró abruptamente con los carros helvéticos cargados, que se dirigían al ingenio local. De acuerdo con el informe de la Policía, el transporte tenía todas las luces reglamentaria y no encontraron marcas de frenadas, por lo que no se descarta que el conductor se hubiese dormido. El Escort quedó debajo del último carro, totalmente destruido. Transcurrieron apenas 20 minutos y a 700 metros al norte del primer accidente, a la altura del barrio Tres Marías, un motociclista chocó contra otra rastra cañera en la ruta 38. Al parecer, el hombre que sufrió fractura de tobillo izquierdo y otras lesiones, había salido de Famaillá y al ingresar a la 38 se encontró con la formación cañera, tirada por un tractor, que circulaba con los carros vacíos hacia el sur.
Sobre los siniestros acaecidos casi en el mismo lugar, el director de Transporte de la provincia dijo que los controles en el tránsito de los vehículos cañeros son rigurosos y que el índice de accidentes descendió en los últimos tiempos. Admitió la imposibilidad de su repartición de efectuar controles a lo largo de todas las rutas, y apeló a la conciencia de los distintos factores de la actividad azucarera para preservar la seguridad en las carreteras. Dijo que los automovilistas deberían extremar las precauciones cuando transitan principalmente por la 38 en períodos de zafra.
En junio pasado se registraron tres accidentes en las cercanías de la entrada a Famaillá. En dos de ellos se registraron víctimas mortales. El 8 de junio, detrás de un ómnibus de la empresa Tesa iba un taxi rural, que trasladaba a vecinos de Famaillá. Casi dos kilómetros después pasar la rotonda de acceso a la ciudad, al colectivo se le salió la rueda trasera izquierda. El conductor del taxi intentó evitarla, pero le pasó por encima y se cruzó al otro carril. En sentido contrario, circulaba un automóvil: la colisión fue terrible.
Alrededor de 7.000 vehículos transitan diariamente por la "Ruta de la muerte", y a estos se suman los transportes cañeros: rastras tiradas por camiones, tractores y por caballos. El tránsito se vuelve lento a causa de la estrechez de la 38 y se forman filas interminables de rodados. Esta situación lleva a menudo a los automovilistas a perder la paciencia y en el afán de pasar a estos vehículos pueden accidentarse si no prevalece la prudencia. Los caminos secundarios y terciarios que ayudarían a descomprimir la ruta 38 permanecen deteriorados, pese a que en 2008 y en lo que va de 2009 no se registraron inundaciones.
Si en menos de 30 días, en la zona de la entrada a Famaillá se registraron cinco accidentes y cuatro muertos, la lógica indica que se debería instalar un control permanente en esa zona o, por lo menos, prestarle una atención especial. Se trata no sólo de controlar, sino de prevenir, que es más importante. De poco sirve actuar y hablar cuando la tragedia ya ha sucedido. En otras oportunidades, hemos señalado la necesidad de que haya una política de Estado sobre el tránsito, que sea integral. Si las leyes no se hacen cumplir con rigor y no se educa, estaremos lejos de ahuyentar la muerte en las calles y en las rutas.
La primera tragedia sucedió a las 23.50, a unos 700 metros al sur del acceso principal a Famaillá, donde un Ford Escort se incrustó detrás del último carro cañero de una formación de cuatro volquetes tirados por un tractor. Según se informó, el conductor de 50 años había salido de su casa próxima a la fábrica de Grafa y se dirigía a trabajar a Fronterita. Tras recorrer aproximadamente un kilómetro se encontró abruptamente con los carros helvéticos cargados, que se dirigían al ingenio local. De acuerdo con el informe de la Policía, el transporte tenía todas las luces reglamentaria y no encontraron marcas de frenadas, por lo que no se descarta que el conductor se hubiese dormido. El Escort quedó debajo del último carro, totalmente destruido. Transcurrieron apenas 20 minutos y a 700 metros al norte del primer accidente, a la altura del barrio Tres Marías, un motociclista chocó contra otra rastra cañera en la ruta 38. Al parecer, el hombre que sufrió fractura de tobillo izquierdo y otras lesiones, había salido de Famaillá y al ingresar a la 38 se encontró con la formación cañera, tirada por un tractor, que circulaba con los carros vacíos hacia el sur.
Sobre los siniestros acaecidos casi en el mismo lugar, el director de Transporte de la provincia dijo que los controles en el tránsito de los vehículos cañeros son rigurosos y que el índice de accidentes descendió en los últimos tiempos. Admitió la imposibilidad de su repartición de efectuar controles a lo largo de todas las rutas, y apeló a la conciencia de los distintos factores de la actividad azucarera para preservar la seguridad en las carreteras. Dijo que los automovilistas deberían extremar las precauciones cuando transitan principalmente por la 38 en períodos de zafra.
En junio pasado se registraron tres accidentes en las cercanías de la entrada a Famaillá. En dos de ellos se registraron víctimas mortales. El 8 de junio, detrás de un ómnibus de la empresa Tesa iba un taxi rural, que trasladaba a vecinos de Famaillá. Casi dos kilómetros después pasar la rotonda de acceso a la ciudad, al colectivo se le salió la rueda trasera izquierda. El conductor del taxi intentó evitarla, pero le pasó por encima y se cruzó al otro carril. En sentido contrario, circulaba un automóvil: la colisión fue terrible.
Alrededor de 7.000 vehículos transitan diariamente por la "Ruta de la muerte", y a estos se suman los transportes cañeros: rastras tiradas por camiones, tractores y por caballos. El tránsito se vuelve lento a causa de la estrechez de la 38 y se forman filas interminables de rodados. Esta situación lleva a menudo a los automovilistas a perder la paciencia y en el afán de pasar a estos vehículos pueden accidentarse si no prevalece la prudencia. Los caminos secundarios y terciarios que ayudarían a descomprimir la ruta 38 permanecen deteriorados, pese a que en 2008 y en lo que va de 2009 no se registraron inundaciones.
Si en menos de 30 días, en la zona de la entrada a Famaillá se registraron cinco accidentes y cuatro muertos, la lógica indica que se debería instalar un control permanente en esa zona o, por lo menos, prestarle una atención especial. Se trata no sólo de controlar, sino de prevenir, que es más importante. De poco sirve actuar y hablar cuando la tragedia ya ha sucedido. En otras oportunidades, hemos señalado la necesidad de que haya una política de Estado sobre el tránsito, que sea integral. Si las leyes no se hacen cumplir con rigor y no se educa, estaremos lejos de ahuyentar la muerte en las calles y en las rutas.







